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Uzbekistán

cincuenta mil

Los cincuenta mil

La capital de Uzbekistan, parece dormir un sueño eterno del que no puede despertar al menos en julio. Las temperaturas en las ciudades más importantes del pais siempre superan los 40 C. Taschkent tiene grandes avenidas pero pocos coches. Algunas calles están hasta bien asfaltadas y parecen ideales para un criterium ciclista. El dia que llegué aqui lo hice con la buena intención de descansar. Pero Tanya, el ángel de la guarda que nos aloja aquí, no lo veía igual. Se tomó el dia libre para pedalear con nosotros por la capital. Mas de cuarenta kilometros, en una etapa de descanso mas propia del tour de Francia que de una vuelta al Mundo. Andie y Salva no se quejaban pero tampoco les agradaba el paseo.

algodones

Entre algodones

La frontera de Turkmenistán con Uzbekistán cierra para almorzar. Le echan el candado a la valla y los funcionarios turkmenos se van a la cantina a comer y a dormir. Yo aproveché para bañarme en el río y asearme un poco. Siempre los trámites son más sencillos cuando uno está bien presentado. Para entrar en Uzbekistán hay que pasar un control médico. En una sala de tres metros por un metro, un doctor (creo) echa una siesta en la camilla.

melones

Tenemos los melones por los suelos

Un empujón, los últimos metros, una noche más y ya estoy saliendo de Uzekistan. Un país que, como los anteriores que he recorrido de la Antigua URSS, tiene la sonrisa perdida. Borrada por un futuro incierto y una amplia selección de Vodkas. No me asombran ya los supermercados con media superficie dedicada a bebidas alcohólicas. Ni tampoco las mujeres que venden en la puerta de sus casas refrescos o un cubo de tomates o de manzanas. Es la época

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