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Abraza la incertidumbre y avanza

Vivimos con unos límites que no son norte, sur, este y oeste. Toda nuestra existencia está marcada por dos puntos infranqueables. Podemos cambiar muchas cosas de nuestra vida, hasta de sexo dicen, pero no esos dos puntos: son el día de tu nacimiento y el de tu muerte. No importa ni siquiera que sepas qué día naciste (mi amigo Ousman dice que fue martes pero no sabe el día), y tampoco sabrás si morirás en sábado o en miércoles. Los detalles no importan, pero el evento, el hecho en si, es inevitable.

Eso hace que seamos, como dice Heidegger, seres arrojados al mundo. A nadie la han preguntado si quiere nacer. Nos han nacido. Y por ello en toda existencia hay algo de deber, de cumplir una misión para la que nos han elegido. Es con el paso de los años que le vamos pillando el gusto a esta misión de vivir y nos vamos animando a hacer algo con nuestra vida, algo único, pues únicos somos nosotros. Detrás de ti viene un ejército de arrojados al mundo pero mientras eso suceda, es tu momento vital.

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¿Qué hacer con esa misión? No te han dado muchas instrucciones y más allá de tener unos señores que se preocupan de alimentarte y vestirte (tus padres) pronto descubrirás que no están ahí para siempre y que a ti también te cabe la posibilidad de arrojar nuevos seres al mundo.

Toda tu misión está en realidad encerrada en una palabra enigmática: POSIBILIDAD.

Eres un mundo de posibilidades. Puedes ser lo que tu quieras, es cierto que genéticamente estás un poco más dotado para el estudio que para los trabajos manuales, o para el trabajo en equipo (que lo tuyo no es ser líder, vamos), pero más allá de esas cuatro notas peculiares, puedes ser un montón de cosas. Por resumirlo: puedes ser más cosas que aquellas que no puedes ser.

Te han arrojado, en tu misión, en un país, pero nada te impide ir a ver otros, y quizás engendrar en ellos nuevos seres.

Pero nunca debes olvidar que tu misión está sujeta a ese dispositivo interno y externo llamado tiempo. Te vas agotando, consumiendo, desgastando, día a día.

Sigues confundiendo tu quehacer diario (comer, vestirte) con tu misión en el mundo, como si el agricultor confundiera la semilla con el fruto y quisiera comer la primera.

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Abraza la incertidumbre y avanza (Ilustración de Iván Bravo para Abrazar la incertidumbre)

Un día, no sabes muy bien leyendo qué o viendo pasar qué nube, te das cuenta que puedes construir tu propio reloj de vida. Si, aunque tu existencia está limitada por esa coordenada final que llaman muerte, tu existencia diaria puede reglamentarse ajena a eso que los otros seres arrojados llaman tiempo. Tú puedes tener una vida que se nutra de momentos y no de horas, de instantes y no de minutos, de vivencias y no de años en el calendario.

Es ahí cuando te das cuenta de que llevas años siguiendo la huella de otros arrojados. Ellos trabajan once meses y tú también. Ellos compran una casa y tú una más grande. Se cambian de coche pues tú te compras un barco. Vives imitando y tu vida es un reflejo inconsciente de la de los demás. De repente, dicen, hay que comprar porque está de oferta (aunque tú no lo necesites) pero compras porque tienes poder adquisitivo. Es como si cada vez que pases por un puente sobre un río te lanzaras al agua solo porque la baranda está baja y tú puedes saltar.

Confundes posibilidad con obligación y alternativas con necesidad. Te olvidas que vivir es una incertidumbre y en vez de abrazarla te escondes.

Aunque eres un ser arrojado a un mundo de posibilidades tus elecciones se limitan al tipo de rojo con el que pintas la fachada de tu casa. Afuera quedan otras posibilidades, no ya otros colores, sino la posibilidad de no pintar la casa o incluso de no tener casa.

Te crees que eliges igual que te crees que has nacido, cuando en realidad estás siguiendo las huellas de otros que eligieron antes que tú, que seguían las huellas de otros, que también fueron arrojados al mundo.

¿Cómo salir de esa prisión de reducidas posibilidades?

En mi nuevo libro, Abrazar la incertidumbre, dedico un capítulo a una actividad que muchos estoicos practicaban a diario: memento mori. Recordar que eres una línea que está uniendo esos dos puntos, nacimiento y muerte, y que cada vez te alejas más del primero y te acercas al segundo, hará que quieras arriesgarte, probar otras cosas, oficios, comidas, colores…

Ahora lo tienes todo controlado, pero eres como un pájaro que no sale de su nido, de su árbol de su bosque. Eres el más sabio de ese lugar, pero no conoces nada más. Has vivido en un árbol y, ¿pasa algo por no salir de esa rama? No. No hay problema alguno, mientras sigas cantando, sonriendo, alegrándote, celebrando la vida consciente de que te acercas a tu punto final.

Cambiar de rama es una oportunidad para recordar que lo que tienes y lo que eres, quedará aquí, en esta misión vital.

P. D. Si quieres descubrir tu misión o propósito en la vida, es muy posible que este curso online (Vivir con propósito) que ha ayudado a cientos de personas te haga bien a ti también.

Paz y Bien, Álvaro Neil @biciclown.

al cubierta
Nuevo libro Abrazar la incertidumbre

 

5 comentarios en “Abraza la incertidumbre y avanza”

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