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Para cuando creas que no lo lograrás

Mucho se habla a principios de año de marcarse objetivos, de planificar y de ir a por todas. Esto provoca un desgaste del ser humano que está en continúa competición consigo mismo. Hemos eliminado el jefe por la conciencia crítica, y no hay peor jefe que uno mismo. Nos olvidamos de recompensarnos y de apagar las máquinas, de desconectar, de buscar un tiempo de descanso en el que no hacer nada no sea ni siquiera un objetivo.

Un tiempo en el que no tengamos que sonreír para instagram. Un tiempo sin resultados, un tiempo de descanso absoluto, en que nuestro jefe interior se vaya a paseo, y podamos dar un golpe de estado contra el rendimiento y la productividad.  La frenética actividad nos promete más libertad pero en realidad nos trae más estress. Los ratones en la rueda están bien activos, pero no van a ningún lado. Son prisioneros de un juego con destellos, falsos, de emoción y de libertad.

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Foto Eloy-detalle guardabarros

El filósofo Byung-Chul Han en su libro La sociedad del cansancio, lo menciona así:

«Me mato a base de autorrealizarme. Me mato a base de optimizarme. En este contexto resulta imposible toda resistencia, toda sublevación, toda revolución».

Y claro está, como el mismo filósofo recuerda resucitando a Catón:

«Nunca está nadie más activo que cuando no hace nada, nunca está menos solo que cuando está consigo mismo».

Pero  hablamos de una actividad diferente. No el ir y venir sin sentido, publicando fotos y vídeos en redes sociales solo para aumentar nuestro ego, buscando siempre la aprobación, el aplauso y la ovación, rodeándonos solo de quienes piensan como uno mismo, creando así un coro de voces que nos alientan y que santifican todo lo que hacemos o decimos, imposibilitándonos crecer en otra dirección que no sea la del narcisismo.

Catón habla de una actividad inactiva, que no busca ni siquiera el descanso. «Me voy de vacaciones a desconectar», se suele oír, y ya estamos generando una nueva obligación: debo desconectar, debo reírme, debo hacer locuras, debo (en realidad) ser otro.

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Foto Eloy-saludando de espaldas

Terminé al pasado año 2020 matriculándome en la Universidad a Distancia para estudiar Filosofía. Sin darme cuenta mi vida se había tornado filosófica desde hacía ya mucho, pues la Filosofía no es más que una actitud de contemplación y de preguntas. No de encontrar respuestas sino de hacerse buenas preguntas. ¿Qué es una buena pregunta me diréis? Aquélla que te incomoda porque no la puedes responder de inmediato.

Pero aunque mi vida ya incluyera cierto ascetismo mundano y alejamiento de esos modernos sanatorios mentales denominados centros comerciales, es preciso acercarse a los pensamientos de autores que, hace miles de años, se hicieron las mismas preguntas pero sin estar distraídos por tanta tecnología. Hombres (y mujeres aunque no hayan pasado a la Historia) que paseaban, que dialogaban, que celebraban la vida y la muerte con el asombro de quien sabe que estar vivo es un accidente de la naturaleza.

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Foto Eloy-de perfil

La actitud contemplativa aumenta tu capacidad de asombrarte y de agradecer. No es necesario comprar continuamente en esos sanatorios mentales, basta con volver a frotarte los ojos y colocar una mirada nueva en lo que te rodea. ¿De dónde ha salido ese cuadro, esa taza, esa alfombra, esa camiseta que llevas puesta?

Se cuenta que el artista Paul Cézanne, dijo que podía ver el olor de las cosas. Y si consigues fijar un recuerdo con colores y además con olores lo están afianzando en tu memoria, como nos recuerda Paco Paéz en el tutorial Memoria, Emociones y Creatividad.

Cada objeto tiene una historia, una narrativa, que hemos tirado a la basura junto con la etiqueta y el código de barras. Si dedicáramos un poco de tiempo a contemplarlo de nuevo, no caeríamos en la barbarie que presagiaba Nietzsche en su obra Humano, demasiado humano:

«Por falta de sosiego, nuestra civilización desembocará en una nueva barbarie. En ninguna época se han cotizado más los activos, es decir, los desasosegados. Cuéntase, por tanto, entre las correcciones necesarias que deben hacérsele al carácter de la humanidad el fortalecimiento en amplia medida del elemento contemplativo.»

Quiero ofrecerte una herramienta, gratuita y a tu alcance, para esos momentos en que durante este 2021 sentirás que no vas a poder lograr tus objetivos. Esa herramienta se llama narrativa personal: tu propia historia.

Una de las consecuencias de esta vida es que, al no pararnos a contemplar, estamos mirando siempre hacia el horizonte que tenemos por delante, hacia el futuro. Muy poco al pasado y casi nada al presente, que es donde tenemos los pies ahora. Tenemos mentalidad de ratones de laboratorio que corren sin parar y no analizan lo que han hecho. Y es precisamente el análisis lo que te permitirá generar energía para conseguir tus retos.

El análisis de tu propia historia. Recuerda ahora esos momentos que pasaste en tu vida en que pensaste en que no lo lograrías: una enfermedad que superaste, la pérdida de algún se querido, una relación amorosa que te hizo pensar que querías cortarte las venas (no lo hagas nunca), o un exámen que pensabas que no aprobarías aunque fuera el del carnét de conducir. Reconoce como en esas historias siempre ocurrieron hechos o aparecieron personas en tu ayuda con las que no contabas en su momento y que te hicieron crecer, superarte y lograrlo. Esto demuestra que ante un objetivo o propósito, no conocemos todo lo bueno que puede ocurrir y que nos ayudará a superarlo. Simplemente nuestra mente nos boicotea presentándonos imágenes de fracasos posibles. No son reales, pero de tanto pensar en fantasmas los terminamos por invocar.

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Foto Eloy-recibimiento

Esta historia va acompañada de fotografías que me ha enviado hace unos días Eloy, un seguidor y lector de mis libros que estuvo presente en mi llegada a Oviedo, tras trece años de vuelta al mundo en bici. Un momento en mi vida histórico, pues fue la culminación de uno de los objetivos más difíciles que jamás me he marcado y que varias veces estuve a punto de no lograr por causas ajenas (accidentes, malarias…)

Llegar a esa plaza y ver a personas queridas, y sentir la falta de otras, me hizo fuerte como personas. Y en momentos en los que pueda sentirme débil o incapaz de lograr otros objetivos (que sin duda son en términos de dificultad menores) recordar esas imágenes lleva implícito un subidón de energía; es como si me crecieran de nuevo las alas.

Busca en tu historia personal logros que te hicieron sentir bien. Visualízalos si puedes con olores o imprime esas fotos para, en momentos de duda, recuperar tu energía observando y contemplando la narrativa que llevan implícita.

Si esta fórmula te ha parecido útil, te pido un favor. Comparte la historia entre tus amigos y dásela a conocer. Y si quieres profundizar en más herramientas que te aseguren una búsqueda eficaz de tu propósito, revisa este curso online #vivirconpropósito.

Paz y Bien, el biciclown.

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Eloy-primer plano

1 comentario en “Para cuando creas que no lo lograrás”

  1. Tengo duda si comentar alimenta tu ego o narcisismo o si es como ese abrazo cuando la gente que te quiere te da. Lo dejo a tu criterio. Pasa que seguro tendrás tus nubarrones o tormentas (que aquí perfect@ nadie) pero digamos que llevas bien atada tu estación meteorológica y eso te destaca sobre la masa de los «sanatorios mentales» decorados, de los que también escapo…o de los hamsters en su ruedita y jaula. Eso hace que tus reflexiones con testimonio en carne y hueso molen…(este es un claro ejemplo entre miles) y cuando en un ápice puedo disentir también te lo he comentado porque de eso todos crecemos. Con certeza los momentos que nos dejaron de rodillas son los que nos sirven de referencia y revalorizarlos es imperativo para recordarnos que somos héroes de nuestra historia de amor con la vida. La filosofía va muy de la mano con la poesía y lo conjugas delicioso en tus textos y reflexiones orales. Abrazo.

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