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Siria

visto

Me visto y vuelvo

Y esto no ha hecho más que empezar puesto que cada pedalada me adentrará aún más en el congelador. En enero, y con rumbo Nordeste, no puede ser de otro modo. Así que he decidico hacer un requiebro a las nubes, un quite taurino templando y mucho con la mano izquierda, y me voy hacia el Sur. Rumbo a Beirut en el Líbano; me visto y vuelvo al camino. Allí espero poder recibir un paquete con material de invierno más potente que, una vez más, la tienda de montaña OXÍGENO pone a mi disposición con todo su cariño-goretex. Nuevas botas, chaqueta, calcetines y guantes. De otro modo la congelación es segura en estas tierras. Cada mañana miró con escepticismo el termómetro que, con pereza de lunes colegial, no llega hasta los 0º C hasta bien entrada la mañana. Y eso los días que el sol se desnuda de nubes, pues cuando éstas cubren el cielo, la nieve hace acto de presencia y complica más aún el pedaleo. Así ocurrió ayer cuando llegué a Homs, la tercera ciudad en importancia de Siria.

calor

Buscando el calor del invierno sirio

Mis amigos partieron de madrugada y el último desayuno en el hotel donde me alojaron en Amman lo disfruté solo. Es duro dejar las comodidades por lo desconocido, pero en eso radica mi vida. En saltar de interrogante en interrogante. El frío se ha adueñado de esta parte de Oriente Medio y me persigue con feroz tenacidad. Conseguí llegar cerca de la frontera pero decidí pasar mi postrera noche jordana. No encontré buen sitio para acampar, la policía no fue de mucha ayuda, pero finalmente un tal Cusin se apiadó de mi y, cuando ya anochecía, me abrió la reja de un recinto militar para que montara mi tienda a la sombra de un pino. No tenía fuerzas para cocinar, así que eché mano de una lata de fabes con chorizo que mis amigos de Toursa me enviaron para que pasara la navidad. Liquidada y con motivo suficiente. Me fui al saco a tratar de buscar el calor perdido.

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