En la Isla de Bad
A los tres días de llegar a Islamabad apareció el dueño de la casa en la que me hospedaba. César regresaba de España tras sus vacaciones anuales. Me sentí extraño recibiendo a alguien en su propia casa. Hacía años que no nos veíamos, desde que nos conocimos en Zimbabwe, pero poco había cambiado. Me encontré el mismo hombre sencillo que dejé atrás. César se ocupó de mí todos los días, casi dos semanas, que pasé en la Isla de Bad. Gracias por tu generosidad.










