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China

presente negro

Presente negro futuro rosa

El tiempo no cuenta: es un comentario que hago en el dvd El Arte de Vivir del artista serbio Nenad Jovanovic. Y curiosamente lo he leído recientemente en un poema de Paul Valery. Me alegra haber llegado (ya hace casi seis años) a esa conclusión. Y ahora que acabo de cumplir 43 años de existencia me reafirmo. Pero no tanto por llevar vividos todos y cada uno de esos 43. Sino especialmente los últimos 7 u 8 que son los que he pasado encima del sillín. Porque han sido inolvidables por la intensidad de lo vivido. Millones de gracias a todos-as los que os habéis acordado de mi en mi cumpleaños. Se le queda a uno cara de tonto al ver tantos mensajes de gente que ni siquiera sabía que existía. Fue un día bastante rutinario y hasta con dificultades a la hora de buscar un lugar donde colocar la tienda por la noche. Pero saberme recordado me rescata del anonimato.

cumpleanos

Un cumpleaños contra el reloj

Sales a la calle con tu bici cargada. (Ayer llovía pero hoy el cielo parece conceder una tregua). Te diriges hacia el Este por una carretera de tres carriles, hasta que quedan dos, y luego uno sin arcén. Preguntas un par de veces si vas en la dirección correcta y, para cuando miras el reloj, ya llevas 20 kilómetros.

hambre de bota

Hambre de bota

Charles Chaplin tenía tanta hambre en una de sus películas que pensó que su bota era un pollo. Algo parecido me ha ocurrido estos días con algunas diferencias. Su hambre era digestiva la mía tenía más que ver con el otro sexo.

la kora

La Kora del Machen Kangri

Lo más parecido en España sería el Camino de Santiago. Pero ahora imaginad que ese camino pasa por lugares de más de 4.000 metros de altura, que no hay restaurantes, pueblos ni hoteles por el camino. Que el viento te raja la piel y la lluvia se cuela por la tienda durante la noche. Que no hay carnet de peregrino ni cerveza al llegar al final del peregrinaje. Que no hay autobús de vuelta a casa sino que el hay que desandar el camino. Y, por si eso fuera poco, que muchos no hacen el camino a caballo, en bici o a pie. Sino que van postrándose, metro a metro, con toda la longitud de su cuerpo, para volver a ponerse en pie y avanzar tirándose al suelo…, y de nuevo en pie, y de nuevo al suelo. Así van haciendo el camino.

enterramientos

Enterramientos en el cielo

No es esta una historia fácil de escribir ni de leer. Pero no contarlo supondría ocultar una parte importante de la cultura tibetana. A 4.000 metros de altura, cuando en Junio puede caer una nevada, la tierra es dura y no permite que la azada le abra un agujero de metro y medio. No es posible por lo tanto enterrar a los muertos. Por causa de la misma altura los árboles escasean. No hay leña suficiente para incinerar a los muertos. Qué hacer con ellos? La respuesta tibetana es tan lógica como difícil de digerir para nuestra cultura. Que sean los buitres carroñeros los que hagan el número de magia. Hay que pensárselo tres veces para ir hasta la montaña para presenciar la ceremonia.

yaks

En tierra de yaks

Son posiblemente lo más parecido a un vaquero que puedes ver hoy en día. Aunque no van ya a caballo sino en moto. Las marcas de estos vehículos son de risa. Unos nombres de lo más imaginativo aunque todas acaban rezumando Honda, Yamaha o Suzuki por alguna parte de su nomenclatura. Los jinetes o pilotos llevan sombrero de ala ancha estilo Jhon Wayne y no casco. Calzan botas de cuero (o casi) y llevan gafas de sol estilo Ray Ban (o casi). Unas enormes chaquetas, las mangas son vez y media el brazo, los resguardan del frío que acostumbra a hacer a 4.000 metros. Posiblemente ninguno tenga licencia de conducir ni haya recibido clase alguna. Ya se han visto jinetes tratando de frenar la moto tirando del manillar hacia atrás. Casi todas van equipadas con un potente altavoz que las anuncia de lejos tanto como el motor del vehículo. Las melodías parecen cantadas por una madre que está viendo torturar a su hijo.

litang

La estrella fugaz de Litang

Junio me pilló en las alturas, en los pasos de más de 4.000 metros que desde hacía años había soñado recorrer un día. Pasos largos, interminables, algunos de los cuales hay que hacer en dos días pues si coronas a la tarde tal vez no encuentres donde colocar tu tienda por la noche. Terrenos que el viento ha hecho imposible habitar. Nadie se detiene en estos lugares. Todos estamos de paso. De paso por los pasos. Aunque cuanto más alto subo con mi bici más pequeño me siento.Texto de introducción

tigre

El tigre no pasó por Dali

Algunas noches aún debo quemar las espirales que ahuyentan a los mosquitos. Y eso que estoy a más de 2.000 metros de altura. ¿Será cuestión de subir a los 4.000? No creo que sean portadores de malaria pero molestan más que un yak, que es lo que uno esperaría encontrar por estos pagos. Más que la malaria me preocupa ahora la Girardia, o como se diga. Una bacteria hallada incluso en el agua más trasparente y generalmente trasmitida por los animales.

ea9cp

EA9CP

La antena medía unos dos metros y medio (aunque se plegaba, insistía Toño). El trasmisor pesaba casi tres kilos (pero que era eso para mí, decía Toño)

arrozales

De arrozales, demonios y arquitectos

La luz del atardecer se prolonga ahora un par de horas más y me permite avanzar por estas montañas chinas. Son pequeñitas pero demoledoras cuando se alían con un sol sin nubes y 40ºC. Más o menos cada día me toca un puerto de 1.500 metros. Me las prometía felices por una carretera recién asfaltada cuando un motorista, que acababa de pasarme en dirección contraria, me esperaba en la cuneta. No le había visto adelantarme concentrado como estaba en que la bici no se quedara pegada al asfalto derretido. Al quitarse el casco amarillo dejó ver un pelo del mismo color y unos rasgos nada chinos.

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