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Malasia

cumplieron

Cumplieron

La lluvia tardó un par de días en abandonarme. Me zafé de ella en cuanto me acerqué a la frontera de Tailandia. Dos días antes de llegar a Kota Bharu (aún en Malasia) el sol me trajo de nuevo a mi sombra. La echaba de menos. Sucedió además en una pequeña y secundaria carretera. Tan secundaria que los coches no podían pasar por los puentes. Demasiado estrecho para sus cuatro ruedas. Sólo el tren podía hacerlo.

algunos motivos

Algunos motivos

En un restaurante de carretera en Borneo (Malasia), el agua almacenada en un tanque ad hoc y con hielos (de los de cubitos), es servida gratis a los clientes. En la pared aparece escrito el menú, con precios y todo, y al ir a pagar te cobran lo mismo que figura en el panel. Sin haberlo ordenado, junto con la comida solicitada, te proporcionan una sopa. La televisión está apagada, pero no porque esté estropeada, sino porque no la han encendido. De este modo en el restaurante reina casi el silencio o se escuchan algunas conversaciones. Nadie viene a preguntarte, nada más llegar, de dónde vienes y a dónde vas. Sobre la mesa en vez de un rollo de papel higiénico hay servilletas. También son usadas para envolver los cubiertos, individualmente, y protegerlos de las moscas. Las fotos que adornan las paredes tienen marcos y están colgadas a la misma distancia del techo guardando así cierta harmonía. El techo está pintado de un color y las paredes de otro, pero no porque se haya terminado la pintura, sino por una opción del dueño. El local tiene cierto gusto. Afuera hay un lavabo que tiene hasta un dispensador de jabón. Este está lleno. El reloj de pared, modelo estación Atocha, da la hora correcta. Poca gente fuma.

no queden praus

No queden praus

No queden grillos, solo cemento, solo ladrillos…Así lo dice Jerónimo Granda en un disco con letra de Jaime Herrero, el poeta-pintor, que engalanó las páginas de mi libro Kilómetros de Sonrisas.

esa voz

Esa voz me suena

Un hombre vestido de blanco y con mascarilla me pidió, amablemente, que le acompañara hasta una mesa donde había más personas provistas de la misma higiénica vestimenta. Aparqué mi Karma y le seguí. No estaba seguro de si era policía y si yo debía prestarme a lo que pedía. Le acompañé más por curiosidad que por obediencia a la autoridad.

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