Porqué la vuelta al mundo es una forma de estoicismo

De nuevo he vuelto a pedalear unos días, no con todo el equipaje de 80 kilos que llevé en la vuelta al mundo, pero con esa idea de autosuficiencia, de saber que llevas lo que necesitas en tus alforjas y que teniendo tierra sobre la que pedalear y cielo que no descargue sobre ti, no hace falta un destino al que llegar.
Estos días me toca navegar sobre los estudios del estoicismo, una filosofía que se centra en lidiar con los infortunios desde la aceptación, no desde el resentimiento, ni mucho menos desde la resistencia. Tonta sería la roca en mitad del río si se opusiera a la corriente de las aguas que la van arrastrando río abajo hasta hacerla descansar en un recodo en el que no moleste.

pensando
La ataraxia, es ese concepto en el que la filosofía estoica se agarra con fuerza: la quietud de ánimo, pero no como triste suspiro de resignación, sino como agradecido soplo de satisfacción. Tenemos lo que necesitamos y el agua fresca puede saber tan rica como el vino más caro. Es la necesidad la que da valor a los placeres y no la marca del placer o su precio del mercado.
Vivir, como decía, unos días de nuevo encima de la bicicleta, me ha hecho recordar lo que en realidad me llevó a dar la vuelta al mundo. No fue (pese a lo que afirmo en este vídeo resumen de la vuelta al mundo) la mapamunditis, sino la felicidad observada de cerca cuando, recostado sobre un árbol, sentía que poseía el mundo porque lo observaba. Me identificaba con un pájaro que se posaba en el manillar de la bicicleta, o con una nube con forma de corazón que se deshacía en el azul del cielo, o más bien, se transformaba en otra cosa aún no identificada. Metáforas de la naturaleza que me recordaban que seremos polvo o ceniza y nos fundiremos con la tierra o con el mar, para seguir siendo algo aún ignorado.

salto ibanez
La felicidad, dicen, es desear hoy lo que ocurre hoy y no tener que esperar a que una hoja de papel con unos números, diga que hoy es viernes, o julio o el día de año nuevo.
Para los estoicos, la aceptación, pues todo está regulado por leyes del universo aunque no las conozcamos, es fundamental, porque hay que tener calma ante la calamidad, pero sobre todo humildad, pues la calamidad tal vez no sea tal, como el hombre que se rompe una pierna pero que gracias a tal accidente se libra de ir a la guerra.

salvador rodriguez gaucho
El hombre vive en un completo estado de temor, definido éste, como anticipación de algo que puede ocurrir en la realidad pero que ocurre ya en la mente del ser humano.
Hay cuatro cosas que nos atormentan según los estoicos (y muchos de ellos son idénticos a los que un ciudadano de Madrid tendría):

  • El tiempo que devora los placeres.
  • El dolor que puede aparecer en cualquier momento.
  • La muerte.
  • El temor a los dioses.

El tiempo se relaciona con el placer, porque lo importante no es el paso del tiempo sino el instante (de ese tiempo) en el que tienes placer. Y el placer está limitado, por esencia al presente, porque no podemos sentir un frío futuro o un hambre pasada. Una vez que sientes ese placer, por sí mismo, es en ese instante presente, ilimitado e infinito. Así que el concepto de tiempo y de placer no van de la mano. El placer solo se casa con con presente.
Dolor. Si el dolor es en el cuerpo y no es grave, no debe alterar el ánimo, y si es tan grave que cause la muerte, el dolor se termina. Los dolores del alma son producto de vanas opiniones y errores y se resuelve con el estudio y la reflexión. Así pues, para los estoicos, el dolor es algo a lo que no debes prestarle demasiada atención.
Muerte. «Acostúmbrate a pensar que la muerte no es nada para nosotros. Porque todo bien y mal reside en la sensación, y la muerte es privación del sentir. Por lo tanto, el recto conocimiento de que nada es para nosotros la muerte hace dichosa la condición mortal de nuestra vida; no porque le añada una duración ilimitada, sino porque elimina el ansia de la inmortalidad. Nada hay, pues, temible en el vivir para quien ha comprendido rectamente que nada temible hay en el no vivir. (Carta a Meneceo, 124).
Dioses. Si el hombre puede alcanzar la felicidad, señala Epicuro, también lo pueden los dioses. La felicidad de los dioses reside en lo mismo que la de los hombres: en el placer entendido como ausencia de turbación en el alma. Para no ser turbado el hombre «vive ocultamente»; lo mismo vale para los dioses: es absurdo pensar que las divinidades se molesten en gobernar el mundo o en intervenir en los asuntos humanos, pues ello sería contrario a la perfecta serenidad que constituye el fondo de su beatitud.

Vivir encima de una bicicleta estos últimos días me ha recordado que existen dos formas de medir el tiempo: con nuestros relojes y con nuestro corazón, que el tiempo que realmente computa es el tiempo en el que nuestros pensamientos y nuestras acciones están alineados, cuando no deseamos estar en otro lugar, con otra persona, ni haciendo algo diferente, ni poseyendo nada más, ni temiendo nada.

Ese es el estado mental que te lleva a sonreír de adentro hacia afuera, que te permite amar la vida como es y sobre todo, que te obliga a pronunciar una palabra: GRACIAS.

Paz y Bien, el biciclown.

amanecer

P.D. Las fotos que acompañan esta entrada corresponden a mi recorrido por Chile, en concreto la carretera austral, durante la vuelta al mundo (2004-2017)

 

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