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No sigas mi camino

Más que nunca, hoy quiero recordarte algo que me parece de suma importancia. Lo hago hoy porque cada vez me llegan más correos y mensajes del tipo «quiero ser como tú» «me gusta hacer lo que tu haces…»

Tanto mi curso Vivir con propósito como mi nuevo libro sobre el Estoicismo van encaminados a lo mismo: a sacar lo mejor de ti, no a descubrir lo mejor de mi. Yo no quiero que seas como yo, no quiero que sigas mi camino porque de hacerlo, esto es evidente, acabarás en mi y no en ti.

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Buscando el camino

Podemos inspirarnos en muchas personas, pero ningún maestro (y yo no lo soy) quiere que sus alumnos sean réplicas de si mismo. Un maestro quiere que sus alumnos sean lo que tengan que ser. No todos estamos llamados a dar la vuelta al mundo, por eso el título de mi libro es, intencionalmente, Dale una vuelta a TU mundo. Haz con tu vida lo que puedas, con tus elecciones vitales, con lo que eres hoy.

Es obvio que no es lo mismo el futuro que se extendía ante mí con 33 años, sin hipoteca, mujer e hijos, que el que se extiende ante ti. Ni nuestras circunstancias personales o económicas son idénticas, ni (y esto es lo más importante) nuestro caracter.

Mi capacidad de sobreponerme a las dificultades, de buscar soluciones, mi optimismo, es, en parte genético y en parte fruto de mi caracter. Esto es algo que puedes trabajar.

Y todos mis vídeos sobre este tema van encaminados a probarte que puedes ser mejor de lo que eres y que solo debes mirarte en mi o en otras personas que te inspiren sin obsesionarte, sin querer ser como ellos.

Debes querer ser como eres, aunque no te guste lo que ves, porque lo que ves ahora es lo único que existe ahora. Quizás haya cosas que no te gusten de ti, pero solo cuando comiences a aceptarlas desaparecerán. O tal vez no lo hagan pero lo importante es que no te importará que estén ahí. Aceptar no significa aprobar lo que te ocurre, no significa decir que si como una marioneta. Significa asumir que eso es tu presente y evaluar cómo integrarlo en tu vida o moverlo sutilmente a un rincón del alma donde no haga ruido, donde no ocupe tu mente, donde su presencia sea ausencia.

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La vida que buscamos es así de sencilla

Desde hace un año y poco más vivo en un camping que está detrás de una montaña en la que hay un campo de tiro olímpico. Al llegar aquí oía cada disparo. CADA DISPARO. Poco a poco fui escuchando solo algunos hasta el día de hoy en que, solo cuando viene alguien de visita, me hace notar que hay un campo de tiro.

He dejado de escucharlo.

Ahora escucho otros ruidos, que tendré que empezar a aceptar. Vivo detrás de unas pistas de padel y casi todos los días juegan hasta muy tarde. A veces como ayer hasta las 23.30 de la noche. He hablado con el director del camping y me ha prometido tomar algunas decisiones como por ejemplo, limitar el horario de juego. Eso puede suponer que el horario sea las 22, las 23 o las 5 de la madrugada. A mi no me toca fijarlo, solo él puede hacerlo. Mi tarea no es otra que aceptar lo que hay, aceptar las personas como son, y vivir con ello.

Cuesta aceptar en la vida, que existan personas que tengan palabras amables y acciones amargas, y quisiéramos que la realidad fuera más definida: blanco o negro. Pero si observamos que muchas personas no saben muy bien lo que buscan en la vida, es lógico que sus pasos sean como un bailarín de tango: un ocho.

Cuando descubres que tu camino es tortuoso y que no siempre conduce a algún lado, disfrutas de las curvas. Sigue las tuyas y si nos vemos saluda.

Paz y Bien, álvaro el biciclown.

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Parar suele ser la mejor opción si no sabes a dónde vas

 

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