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Tras los pasos de Cook

Nada me pone más nervioso que tomar un avión con mi bicicleta. El domingo me subiré a tres. No es miedo a volar. Es miedo a que rompan la bici al lanzarla desde la bodega del avión al carro de las maletas. En estos momentos siempre recuerdo la historia que hace unos cuantos años me contó Lorenzo en Mozambique. Era casi en el inicio de sus viajes por el mundo (lleva 14 años) y volaba a Australia. Le destrozaron la bici en el vuelo y como compensación le dieron 300 usd. Lorenzo ni siquiera se defendía en inglés y con su carácter apacible y reservado no iba a protestar. Un pasajero le ayudó a cobrar esa pequeña indemnización y le llevó hasta una tienda de bicis. Allí le vendieron una bici de segunda mano. Le costó 300 usd. Era de acero, de color verde y es con la bici con la que llegó a Mozambique y con la que ahora sube por los Estados Unidos rumbo a Alaska. En este último lugar tal vez nos encontremos de nuevo este año.