Vuelvo a contemplar el abrazo del cielo y el mar, son canales, pero es el mar, y ajusto mi alímetro a cero. Pedaleo por Puerto Natales con una emoción lejana, con recuerdos de la primera vez que lo hice. Era más jóven, tenía menos vida, había apenas comenzado a escribir (reescribir) mi historia. La bici era más ligera y el suelo no estaba resbaladizo. Llevaba poca ropa puesta y hoy sólo la piel de mi cara está expuesta al gélido viento.
El horizonte es una línea que el nómada nunca logrará tocar pero que le guía como un imán invisible. Mientras haya tierra que pisar habrá un motivo para pedalear. No importa que esa tierra haya sido ya hollada, porque la pisada es diferente, la mirada es ahora más universal. No se trata de comprenderlo todo sino de cuestionarlo todo. No des nada por hecho, no te creas lo que te cuenten. Pruébalo. Tal vez si se pueda pedalear por la Luna y lo de la falta de la gravedad es para que aquéllo no se llene los fines de semana.