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Argentina

Ya está en la calle

Martina no ha descansado en todo el fin de semana para poder hacer las últimas correcciones. La mensajería Toursa ha retirado las planchas de la imprenta y las ha enviado a Suiza para que la diseñadora de el ok definitivo. Pero en el último momento me doy cuenta de que tenía que pedir el depósito legal y el ISBN. Y por fin el martes comienza la impresión. Durante el día Santi de la imprenta Narcea me va enviando las fotos de las planchas del nuevo libro según van saliendo de las máquinas. En un día o dos se entregarán al encuadernador y de nuevo Toursa se encargará de la distribución. En primer lugar a paquebote.com, pues ya hay acumulados pedidos aún antes de que el libro esté terminado, y acto seguido a mapiberia, que es la distribuidora que conseguirá que el libro llegue a todas las librerías de la península.

Estos tipos son MACANUDOS, CHÉ!!

A finales del 2.001 me despedí de Horacio el Negro en Colombia. Fue cerca de Santa Marta un pueblecito del norte donde el aire huele a frutas dulces, a tintico y a humedad de los cuerpos de los amantes abrazados en el calor de la siesta. El Negro iba para Alaska y yo descendía por Venezuela, Brasil, Paraguay y llegaría muchos meses más tarde, en marzo del 2.003, a Uruguay. El Negro nunca llegó a Alaska. Consiguió un barco para cruzar a Panamá pero un tipo gordo, bigotudo y lleno de sortijas de oro, le prohibió la entrada porque la fortuna del Negro no superaba los 50 dólares. Ese dinero le sirvió para pagar el billete de regreso a Colombia donde semanas más tarde conseguiría otro barco que le dejaría por fin en América Central. Pero la visa a Estados Unidos no estaba a su alcance. Solo por entrevistarse con un funcionario le pedían 100 dólares, Hizo algo de dinero vendiendo pulseritas que él mismo fabricaba y que extraía de un tubito mágico cuando alguien se le acercaba y le formulaba la mágica cuestión: «¿Cómo te financias el viaje?«

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