Asia

arrozales

De arrozales, demonios y arquitectos

La luz del atardecer se prolonga ahora un par de horas más y me permite avanzar por estas montañas chinas. Son pequeñitas pero demoledoras cuando se alían con un sol sin nubes y 40ºC. Más o menos cada día me toca un puerto de 1.500 metros. Me las prometía felices por una carretera recién asfaltada cuando un motorista, que acababa de pasarme en dirección contraria, me esperaba en la cuneta. No le había visto adelantarme concentrado como estaba en que la bici no se quedara pegada al asfalto derretido. Al quitarse el casco amarillo dejó ver un pelo del mismo color y unos rasgos nada chinos.

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marron

Hacia el color marrón

Roberto, durante los días que me visitó en Laos, quería acampar un día conmigo, jugar al tenis y que lloviera mientras pedaleábamos. La lluvia no le esperó. Me cayó el día que abandonaba Oudomxay (Laos) por una carretera en destrucción (o en construcción dependiendo del punto de vista) rumbo a China. Para ser la única frontera abierta entre Laos y el gigante amarillo sorprende que esté en tan mal estado.

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343 s

Dos son compañía

El río Mekong está muy bajo. Las grandes presas que están construyendo en China están afectando a los países que viven cerca del río. Un mal que sólo la lluvia puede resolver. La temporada seca llega a su fin cuando el termómetro alcanza los 45ºC en las carreteras de Laos. Tras los primeros días en la capital de este tranquilo país, Roberto y servidor emprendimos rumbo al norte. Primero había que conseguir una bicicleta para él. Fue cuestión de horas y de unos cuantos euros. De Vientianne pretendíamos subir hacia Luang Prabang por una carretera que salvaba varios puertos de más de 20 kms. La primera etapa de 81 kms fue histórica.

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Aquí a Laos

Tardé un día más de lo previsto en salir de Vietnam. El mapa que tenía era tan malo que me perdí en una jungla de carreteras secundarias. Eso, aderezado con unas divertidas instrucciones de algún vietnamita cachondo, me tuvieron un día arriba y abajo moviéndome casi en círculos. Vietnam ha sido el país donde, en proporción al número de noches, he pernoctado más noches en la tienda. La hospitalidad de ese país es comparable a la luz que brindan los fuegos artificiales. Casi todos los vietnamitas dominan dos palabras en inglés que escuché con demasiada frecuencia: hello y no. Te dicen hello más como una broma que como un saludo. Y al ir a pedirles un lugar para dormir te sueltan el no. Ni en escuelas, ni en policías, ni en edificios del gobierno, ni en Iglesias católicas?; nada.

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cronias

Cronica desde la Cochinchina

Más o menos una pagoda para cada 1.000 habitantes. En la capital cultural de Hue, una ciudad atravesada por el río Perfume, esa es la estadística. Al norte del oloroso río se extiende el bullicioso mercado y la vida más vietnamita. Al sur del río los franceses construyeron bonitos edificios de estilo streamline moderne. Desde la estación de tren hasta el puente de Trang Tien (sólo circulable a pie en moto o en bici) la calle Le loi es la meca del turismo. Trasportados hasta aquí en jaulas de cristal, los turistas echan pie a tierra y comprenden que el mejor modo de conocer esta bella ciudad es a pie o en bici. Los que ya no tienen fuerzas para pedalear se suben a alguno de los enormes triciclos que, por unos dólares, les dan un par de vueltas a la manzana.

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otro planeta

Otro planeta

En Vietnam los coches no tienen intermitente (al menos yo no he visto que los enciendan). La técnica desarrollada por este país que un día fue comunista para adelantar es simple y sonora, no lumínica. Cuando ven en lontananza un objeto que pueden sobrepasar hacen tocar el claxon incrementando (si cabe) la intensidad y la frecuencia a medida que se aproximan al objetivo. En el preciso instante de sobrepasarlo dejan clavada la mano en el claxon convirtiendo lo que había sido un estridente y horrible pitido en una estridente y horrible sinfonía de pitidos. Cuanto más pequeño es el objeto a adelantar mayor es el número de pitidos. Por ejemplo no se debe tocar igual si se adelanta a un coche que si se hace a un O.R.N.I (objeto-rodante-no-identificado, como bicicleta). Si dos vehículos se encuentran frente a frente adelantando ganará el mejor solista.

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javi

Javi Grossi in memoriam

Durante la época en la que opositaba a Notarías en Oviedo le conocí. Una radiante sonrisa y una vibrante energía eran las características más notables de Javi Grossi. Una tarde africana encontró la muerte en un accidente de coche mientras realizaba labores de voluntario. Era un chico de mi edad. Era mi amigo. Se fue. Todos nos iremos pero a él nos lo arrancaron de cuajo.

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polvo

El polvo no llega al sol

Durante unos días he compartido carretera con un ciclista suizo que lleva dos años pedaleando y tomando café. Ha optado por vivir en la ruta con cierto confort y por eso carga en su remolque una silla, una mesa y hasta una cafetera italiana. Unos cien kilos. Por el camino ha perdido unos 15 kilos de grasa que tenía adosada a sus músculos antes de partir. Y ha dejado de consumir un paquete de cigarrillos al día. Ahora solo fuma dos. Su media naranja le espera en Suiza esperando los vientos propicios para unírsele. No estaba acostumbrado a distancias de 100 kilómetros diarios y tampoco había experimentado eso de ir a un templo a pedir asilo.

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ruinas

Unas ruinas que valen un país

Camboya podría bien llamarse Angkor. Las ruinas de Angkor, los templos de Angkor, están presentes por todo el país. Las tres torres más famosas de Ankor, que reciben miles de visitantes a diario, aparecen en el centro de la enseña nacional. Hay hasta cerveza Angkor. Cuyo precio va de medio dólar a cuatro depende de donde la tomes y de lo espabilado que sea el vendedor.

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