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343 s

Dos son compañía

Tan sólo nos faltaban cinco kilómetros para llegar a nuestro posible destino cuando mi pie izquierdo se encontró en el asfalto. Más que parado me quedé sorprendido. No recordaba haberle dicho a mi pierna que dejara de pedalear. Tampoco tenía noción de haber sacado mi pie de la correa que lo sujetaba al pedal. De hecho el pie seguía dentro del pedal, bien sujeto por la correa, y yo no me había caído. La primera explicación que mi cerebro me ofreció (un poco agotado por el calor, aclaro, por si sirve de excusa) es que alguien había subido el asfalto por el lado izquierdo de mi bici. Como si me hubiera alzado hasta un escalón. Es decir, tenía los dos pies dentro de las correas de los pedales pero el pie derecho estaba en el aire y el izquierdo en el suelo. Le ofrezco ahora al lector la posibilidad de volver a leer este relato, cerrar los ojos, e imaginar la situación para ver si me puede encontrar una situación a este acertijo literario.

La solución es que la biela de la izquierda se rompió por la mitad. Como si fuera chicle. Parece ser que un antiguo golpe en la biela puedo provocar esa cómica rotura. Si difícil había sido obtener una bici de gran tamaño para Roberto, comprar una biela en domingo parecía de risa. Pero lo conseguimos en sólo una hora y regresamos a la ruta.Los cinco días que tardamos en llegar a Luang Prabang los disfrutamos riéndonos de nuestro destino que nos había hecho regresar en un camión a Vientianne, cocinando chorizo de Bañares (La Rioja) en una parrilla laosiana y acampando a la noche con BeerLao. En algunos de los pueblos donde la noche nos encontraba no había más que una pequeña pensión en la que por 5 euros podíamos dormir. Un precio que, de estar solo, no estaría a mi alcance, pero que al viajar con Roberto no era un problema. Su generosidad ha hecho que no sacara la cartera ni un solo día de los 15 que hemos estado juntos.

Desde Luang Prabang tomamos un barco que nos condujo, tras 10 horas, a Pak Beng al oeste del país. Desde allí faltaban las dos últimas etapas hasta Oudomxay, nuestro destino. Es una tranquila ciudad ya cerca de China que cuenta con una de las mejores agencias de viajes en bici por el país. Su fundador, Ken, nos compró la bici de Roberto y guardo la mía mientras he regresado a Vientianne a acompañar a Roberto en su retorno a España. Roberto me ha pagado el billete de avión de ida y vuelta hasta aquí, lo que me ahorra dos días de viaje en autobús. El domingo dos de mayo estaré pedaleando rumbo a China, cuya Embajada en Vientianne, me ha dado la visa por 6 meses gracias a las cartas de invitación de dos amigos españoles que viven en ese gran país: Tino y Diego. Al primero le conocí en Zaragoza cuando di una de mis conferencias por el año 2.004, y al segundo aún no le conozco personalmente.

Desde la ruta, de nuevo solo, Paz y Bien, Álvaro el biciclown.

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Pescando en el Mekong
Chorizo de Bañares-Chef Portu Entrando a Vientianne

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