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Australia

Cuando el color negro es rosa

Cuando el color negro es rosa

Mis día en Australia fueron de menos a más. Empecé con una infección en un pie gastándome 80 dólares en medicinas y médicos y acabé con una completa revisión dental y de mi bici gratis en Melburne. La gente cada vez se volcó más en mi proyecto y, de haberme quedado más semanas, hasta hubiera podido hacer mi espectáculo. Pero las visas son al viajero lo que las rejas al prisionero. Hay que salir antes de que te caduque o te la juegas. Renovar mi visa australiana me costaba más que volar a Nueva Zelanda.

cumple del biciclown

Cumpleaños del Biciclown: 10 años

Todos los miedos del mundo se subieron conmigo a aquél avión que me dejó en el aeropuerto de La Paz (Bolivia) hace 10 años. Había abandonado un buen trabajo y no tenía ni idea de lo que me podía esperar. Lo peor en toda aventura es comenzar. Al estar solo todo depende de ti. No hay nadie con quien consultar las decisiones, ni nadie con quién compartir las dudas. Deseas llevar ya medio camino pero no es posible saltarse la introducción .Y ahora, diez años después, estoy a punto de llegar a Melbourne. En la otra punta del mundo.
bucear en la basura 1

Bucear en la basura es como tocar jazz

No es por necesidad. Puedo vivir sin saltar dentro del cubo de la basura. Si bien es cierto que muchos de los productos que allí se encuentran superan mi presupuesto y, de no hacer la inmersión subcubina, no los probaría. Pero no es por necesidad sino por convicción. Por rebeldía, por desacuerdo con un sistema y una sociedad que tira a la basura kilos (toneladas) de comida en buen estado. En Australia la ley de algunos estados prohíbe darlos a caridad y acaban en los contenedores. Incluso rociados con detergentes para evitar que los jóvenes que por la noche se sumergen en la basura para rescatar la comida puedan consumirlo.
la sonrisa del nomada

3,2,1… La Sonrisa del Nómada

Ya se terminó el Clownfunding y la cifra total de productores de La Sonrisa del Nómada no podía ser más curiosa: 321. La cuenta atrás ha sido perfecta y el puzzle que llevamos construyendo desde hace más de un año está a punto de ver la luz. El 1 de Octubre saldrá a la venta, y antes, los clownfunders que lo solicitaron lo recibirán en su domicilio. Paquebote se encargará de ello. Braulio ya está metiendo en su base de datos, con algunos golpes como a los pulpos recién pescados, las direcciones de los clownfunders.
un dulce reencuenro

Un dulce reencuentro

Recorro las calles de Charters Towers buscando un negocio de telefonía. El pueblo es tan pequeño que si me despisto me salgo. Necesito internet. Estoy en las fases finales de edición de La Sonrisa del Nómada y debo revisar los últimos cambios. Es un momento crucial. Pero en internet hay menos internet que lluvia. No tengo otra opción que comprar un usb por 80 AUS. Pero además debo cambiar de ruta. Por donde yo venía, el interior, no hay internet. Sólo está disponible en la costa. Una ruta transitada permanentemente por coches y camiones. La Sonrisa del Nómada me hace cambiar los planes, pero no solo ella.
viento y tierra

Viento y Tierra

Había oído hablar de los Road Trains pero nada de lo escuchado hace justicia a esos monstruos articulados de acero de 55 metros de columna vertebral. Los carteles de carretera aconsejan sintonizar el canal 40 en UHF para avisar al conductor de que estás detrás de ellos y tienes intención de adelantarles. En mi caso me conformo con no ser succionado por alguna de las ruedas de sus trailers. Cuando la carretera está en obras, lo que parece habitual entre Atherton y Charter Towers (más de 400 kms), no hay más que un carril asfaltado. Los Road Train lo habitan en el centro igual que si estuvieran adheridos con un imán. El resto de los mortales nos apartamos como si viéramos la peste al oir el zumbido de estos monstruos. Menos suerte tienen los canguros que son sistemáticamente cegados por las potentes luces de los coches y son atropellados cada noche al tratar de cruzar, a saltos, la carretera. Cada día contabilizo más de quince de estos animales, símbolo de Australia, cuya carne es comida muy lentamente por los pájaros. Su olor a muerte, pesado y penetrante, es el aroma que recordaré de estos campos australianos.
tiempo de aseguradoras

Tiempo de aseguradoras

Tras las últimas e inolvidables muestras de hospitalidad japonesa, a cargo de Daisuke y de Michi, subí al avión rumbo a Australia. Un vuelo nocturno de ocho horas en el que no era posible dormir. Cada tres horas las luces se encendían a bordo y las herméticas señoritas te ofrecían comida. Pagando con tarjeta claro está. Pero ni tenía hambre ni tarjeta. Un error de mi banco hace que desde hace semanas no tenga acceso a mis ahorros. Despertado cada tres horas me sentía como esos pollos en granjas industriales a los que los despiertan para poner huevos.

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