Cuidado, es ramadám
Que alegria dejar atrás la isla de Java. Una isla con más de 100 millones de habitantes no puede traer más que exceso de vehículos, de suciedad, de ruido y de problemas. Afortunadamente he encontrado muy buena gente que me ha ayudado en el camino. Como los chicos de Solo o los periodistas de Jombang que me dieron hasta una pequeña fiesta con una danza tradicional la noche de mi llegada. El danzarín era uno de los periodistas que, tras ir a cambiarse y a maquillarse, más bien parecía un maniquí.
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