Asia

dicho

Ya me lo habían dicho

Pasado el susto, no pequeño, del maldito Pasaporte me dispuse a disfrutar de Irán. Un país donde más que en ningún otro es mejor no tener muchos planes fijos. Dejarse llevar por los acontecimientos. Uno de ellos me aguardaba en Germi. Paré en la primera tienda con posibilidades de tener Internet. Pregunté si podía usarlo y me dijeron que sí. Aunque no se si se dedicaban a eso o a vender libros, pues era una librería. Lo cierto es que no pusieron problemas.

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El pasaporte en fotos

El día que crucé a Irán, ese librito que te identifica frente a las autoridades, iba a ser el protagonista de la jornada. Es ya el tercero que llevo desde que mi alma tiene forma de bicicleta. Imaginaba que con la visa de Irán obtenida en Georgia el cruce de la frontera sería cosa sencilla. Sin embargo casi me quedo en tierra de nadie. Ni para adelante ni para atrás.

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La hospitalidad azerí

En un día salí de Tbilisi y puse las ruedas de kogadonga en Azerbajan. La frontera natural es un río y al llegar a Azerbaján uno piensa que ha retrocedido unos cuantos años. Más o menos 30. Oficiales con gorra
de plato tipo paellera y con desgastados uniformes se arremolinan fuera de los containers metálicos que sirven de aduana. Militares barbilampiños que bien podrían ser mis hijios me preguntan por qué he visitado Armenia.

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Un show que no esperaba

En el metro que hemos tomado para llegar a la sede de Cáritas, a las afueras de Tbilisi, dos niños han entrado a cantar. En realidad han venido a pedir dinero, pues no cantaban ni media estrofa y ya se bajaban. Me he colocado mi nariz de clown y, al menos, les he arrancado unas sonrisas. Ellos no vendrían a mi espectáculo que tendría lugar una hora más tarde en una calurosa sala de la tercera planta de Cáritas.

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Vodka mejor que tomate

En Armenia un kilo de tomates cuesta dos euros y una botella de vodka tan sólo uno. Parece evidente por qué la gente se emborracha. Es una cuestión puramente económica.

chapa

Armenia chapa y pintura

“La espera forma parte de la alegría”, dice el gran Rosales, y el día que me den la visa de Irán saltaré de contento. Pero de momento la espera desespera y por eso he decidido abandonar la capital de Georgia y darme un rodeo de casi mil kilómetros por Armenia, su vecino del sur. La visa de Armenia te la dan en el acto en la frontera (entiéndase en el acto de pagar 15.000 drams que al cambio son 33 euros).

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Mujeres a la pista

Al pasar cerca del punto donde el coche casi me mata me detuve a tomar un poco de aire. La mancha de la frenada de la rueda en la carretera ya estaba casi borrada. Mi corazón se aceleró. No sabía si era yo el que estaba viendo esa escena o mi espíritu. La mañana era fría y unas mujeres aguardaban en la carretera con dos enormes sacos de te.

mejanzas

Algunas semejanzas climáticas

Mirando al mar en la costa norte de Turquía, la del mar Negro, no se ve el horizonte. Cielo y mar se juntan en un incestuoso abrazo donde uno no alcanza a ver. La lluvia se ha aburrido de sí misma y ha forjado un peculiar carácter en las gestes de esta zona. Gentes serias, tímidas, reservadas, poco habladoras, nada que ver con sus hermanos del sur y mucho menos con los del Oeste..

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Mientras se hace el arroz

…yo voy escribiendo esta crónica dentro de la tienda y por supuesto, en el saco, como un gusano. El ruido del hornillo me hace pensar que estoy verdaderamente en casa, aunque afuera no haya más que pinos, y aunque sólo hace una hora que he llegado aquí. Aunque oscurece a las siete y media siempre se me hace tarde y cuando me quiero dar cuenta aún son las seis y no he hecho los deberes de mis 100 kms diarios

sirenas

Una de sirenas

En El Cairo visité al dentista. Lo que era una pequeña molestia en un diente se convirtió en cuatro sesiones que me dejaron boquiabierto. Mr. Imprevistos andaba aquellos días por la capital faraónica y corrió con los gastos. Correr lo que se dice correr corrió poco, pues el hombre andaba restableciéndose de la última operación en el corazón y se movía con sabia lentitud. Ahora ya no le dice a su amor que le quiere con todo su corazón, sino con toda su válvula.

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