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Romance en las alturas

Ocurrió una noche de luna tardía que el Lothse descendió de sus alturas y sorprendió al Ama Dablam, que en esas horas tan inoportunas trataba de contener una avalancha que se deslizaba por sus pechos, demasiado turgentes para tanta nieve. El Everest nada pudo hacer más que sentir celos, mientras el Lothse se daba un atracón provocando nuevas avalanchas. El Taboche Peak, avergonzado, se tapaba su cima con algunas nubes. Dicen los más viejos que el Ama Dablam no ofreció demasiada resistencia. Otros comentan que la Luna fue sobornada por el Lothse para aparecer un poco más tarde que lo previsto por el hombre del tiempo.

A la mañana siguiente el sol se sorprendió de tener que alumbrar una nueva cima. El Amphu Gyaben tiene la misma cara sur que su madre pero su figura es la de una adolescente. Sus rocas puntiagudas en la parte central de su estilizada silueta dejan ver que aún es una niña. Y por más que el Lothse lo niegue, con vergüenza torera, tiene la misma sonrisa de sexto grado que su padre.

Cuando atardece en invierno, y los yaks ya no barren el valle con su relajante música de cencerros, el sol centra sus últimos rayos en la pared sur del Lothse que parece sonrojarse de aquélla noche de luna perezosa.
El Ama Dablam, como buena madre, tiende siempre su arista oeste a su niña. Juntas continúan siendo el centro de atención de los porteadores, cuando se detienen a buscar un poco de aire puro y se enfrentan con tan bello paisaje. Pero la historia siempre se repite y comentan los porteadores, en esos descansos, que el Amphu Gyaben ha empezado a despertar los deseos más juveniles del Taboche Peak.

Desde la ruta, de nuevo, Paz y Bien, el biciclown.

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El Lothse se sonroja La noche de Autos Cocina solar a 5100 m
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100 kilos y subiendo Joven porteador

1 comentario en “Romance en las alturas”

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