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Espectáculos

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Los doce inesperados días de Bhiskek

No tenía intención alguna de visitar la capital de Kyrgigistan. Con la nueva rueda mis problemas con Kogadonga parecían resueltos en Tashckent. Nadie podía imaginar que los supuestamente mejores radios del mercado fallarían a los quinientos kilómetros. Sentir la rotura de un radio debe ser algo así como que a Paco de Lucía se le rompa una cuerda de su guitarra en mitad de Entre dos Aguas.

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Un show que no esperaba

En el metro que hemos tomado para llegar a la sede de Cáritas, a las afueras de Tbilisi, dos niños han entrado a cantar. En realidad han venido a pedir dinero, pues no cantaban ni media estrofa y ya se bajaban. Me he colocado mi nariz de clown y, al menos, les he arrancado unas sonrisas. Ellos no vendrían a mi espectáculo que tendría lugar una hora más tarde en una calurosa sala de la tercera planta de Cáritas.

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Los milagros de Cana

En la mayoría de las esquinas de Beirut hay tanquetas militares en cuya torreta un soldado echa la siesta. Están cubiertas por un toldo que brinda sombra fresca al militar o lo resguarda de la lluvia que arremete con fuerza inusitada. A los pies del mastodóntico vehículo otro soldado no quita el dedo del gatillo del fusil mientras observa el hipnótico andar de una libanesa que, con su cadencia, hace tambalearse el tanque.

asko

Asko Center Children

Hay shows que tienen más que ver con la fe ciega que con la buena voluntad de las personas. La Embajada de España en Addis se ofreció a apoyarme en la organización de un show. El cónsul, Borja, incluso asistió a mi primer espectáculo en Addis. Conocía, por tanto, y valoraba mi trabajo de actuar para la gente más humilde de forma desinteresada, y desplazarme por el planeta en bici. Así me lo hizo saber desde el principio.

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Un clown en la Alianza

Los primeros días en Addis, me dejé caer por la Alianza Francesa, un jardín de relax en mitad de la trepidante actividad de la capital. Estaban cerrando el programa de actividades de Abril, Mayo y Junio. Mi deseo era ofrecer mi espectáculo para un público diferente. No serían chicos de la calle, ni refugiados políticos, ni enfermos, sino todo aquél que pudiera costear los menos de 2 euros de entrada. A cambio le pedí a Guy, el director, un poco de dinero y un lugar para conectarme a Internet cada día. La gente que he conocido en la Alianza vale cien veces más que ese dinero. Compartía despacho con Aida, diseñadora gráfica que me presentó a su amiga Marsha, quien no dudó un segundo en ofrecerme un palacio (sin muebles pero palacio) para vivir.

risas

Risas en el norte

Esta vez pude comprobar los efectos del show. Generalmente no me quedo mucho tiempo en los lugares donde actúo. Pero en Wukro pasé un día más. Ángel no pudo asistir al show, pues tenía una reunión con mujeres a las que había dado crédito. De 98 que debían acudir fueron sólo 11. Pero no por eso se le borró la sonrisa.

pasion

Pasión!!!!

A los tres días de llegar a Addis, un domingo de religioso calor, tomé dos autobuses para llegar hasta Mekanissa. Allí los salesianos italianos tienen una gran escuela, y un proyecto con niños de la calle. Don Bosco street children. Una chica blanca me salió a recibir. Era una voluntaria aragonesa, Teresa, que lleva aquí varios años haciendo «deto´». Le conté mi proyecto, y mi idea de hacer allí mi show, pero se fue volando a repartir galletas a los niños y me situó en el tercio de varas ante el director Sandro. Un fortachón y bonachón italiano. No puso objeción para el show, y quedaron en hacer publicidad en la escuela, imprimir carteles…

servir

Servir a los demás sonriendo

La llamada para servir a los pobres es una invitación a la felicidad?
Es el lema de los Misioneros de los Pobres, una obra social católica fundada en la isla de Jamaica y que ha llegado a Uganda. El rostro de los más de ocho hermanos que trabajan, día y noche, en el centro abierto en un barrio muy humilde del viejo Kampala, corrobora ese slogan. Todos sonríen.

payaso palabra

Palabra de payaso

Uno de los objetivos en Kigali era conocer el Centro de chicos de la calle que los salesianos habían abierto en un humilde barrio de la capital de Ruanda. Allí quería ofrecer mi espectáculo.

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