«Ni siquiera uno de mis amigos se ha planteado la posibilidad de arriesgar, de viajar, de soñar, de apostar por una vocación, o por otro estilo de vida (…);la sociedad de consumo, la atadura al trabajo, y sobre todo el miedo, los miedos nos han vuelto mecánicos, pusilánimes, acomodaticios, … incapaces de dar la vuelta a la tortilla«.
Así me comenta por correo electrónico un antiguo amigo de la época universitaria en Pamplona. Se de lo que me habla. La mayoría de la gente con la que me encuentro en mis viajes suele preguntarme precisamente por eso: la fórmula mágica para dar la vuelta a la tortilla. De donde obtuve yo el coraje para, hace más de 10 años, abandonar el barco de la felicidad efímera del consumo y la inestable seguridad de unos muros y un salario.