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Que dónde está Dios?

Llevo ya varios días pedaleando por el antiguo reino de Sikkim y he constatado que sus habitantes no son lo más simpático que te puedas encontrar.

Cierto es que son un poco más hospitalarios que sus compatriotas los Indios del norte, pero ya se sabe que en el reino de los ciegos el tuerto es el rey.

El otro día me invitaron a cenar en el hotel en el que me alojaba en Gangtok, junto con los empleados. Pues efectivamente, me dieron de cenar, pero cené solo. Ellos cenaron juntos en otra sala. Una hospitalidad poco cariñosa.

El partido demócrata que gobierna desde hace muchos años el estado número 22 de la India, Sikkim, alardea de que es el estado más limpio y menos contaminado de la India. De nuevo aplíquese el refrán arriba mencionado. Pero es que tiene delito ver cómo, en la tierra donde se levanta la tercera montaña más alta de la Tierra, los alrededores de los refugios forestales son un basurero.

Los turistas locales que han conseguido permiso para visitar el Valle de Yumtang (al norte de Sikkim en la frontera con Tibet) no pierden la oportunidad de tirar los envoltorios de la comida. Ver basura en las ciudades y en los pueblos duele. Pero verla en la naturaleza, en los ríos que bajan del lago Guru-dongmar (sagrado para budistas e hinduistas) es descorazonador.

A la salida de Legship, al lado del cartel que dice que es tarea primordial del Gobierno la salvaguarda del medioambiente, corre un arroyo lleno de basura. No hace falta ser ecologista, ni llevar a los niños al cole en bici (como hace mi amigo Tintxo, enhorabuena por cierto) para respetar la naturaleza. Que te da todo y no pide nada.

Saliendo de Chuntang un chico vino a hablar conmigo (cosa rara en Sikkim) y a inquirirme quién era para mi Dios. Le señalé las hermosas montañas que se levantaban en frente de nosotros. Pero el chico me dijo que estaba equivocado, que Dios está en la Biblia…El día que dejemos de pensar en el más allá y cuidemos un poco el más acá…, mejor nos andará.

Con la excusa de la reencarnación, el paraíso, nos dedicamos a maltratar a esta Tierra que, sino es el Paraíso, poco le falta. Tal vez una mujer a mi lado lo haría más perfecto…

Para ir al Valle de Yumtang no es suficiente el permiso de quince días que te permite recorrer Sikkim. En aras de proteger el hermoso territorio de la contaminación turística (llegamos tarde chicos) el Gobierno concede permisos especiales. Pero sólo a través de agencias de viajes que, previo el embolso de unos dólares, lo tramitan. Aunque solamente a grupos y nunca a viajeros solitarios. Con mucha palabra, tacto, paciencia, coraje, y porque no reconocerlo, suerte, obtuve el permiso extraordinario de CINCO días para recorrer el valle de Yumtang que es frontera de la India con el Tibet. Las vueltas que me hicieron dar para obtenerlo me las guardo para un capítulo del libro de Asia. Porque fue algo muy literario.

El encargado de la Agencia turística donde me informé de todo esto no daba crédito a que hubiera obtenido el permiso. Y tal vez para reconocer mí esfuerzo o tal vez simplemente por ayudarme, me ofreció alojamiento gratuito en su hotel Modern Residency en Lachung (2.662 metros).

A los tres días de salir de Gangtok llegué a Lachung. Faltaba media hora para oscurecer, llevaba más de siete horas subido en la bici para hacer solamente 50 kilómetros. Por supuesto todo era subida, atravesando pueblos donde la vida hace tiempo que emigró y, a falta de que comience en breve la escuela, los chicos van a cortar hierba, a trabajar en la reparación de la carretera o a jugar al billar versión local sin palos ni bolas, sino con fichas y dedos.
Un ruido terriblemente conocido me hizo gritar: NO. De nuevo la parrilla trasera había caído porque uno de los tornillos que la sujetan había partido. Ya me ha pasado en más ocasiones pero esta vez el trozo partido había quedado metido dentro del cuadro y no podía sacarlo. Caminé dos kilómetros, ya de noche, en busca del único mecánico del pueblo. Pero no estaba en casa y su mujer no sabía su número de móvil. Es normal ese tipo de situaciones en Sikkim. Más de una y de dos veces me he parado en una casa a pedir agua y me han señalado el lugar por donde baja el arroyo. Desanduve los dos kilómetros, acompañados de tres amables jóvenes que, al despedirme me pidieron que no les olvidara. En absoluto. Ha sido tan escasa la simpatía que he sentido en Sikkim que no puedo olvidar los gestos de cariño hacia mi. Al llegar al hotel al que me habían invitado estaba cerrado. Hay días que piensas que alguien juega contigo al billar (versión local) y que eres como una ficha rebotando de borde en borde del tablero. Todo sale mal y no te quedan ganas ni de llorar porque hace tiempo has gastado tu saldo de lágrimas. No hay energía que malgastar en quejarse sino en buscar soluciones. Porque cuando te des cuenta que las fuerzas te faltan, y que te mueves por instinto pero sin saber muy bien hacia dónde, todo se vendría abajo. El vecino del hotel pegó un grito, más fuerte que yo, y del hotel se encendieron las luces y salieron los empleados. Salvado por la campana. Tras la ducha de agua caliente y con el estómago relleno con arroz y vegetales, la preciosa habitación de dos camas me recriminaba mi tardanza. Y, lo que es peor, mi condición de célibe. Nada que argüir pues no hay peor cárcel para el asesino que su conciencia y para el preso de amor el silencio a sus preguntas.

A la mañana siguiente encontré al mecánico, torso desnudo y hacha medio metro por encima de la cabeza, partiendo leña. Cuando acabó su trabajo (cosa habitual en Sikkim) vino a interesarse por mí. En media hora habíamos sacado el tornillo partido de dentro del cuadro y, por suerte, la rosca no se había perdido. Dos horas más tarde empezaba mi ascensión hacia los cielos de Sikkim. En dos días llegaría a los 4,500 donde la nieve cortaba la carretera e impedía soñar más alto. A las noches la temperatura rondaba cinco bajo cero dentro de la tienda. Arrebujado en el saco aguardaba a que el sol viniera a calentar por la mañana mi trozo de tierra, aquél que esa noche había constituido mi hogar, bajo un cielo lleno de estrellas y con las altas montañas nevadas testigos de mis sueños más profundos. No los que nos hacen dormir sino los que nos hacen soñar despiertos.

P.D. Sigo necesitando urgentemente la ayuda de alguno de las más de doscientas personas que cada día visitan esta web. He de encontrar una compañía en Internet que haga viajes en barco (para turistas o no), desde Calcuta (India), en abril rumbo al Sudeste Asiático (por ejemplo Singapur). Quién me facilite la información más completa y suficiente que me permita obtener pasaje en uno de esos barcos será agraciado con un ejemplar de mi último libro ?Diario fotográfico de un payaso en África?.

De nuevo en Gangtok, pero no por mucho tiempo, Paz y Bien, álvaro neil el biciclown.

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El mecánicoSacando el tornilloYumtang valley
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