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El Bonsai que nunca fue árbol

Inspirado por la lectura de un pasaje del libro de Mónica Cavallé, La sabiduría recobrada, y por mis estudios de Filosofía de Aristóteles, ha nacido esta historia.

“Supongamos que (una) semilla ha crecido hasta convertirse en un pequeño y gracioso árbol, y que este arbolito se queda fascinado, en un momento dado, con su propia imagen (…) Le gusta tanto que se identifica con esa imagen de sí mismo y cifra ahí su identidad. A partid de este momento, el arbolito ya no le basta ser, sino que se empeña en ser de una manera particular.” (Texto de Mónica Cavallé)

Algunas personas se acercan a mi vida en las redes sociales para decirme cosas así: Ya no te sigo porque has cambiado tu esencia. Antes eras más divertido, no me gusta lo que veo de ti…

Si hiciera caso de estas críticas, como si hiciera caso de las personas que me llaman héroe y otras cosas de capa y antifaz, mi vida sería un ir de un lado a otro buscando la caja de pastillas.

Lo que soy es lo que voy descubriendo de mi mismo. No quiero congelar mi vida en el nómada que dio la vuelta al mundo trece años en bici, no quiero vivir de esos recuerdos, de esos encuentros ni de esas glorias pasadas.

Quiero seguir explorando, no ya el mundo, sino mi mundo o como dicen los filósofos: mi mismidad.

Volviendo a la historia de Mónica, y desarrollándola por mi cuenta libremente, veo personas que se han convertido en bellos bonsais. Admiran una parte de su cuerpo o alguna de sus habilidades y se empeñan en estancarse en ella, en hundir los pies en ese pasado que es barro pétreo. No podemos conformarnos con lo que fuimos, con nuestra imagen de traviesos en la galería de la memoria, y debemos apuntar al brumoso horizonte inspirados por el faro de nuestro propósito.

La zona de confort es un bonsai hermoso, prolijo y gracioso (como dice Mónica) que admira su belleza y que se pierde en esa contemplación. Se pierde la vida, la muerte también, pero sobre todo se pierde SER. Somos narcisistas cuando admiramos más nuestras imágenes retocadas que subimos a las redes sociales que nuestras legañas mañaneras, cuando intentamos agradar en vez de sorprendernos.

No hemos venido a esta vida a ser Bonsais perfectos, siempre relucientes y listos para pasar revista en las publicaciones sociales. Hemos venido a hundir nuestras raíces en la tierra y a desgajar las nubes con nuestras ramas, a tocar el cielo, a saborear los fracasos, a sentir el azote de los vientos (las críticas), a enderezarnos sin creérnoslo cuando la brisa se calme (los halagos)…

Claro que habrá miedos que vencer, apegos que soltar, incertidumbres con las que bailar, retos que saltar, comentarios que aguantar, soledades que transitar, silencios que escuchar… pero la zona de aprendizaje espera.

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Puedes ser un hermoso bonsai, diminuto y hermoso, reluciente y enano, congelado y carente de vida, o un árbol viejo y torcido, con historia y presente, con sombra en la que cobijarse, con ramas que cantan y abrazan; faro del bosque.

Aristóteles afirmaba que toda semilla contiene en potencia un árbol. Si se actualiza se realiza aquello que ha podido ser. La semilla, hoy por hoy, solo es semilla pero contiene potencialidades de Ser.

Tu eres mucho más de lo que ves y de lo que fuiste. 

Continúa Mónica, “El Tao es nuestro más íntimo Sí mismo, la Fuente de nuestra identidad. Como, cuando el arbolito de nuestro ejemplo, nos identificamos con algunas de las posibles expresiones de nuestra identidad profunda -cierto aspecto o modo de ser, ciertas situaciones de nuestra vida, ciertos logros, experiencias, etcéterea-, cristalizamos lo que es por naturaleza móvil, evanescente y cambiante, e impedimos que esa Fuente fluya con toda su belleza y gracia natural.”

Poca gente ha llegado a la zona de los aprendizajes por si misma. Todos hemos tenido maestros, referentes, rocas en las que apoyar nuestro vacilante caminar.

Te ofrezco mi experiencia de vida para que tu tránsito desde la zona de confort, pasando por la de miedos y apegos, hasta llegar a la inagotable zona de los aprendizajes sea más eficaz, para que tu actualización sea una realidad. Aquí el enlace al curso online que he creado para logarlo: Vivir con Propósito. Más de mil personas lo han experimentado.

Deja de ser Bonsai y conviértete en árbol, con imperfecciones de SER.

Paz y Bien el biciclown. 

3 comentarios en “El Bonsai que nunca fue árbol”

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