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Georgia

show

Un show que no esperaba

En el metro que hemos tomado para llegar a la sede de Cáritas, a las afueras de Tbilisi, dos niños han entrado a cantar. En realidad han venido a pedir dinero, pues no cantaban ni media estrofa y ya se bajaban. Me he colocado mi nariz de clown y, al menos, les he arrancado unas sonrisas. Ellos no vendrían a mi espectáculo que tendría lugar una hora más tarde en una calurosa sala de la tercera planta de Cáritas.

vodka

Vodka mejor que tomate

En Armenia un kilo de tomates cuesta dos euros y una botella de vodka tan sólo uno. Parece evidente por qué la gente se emborracha. Es una cuestión puramente económica.

chapa

Armenia chapa y pintura

«La espera forma parte de la alegría», dice el gran Rosales, y el día que me den la visa de Irán saltaré de contento. Pero de momento la espera desespera y por eso he decidido abandonar la capital de Georgia y darme un rodeo de casi mil kilómetros por Armenia, su vecino del sur. La visa de Armenia te la dan en el acto en la frontera (entiéndase en el acto de pagar 15.000 drams que al cambio son 33 euros).

ujeres

Mujeres a la pista

Al pasar cerca del punto donde el coche casi me mata me detuve a tomar un poco de aire. La mancha de la frenada de la rueda en la carretera ya estaba casi borrada. Mi corazón se aceleró. No sabía si era yo el que estaba viendo esa escena o mi espíritu. La mañana era fría y unas mujeres aguardaban en la carretera con dos enormes sacos de te.

vivo

Vivo para contarlo

…y lo puedo contar porque estoy vivo. Y además con casi ningún rasguño. La pobre Kogadonga no puede decir lo mismo. Fractura de la parrilla trasera, alguna alforja un poco tuerta y esperemos que no haya sufrido un derrame en el cuadro. Ver venir un coche por el arcén en dirección contraria no es algo que me pille de sorpresa.

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