Los pájaros, los árboles y hasta las personas, han ido desapareciendo poco a poco de la ruta hacia Mashhad. La hospitalidad iraní, alejada unos días por motivo del fuerte viento que no ha cesado un minuto, ha resurgido con fuerza en Sabzevar. Un cincuentón se acercó a la salida de la ciudad para ofrecer su ayuda. Había estado hacía 19 años en Italia, estudiando farmacia, y desde entonces no había vuelto a salir del país ni a hablar la lengua de Paolo Conte. Por haber compartido piso durante unos meses en El Cairo con dos ragazzas italianas (Alex y Claudia) puedo parlar un poco esa lengua y así comunicarme con Holam, nuestro mecenas en Sabzevar. No está de acuerdo con las radicales reformas de la revolución, y su mujer tampoco, y sufre en silencio un deseo de un Irán un poco más abierto. Sus hijas de doce y trece años están ahora buscando una escuela para seguir sus estudios. Una que no les obligue a llevar la Hijab. Con colocarse el pañuelo cubriéndoles la cabeza ya tienen bastante. Es una obligación en Irán. Incluso en los lugares oficiales o gubernamentales los empleados no pueden ir en camisa de manga corta. Así haga 45ºC afuera.