La frontera más bonita del mundo

No todos los países pueden presumir de tener una frontera cerrada al tráfico de vehículos. La frontera más bonita del mundo, al menos de los 123 países que he cruzado, no está en Asia, ni en África, sino en el medio de Europa. Se encuentra en lo que antes era la división del telón de acero, que separaba el comunismo del capitalismo. Hoy, la balanza se ha decantado del lado del capital (Marx no estaba tan loco ni desacertado).

la tienda y el sol
La tienda y el sol

Dejamos Polonia y las montañas Tatras para entrar en la República Checa. Ya no hay fronteras y  de no prestar atención no sabes que estás en otro país. Un puente que antiguamente estaría militarizado ahora está colonizado por casas de cambio y puestos de comida (de nuevo el capital). Lo primero que te soprende al llegar a Chequia son las tiendas de Vietnamitas. En Polonia no existían tiendas de ¨chinos¨ y en Chequia nos salvan la tarde para comprar algo de comer. Hay en este país menos tiendas, menos bares y, sin embargo, la misma apatía que veíamos en las personas con que nos cruzamos. Poco interés por nosotros, sin que se pueda achacar al lenguaje diferente, pues de tantos años en África he comprendido que la comunicación es, primera y fundamentalmente, con el corazón. El idioma común solo aporta información no verdadero interés. Más tarde lo corroboraríamos.

Sin tener lugar en el que refugiarnos de la lluvia, escribimos a un miembro de warmshowers.  En este video hablo de esta red. La suerte estaba de nuestro lado pues nos alojaría una familia encantadora de Chequia, no solo dándonos un cuarto en su casa, sino comida y sobre todo, lo más importante, calor humano. De ese que ya echábamos en falta.

Halina, su marido, su abuela, el hijo, los nietos, y hasta las vacas estaban felices de vernos. Nos quedamos un fin de semana de lluvia y hasta nos llevaron a un pueblo cercano  a ver un festival de danzas y música. Todo en lengua local, que no es ni checo ni polaco, pues esta región conserva su propia identidad. Como Halina, que conserva su sueño de ir a Lisboa un día aunque no tenga ni siquiera el plan a medio hacer.

Lo que tenía hecho era el pan, pues ningún ciclista se va de su casa sin su pan.

halina y familia
Halina y familia

Ver el sol y sonreír parece algo que va de la mano. Por eso nos cuesta tanto entender la cara de muchas de las personas con que nos cruzamos, largas y con la mirada en el infinito, en este país y en Polonia. ¿Necesitan algo más para sonreír que estar vivos, en un país que no está en guerra? Quizás la vida del nómada es tan simple que no entiende las complicaciones de los humanos. Más viajamos y más cerca estamos de nuestro lado animal, básico y sin adornos. El desodorante lo dejamos para la vida social. Nos basta la ducha diaria.

ducha

En este mes, escaso, llevamos ya 1445 kilómetros en bici. Ni un solo pinchazo, gracias a llevar las cubiertas que para mí, tras mi experiencia, son las mejores, las schwalbe. Pero mi rueda delantera viene, desde hace tiempo, con algún resfriado y va rompiendo radios. Por suerte en una tienda de Chequia, el dueño es un amante de las bicis, no solo las vende, y me repara la rueda sin querer cobrarme. Un gesto poco habitual y que agradezco enormemente.

 

mecanico y dueno de cyklomat

Cuatro radios nuevos y una sonrisa más potente aún. Nos dirigimos así, fortalecidos, hacia la frontera más bonita del mundo, que se encuentra entre bosques y es habitada, sobre todo, por ciervos. Dejamos Chequia sin haberle encontrado el sabor, más allá de algunos encuentros como los de Cyklomat y de Halina, que nos hicieron muy felices.

En el último bar gastamos las pocas coronas que nos quedan y brindamos por el presente: el único tiempo verbal que se puede vivir.

brindar

Esta frontera no tiene funcionarios sino árboles que dan testimonio y sombra a nuestro paso. No hay bares, ni calles, no hay lugares para cambiar dinero y, ni siquiera, hace falta cambiar de idioma, pues nadie hay esperándote del otro lado. Esta frontera está poblada de cervatillos que corretean libres por sus campos apenas cultivados. Todo aquí está como ayer y como mañana. Los turistas se han quedado en el último camping del pueblo, seguros y felices. Y nosotros también lo estamos porque no precisamos puertas para cerrar nuestros ojos, ni baños con agua caliente. Nos basta la certeza de que hablamos la lengua de la naturaleza y agradecemos cada estrella que se amontona en la pantalla curva del cielo. Entramos a Hardegg sin hacer ruido y encontramos la primera fuente. Cuánto las echábamos de menos. Pero también empiezan a producirse conversaciones espontáneas. Gente que nos habla, que se interesa por nuestra procedencia. Lo habíamos olvidado.

Ahora estamos en Austria y vamos hacia Insbruck a visitar a un viejo amigo con el que pedaleé en el 2008 por Uzbekistán. Y de ahí hacia Zurich.

No quiero dejar de recordarte una cosa: para vivir no hace falta más que respirar, y eso, hasta una máquina lo puede hacer por ti, pero para vivir la vida, hay que sudar los sueños.

Paz y Bien el biciclown.

castill

4 comentarios en “La frontera más bonita del mundo”

  1. Tengo grandes amigos checos y polacos. He viajado mucho a esos países. Es normal que no despierten interés los cicloturistas, al igual que pasa en el resto de Europa donde no son novedad.
    Creo, que quizá por el tipo de viaje, donde tenéis poco contacto con la gente, y la cultura del país, os habéis llevado una opinión equivocada. Dadles una oportunidad, lo apreciareis!

    1. Gracias Mireia por tu punto de vista. He viajado por más de 120 países. Mi contacto con la gente, al ir en bici, es bastante frecuente pues no voy a hoteles. Hablo o me comunico con ellos. Si no hablo su idioma con el corazón, que es un gran instrumento de contacto. Nuestra opinión de polacos y checos no es equivocada ni acertada. Es solo la nuestra. En otros países, en los que he estado poco tiempo, mi impresión era otra, sin tener que darles otra oportunidad. La gente de Europa, central y norte, es más fría que la del sur. Eso es un hecho como que en Sevilla hace más calor que en Lugo. Otra cosa es que lo aceptemos. Nosotros, o al menos yo, trato de acepta, de eso va mi último libro. un abrazo

  2. Oops no pretendía molestar a nadie!! . Es cierto que nadie está equivocado o en lo cierto en estos temas,
    me exprese mal. Por otra parte, lo que consideramos frío o no, depende de nuestros propios criterios culturales que no es universal. Sonreir, por ejemplo, tiene distintas interpretaciones en distintas culturas.
    Respecto al contacto con la gente me refería a algo más que hablar con la gente que encuentras por el camino, quería decir conocer gente interesante con la que compartir pensamientos proyectos o lo que sea. Opinar sobre España basándose en la gente que nos encontramos al viajar de forma análoga sería, en mi opinión, desastroso.
    De todas formas pido disculpas si he provocado una posición a la defensiva. Sólo era que me gusta viajar y apreciar a la gente intentando ver su punto de vista, sin pasarlos por mis propios filtros. Ademas me gustan los polacos, los checos y tuve un novio suizo. 😀

    1. Mireia gracias por tu opinión. No hay hechos, solo interpretaciones morales de esos hechos, decía Nietzsche, por lo que queramos o no, nuestra cultura, nuestra experiencia y nuestra vida, es un filtro inevitable. A mi me gusta la gente que sonríe, y no he encontrado una cultura donde hacerlo tenga un significado diferente al de disfrutar. Ni siquiera en las dos asignaturas que he cursado de Antropología cultural en la carrera de Filosofía se menciona la sonrisa como algo culturalmente interpretable a nivel emic o etic. Un saludo y gracias

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