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Bolivia

La maravillosa ración de combate

La última crónica anunciaba un plan de viaje que no he podido mantener. No hay mortal que aguante día si y día también, las tormentas eléctricas, la lluvia, el barro y el viento a más de 4.000 metros durante una semana. La media hora de sol que el cielo obsequia cada mañana se paga en estos lugares con dos o tres tormentas diarias. No le encuentro mucha diversión a empujar la bici por el barro y meter los pies, hasta el tobillo, en barrizales que te agotan más moralmente que fisicamente. Aunque esto último también.

El Dakar no pasó por aquí

Ni hay ensaladilla rusa en Rusia, ni tortilla francesa en Francia, ni el Dakar atraviesa la capital de Senegal. Ahora atraviesa Bolivia, Argentina…; pero creo que los parajes que recorro estos días son aún vírgenes para esa carrera sin sentido en donde la ambición humana abandona los circuitos cerrados para dejar una huella de gasolina y velocidad en la naturaleza. Si el hombre llega a Marte no duden que organizará un rally también allá.

Señales de Juliaca a La Paz

Saliendo por la única carretera posible de Juliaca hacia el sur, rumbo a Puno, empiezan a aparecer señales descorazonadoras para la especie humana. Ningun ser sensible puede ser ajeno a tremendo sin sentido. Pero clavada al margen de la carretera figura la prohibición de circular bicicletas. Ya se sabe que la bicicleta, de tomarse en serio, podría perjudicar de forma considerable la industria del automóvil y hasta la farmaceútica, pues de ser usada de forma generalizada disminurían las consultas hospitalarias porque la gente gozaría de mejor salud. Eso es peligroso.
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