Una redundancia de isla
Tenía la partida ganada. El mate en la cabeza. Era cuestión de dos o tres movimientos, no más de cinco. A lo sumo ocho pero seguro que menos de diez. Pero no tuve oportunidad y me ganó. Bueno no me ganó, me rendí. O sea, reconocí su victoria antes de que esta se produjera. Y lo peor de todo es que la posición no era de mate. Tenía una salida aunque yo no la vi. Es justo por lo tango decir que me ganó en justa lid. Su hija más pequeña miraba con orgullo a su padre (aunque lo hubiera mirado así de cualquier modo pues no entendía de ajedrez).
Una redundancia de isla Read More »










