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Colombia

A paso de hormiga por La Hormiga

¡Ay qué caminito!, para llegar hasta la frontera más sencilla e informal de los últimos años. Una ruta que no concede un descanso ni a las piernas ni a los frenos. En Mocoa descansamos unos días hasta que el estómago recuperó la tranquilidad y no nos obligaba a ir al baño cada vez que comíamos. Salimos de Colombia por una carretera que hacía simpáticas curvas en alegres subidas y bajadas que pronto llegaron a ser, todas ellas, tanto las curvas como las subidas y hasta las bajadas, odiosas. Un oledoducto discurre paralelo como una valla o un quitamiedos, a la sinuosa carretera. La idea del gobierno colombiano es pavimentar todo esto para descentralizar el tráfico pesado que, hoy por hoy, sólo cruza de Ecuador a Colombia por la única frontera terrestre, la de Ipiales. Por ahí crucé hace 12 años y era el momento de probar otras fronteras, por más que en el mapa cueste descubrirlas. Hace 12 años, los pueblos que jalonan esta ruta eran fábricas de coca y prostíbulos.

Al escondite con la lluvia y con la muerte


La espera forma parte de la alegría, decía el gran Luis Rosales. En esta época de grandes lluvias en Colombia, yo añado que forma también parte de la vida del nómada. Ha llegado el invierno, lo que significa lluvias fuertes que obligan a refugiarse hasta que las nuebes muestren algún signo de debilidad. Es habitual que por la noche llegue la principal tormenta, pero ésta al igual que la alegría, no entienden de calendarios. La única especie animal que se rige por calendarios es la humana. Esa estructuración del tiempo en días, semanas, meses y años es una de las formas de esclavitud más antiguas aún no abolidas.

El show del paraíso y la hipocresía mediática

Este espectáculo, el número 63 de la vuelta al mundo, es hijo de las redes sociales. Como siempre hago solicité a mi Embajada en el país que estoy recorriendo, ahora Colombia, contactos para llevar mi espectáculo, gratuito y para todos los públicos, a algún sector marginado de la gran urbe de Bogotá. De los contactos que me facilitaron, cinco, escribí a todos pero nadie contestó. Y de repente un día en twitter veo que una ong llamada holaghana está interesada en organizarlo. El fundador es un español, Óscar Pérez, que a una edad semejante a la que yo tenía cuando decidí dejar mi trabajo de salario fijo y sueños pospuestos, dio también el portazo y creó su propia ong para vivir más en armonía con el universo. Ahora está en Colombia y en apenas dos años ha creado una red de lazos muy fuertes con otras ongs y personas que viven en una parte de Bogotá que, muchos bogotanos, nunca han pisado ni pisarán: Ciudad Bolívar.

Doña Pepita y su merced

Las malas rachas, como las tormentas, a veces se ven venir. Estoy en racha (mala) con la autoridad. Porras es el agente número 193834, número demasiado largo para protagonizar una película de James Bond, pero de longitud adecuada para esta arrancar esta historia. Los controles de policía en Colombia no vienen acompañados estos días de toda la parafernalia militar que yo vi cuando recorrí este país en el 2.002. Son apenas un par de pivotes de color naranja desgastado por el sol, mal alineados, y una furgoneta varada a orillas de la carretera. La tarde agonizaba a la par que las fuerzas y aún quedaba la subida hasta Pamplona. En total ese día ascendimos 1.850 metros. Las paradas en boxes estaban contadas para poder llegar a Pamplona con luz de día, y detenerse en un control de tráfico no estaba contemplado en la hoja de ruta. El agente Porras me mandó pararme y, aunque no me gustó pues me iba a hacer perder un tiempo precioso, lo hice. Le mostré el pasaporte y entonces me vino con la copla:

A por otra vuelta al mundo

La frontera terrestre de Panamá es bien temida por los ciclistas porque desde hace algunos años los policías panameños les atemorizan solicitándoles un billete de avión que pruebe que abandonarán pronto el país, y fondos suficientes con los que pagarse sus noches panameñas. Sucio abrazo de bienvenida para quién viene pedaleando desde el otro lado del Globo. Te hacen sentir como cuando alguien te invita a su casa y, sin tiempo a quitarte el abrigo, te lanza un ¿Cuándo te vas?
Martina es diseñadora gráfica y con experiencia más que sobrada para crear un par de documentos en pdf idénticos a los que emiten las compañías aéreas llamados billetes de avión. Casi hasta que me molestó que el funcionario de la fronteras no me lo pidiera. Con lo bien hecho que estaba mi ticket de avión hacia Madrid. A Martina si le sirvieron sus horas creando el billete de avión y les mostró su trabajo que fue aprobado con nota alta por el funcionario.
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