India

en parte

En parte se acabará la mala racha

Este tipo de vida que llevo me da tiempo para pensar. Aunque son muchas horas al día encima del sillín, resguardando mi vida de conductores estúpidos, cuando llego a la ciudad en la que hago parada y fonda, me detengo a pensar en cómo van mis días. El ahora, el ayer y el mañana. Me siento como un capitán dirigiendo un barco y de cuyas manos depende el rumbo a seguir. Y mi camino, igual que el de los barcos en la mar, no sigue líneas marcadas, ni se rige por otra guía que la de mi corazón y mi intuición. Y fue en uno de esos pensamientos con una taza de té con leche en la mano que descubrí que estoy contando las horas para salir de la India. Y es terrible reconocerlo pero sería peor engañarme.

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salvavidas

Salvavidas de tierra adentro

De su pecho no cuelga un chaleco salvavidas, ni un silbato, ni un gps. Tampoco ninguna medalla. Solo una cruz que, juguetona, se instala a veces en el hueco de sus omoplatos. Si a algunos voluntarios la visita al Centro de la Madre Teresa en Calcuta les cambia su forma de ver la vida, a Das le ha cambiado su vida. Tras trabajar veinte años en ese centro, codo a codo con su fundadora, decidió abrir un proyecto a las afuera de Calcuta

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de vuelta

De vuelta por los infiernos

Gangtok reposa a 1.677 metros de altura en el norte de la India ajena a todo lo que pasa allá abajo. Es la capital de Sikkim y, debido a sus terroríficas cuestas (sólo comparables con las de Darjeeling), cuenta con un teleférico. Útil para, por ejemplo, regresar del Instituto de Tibetología al centro de la ciudad. Ese Instituto es único en el mundo y contiene una de las mayores colecciones de libros y manuscritos Budistas. Cuando fui a visitarlo coincidí con una familia del vecino país, Bután. Sus elegantes ropas de seda y sus pausados movimientos, como temiendo ofender el aire que los rodeaba, anunciaba que venían de otro tiempo. El cabeza de familia tenía una barba blanca que ya la quisiera para si Papá Pitufo. La niña más pequeña tenía una mirada tan directa y profunda que parecía adivinar todas tus miserias en un segundo. De mayor debiera ser juez o simplemente hermosa.

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payaso

Dentro del monasterio hay un payaso

Yung Drung Kundrak Lingbon es el único monasterio Bön en Sikkim. Aparentemente es una fe muy próxima al Budismo, reconocida por H.H. el Dalai Lama, e incluso anterior a esta. Sus fieles le dan una gran importancia a los cinco elementos: tierra, aire, fuego, agua y espacio. Nada de esto sabía cuando me paré delante del monasterio. Sólo me quedaban seis kilómetros para llegar a Ravangla (a 2.100 m). Esa mañana había salido de Tashiding (a 1.700m) y tras haber perdido altura, como es norma en Sikkim entre pueblo y pueblo, comencé la escalada de ese puerto no oficial de más de veinte kilómetros.

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oasis

Un oasis en el caos

Las vacas, asustadizas en otros países ante el contacto humano, en las calles de Rishikesh tienen preferencia de paso. No basta con un simple grito para que se quiten de tu camino y está mal visto golpearlas. Su conducta y movimiento las hacen más parecidas a un gato que a un bicho de más de doscientos kilos. Como han perdido el prado en el que pastaban van mordisqueando bolsas de galletas que el viento arremolina en su húmedo hocico.

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