lorena comiendo mucho noodle

La cultura más limpia del mundo: Japón

Higiene en lugar de deporte.

En estas tres semanas que llevamos recorriendo Japón hemos visto dos personas corriendo y menos de diez practicando ciclismo. No parece que el ciudadano japonés sea un deportista consumado.

Pero en cuestión de higiene son unos campeones olímpicos. No importa si el baño es de un restaurante, de una casa o incluso si es público y está en un parking al aire libre: los baños son los auténticos templos de Japón.

Para aprender a manejar uno de esos baños hay que cursar al menos estudios de grado medio porque hay más botones que en el ascensor de un rascacielos:

  • para que el chorro salga por delante
  • para que venga desde detrás
  • para que tenga más fuerza
  • para que sea como un spray tipo ducha
  • para que el agua esté más caliente
  • incluso un botón para que se escuche música que disimule tu propia música de tu cuarteto de viento

Y, por si eso no fuera suficiente, también tienen papel para rematar la limpieza. Aunque eso si, ese papel no es de doble capa, sino fino como una sábana quince años secando al sol.

lorena costa a la derecha

 

Se puede decir que los japoneses están más limpios que un recién nacido. Pero la cosa no queda ahí. Hay que hablar de los onsen: su estadio olímpico de limpieza.

Los onsen puede ser de aguas termales que salen de la tierra o de agua calentada artificialmente. En ambos casos la forma de funcionamiento es idéntica.

Hombres por un lado y mujeres por otro. Cortina azul ellos y roja ellas.

Lo primero que tendrás que hacer es dejar tus zapatos a la entrada. Esto es casi una regla en cada lugar en el que entres. Los zapatos no son bienvenidos. Después llegarás a la zona de cambio de ropa. Allí te quedarás con lo que traías al nacer y, con una toallita tipo estropajo, te diriges a la zona del onsen. En este lugar lo primero es ducharse, y aqui se duchan sentados. Delante de ti, un espejo va dando cuenta de cómo pasan los años por tu cuerpo. Pocos japoneses he visto con exceso de grasa. No se si de tanto frotar o de su alimentación, pero lo cierto es que grasa no tienen (músculo tampoco).

Casi todos los onsen tienen a tu disposición jabón para el cuerpo y champú para el cabello. Algunos incluso acondicionador. Mientras te duchas, opción manguera u opción balde con agua, vas viendo también cómo tu vecino se restriega el cuerpo como si viniera directamente de la trinchera. Lo hacen como si mañana fuera el último día. No hay orificio que no revisen. Muchos aprovechan para afeitarse en este lugar.

Tras la ducha que no lleva menos de diez minutos, limpias el lugar con la propia manguera de ducha y lo dejas todo listo para el siguiente, y te encaminas a alguna de las piscinas, de diferente temperatura, que hay en la sala. Dependiendo del onsen puede haber una, dos o cinco, y algunas son tan calientes que entiendes porqué los japoneses no tienen vello corporal: están escaldados como pollos.

En ocasiones, como el onsen del que venimos hoy, hay una piscina de agua caliente exterior. Eso ya es nivel oro olímpico.

Y muchos cuentan con sauna y a veces baño de vapor y piscina de agua fría.

tunel

 

El tiempo ahí dentro parece congelado. No hay teléfonos, las conversaciones son escasas o en voz baja y la gente se deja visitar por sus pensamientos sin actuar. Es un momento de pausa que en occidente se ha perdido. La pausa es mirar sin ver y oír sin escuchar. Se trata solo de sentir tu cuerpo apagando la mente. El agua tan caliente lo logra.

Si esto lo haces dos o tres veces por semana es inevitable que entres en un estado de monje budista donde te sobren las palabras para comunicarte. Otra explicación de porqué el japonés es tan callado. Se ha tragado muchos onsen.

Y así llegamos a la parte final, el secado y el descanso. Cada onsen cuenta con una balanza para pesarse y varios secadores, y una sala de descanso en la que tumbarte y dejar que la paz siga poseyéndote. También máquinas de bebidas no alcohólicas y en algunos hasta restaurante.

Los onsen son los club sociales de Japón, sus espacios de ocio y su pseudogimnasio.

El precio varía entre 3 euros y 5 euros por persona y nadie te dice que no puedas pasar el día entero allí.

En nuestro viaje en bicicleta por Japón sin ruta marcada, vamos parándonos en muchos de ellos al atardecer, y dejamos las bicicletas afuera con total confianza. Al salir, montamos la tienda comemos algo y dormimos como los ángeles.

En un mes algunas personas vendrán con nosotros a pedalear por Japón y podrán sentir esa sensación de paz que te deja un onsen. Viajes pensados para conocer la cultura, conocerse a sí mismo, y conocer a otras personas con intereses similares. Si quieres saber cuándo son los próximos comenta o escríbenos.

 

lorena comiendo mucho noodle

Hace unos días ha llegado alerta de tifón a Hokkaido. No podíamos creérnoslo porque estábamos teniendo muy buen tiempo, pero esta mañana todo cambió y el cielo descargó toda su furia en el pueblo en el que habíamos parado. Por suerte, buena o mala, Lorena lleva días con un resfriado que se ha convertido en infección. Y gracias una vez más a nuestros amigos de Iati hemos salido de esta con éxito. Una videoconferencia con un médico que hablaba inglés y unas recetas enviadas por fax a la farmacia más próxima, sumado a un descanso obligado, nos permitieron encontrar un hotel de solo 50 euros la noche para descansar. Pero los dueños solo tenían espacio para una noche y Lorena precisaba de más descanso. Lo que hicieron los dueños de la posada fue increíble.

Pilla aquí un descuento de Iati para tu viaje. Viajar sin seguro trae sus riesgos, a veces lo he hecho.

Llamaron a varios hoteles y posadas de la zona hasta encontrar uno que no superara nuestro presupuesto, pero estaba a casi 20 kms y con la lluvia y la falta de fuerza de Lorena no podíamos hacerlo. Ellos nos llevaron en coche hasta ese lugar y nos guardaron bicis y alforjas en su casa. Mañana, su nieto vendrá en coche a buscarnos para llevarnos de vuelta a su casa, subirnos a las bicis y seguir viaje.

La suerte es que la posada en la que estamos hoy ofrecía gratis la entrada a un onsen a 7 kms. Y como no teníamos bicicletas no podíamos ir pero acaba de llegar una persona a la habitación de al lado que se ha ofrecido a llevarnos en coche.

Hemos ido y vuelto con él y ahora esperamos a que los restaurantes estén abiertos para comer algo.

Mañana, llueva o salga el sol, hay que seguir.

Paz y Bien, álvaro el biciclown.

 

P.D. Este artículo se publicó en Substack el 16 de julio. Hace dos meses. Los suscriptores ya lo han leído. Si quieres leer sin retraso mira aquí.

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