(Olot). Todavía resuena la risa en mi corazón. Una música que parte de lo más íntimo y nos iguala, evadiéndose de las formas y las banderas, irguiéndose sobre cualquier idioma y sentimiento. Una risa que, aún provocada, acaba siendo real; como sincera acaba siendo la caricia del viento que genera un ventilador.
Siempre que me enfrento a un Taller de Clown la responsabilidad me visita y me obliga a andar con prudencia. Como si fuera una maestra guiando veinte pequeños chiquillos por el caótico tráfico de una ciudad de la India, me siento responsable de mis alumnos, consciente de que para ellos el taller es un salto al vacío, un asomarse a la ventana de un rascacielos interior.
En mi último taller en Olot que con generosidad y mucha dedicación ha organizado Rosa, las expectativas eran tan elevadas como mis deseos de que todo saliera bien.
Cuando alguien se acerca por primera vez a un taller de clown lo hace intentando descubrir la fórmula mágica de la risa, los secretos para tender un puente con la audiencia y, en muchas ocasiones, utiliza recursos que no le pertenecen. Recursos que no son su esencia.
Despojarles de esas intenciones es parte de mi trabajo para, una vez se han liberado de clichés y tabúes, comenzar a explorar con otras herramientas mucho más sencillas: la mirada, el silencio, el conflicto, el juego…
Las primeras horas van encaminadas a sacarles de su mundo de reglas y formalismos, y las siguientes a meterles en el mundo del clown; un universo de posibilidades que antaño, cuando éramos niños, integraban nuestro día a día, hasta que los adultos nos fueron cortando el juego como cuando tu madre te cortaba las uñas. Sin miramientos.
La importancia de enseñar clown viene marcada por la de recordar que debemos jugar más, ser menos pesados, aligerar la mirada, relajar la boca, destensar los hombros, caminar con más samba, descuidar la entonación, ir a contramano, torcer las líneas rectas, saltar las barreras, desmontar el arco iris y, en resumen, disfrutar en cada tropiezo.
Ser clown es volver a ser niño. Pero si tardas mucho en recordarlo no sabrás cómo conseguirlo.
Paz y Bien, el biciclown
(Fotos Rosa)
Precioso. Vaya lo que aprendo contigo. No sabía dabas talleres también para principiantes. Interesante.
Asi es para todos los públicos, jajaja