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Argentina

asado

Argentina, no pueden con ella

Justo ahora que se inicia una etapa política en Argentina voy a dedicarle un artículo a ese país. Creo que hace mucho tiempo que debía haber escrito este artículo. Si deseas viajar a Suramérica y conocer un país que no es muy diferente a España pero que tiene una gran cultura y personalidad, Argentina es desde luego la mejor opción. En ningún otro país como en Argentina me he sentido más en casa, dicho esto por alguien que no tiene casa, pero se entiende, ¿no?

Agua por arriba y por abajo

Misiones es la tierra que me volvió a conectar a África. Así lo he escrito en mi último artículo que saldrá la revista Bike, en la que he publicado más de 130 artículos desde que comencé a colaborar con ellos. Para no quemar lo que allí escribí y dejar que el lector lo descubra, apenas diré que Misiones (la región del norte de Argentina frontera con Brasil) tiene más semejanzas con África que el propio Marruecos.

De azul

La balanza me insultaba con una cifra escandalosa: 80 kilos. No recuerdo haber pesado tanto ni siquiera en Madrid cuando mi único ejercicio era ir caminando al tren para trabajar en la oficina. Tampoco me peso a menudo, a lo sumo una vez por año; no estoy obsesionado por mi línea. Llevo años diciendo que peso 74 kilos y tal vez con las canas, las últimas celebraciones y algo de músculo, la cifra se haya disparado, pero…, ¡80! es demasiado.

El inalcanzable horizonte

Vuelvo a contemplar el abrazo del cielo y el mar, son canales, pero es el mar, y ajusto mi alímetro a cero. Pedaleo por Puerto Natales con una emoción lejana, con recuerdos de la primera vez que lo hice. Era más jóven, tenía menos vida, había apenas comenzado a escribir (reescribir) mi historia. La bici era más ligera y el suelo no estaba resbaladizo. Llevaba poca ropa puesta y hoy sólo la piel de mi cara está expuesta al gélido viento.
El horizonte es una línea que el nómada nunca logrará tocar pero que le guía como un imán invisible. Mientras haya tierra que pisar habrá un motivo para pedalear. No importa que esa tierra haya sido ya hollada, porque la pisada es diferente, la mirada es ahora más universal. No se trata de comprenderlo todo sino de cuestionarlo todo. No des nada por hecho, no te creas lo que te cuenten. Pruébalo. Tal vez si se pueda pedalear por la Luna y lo de la falta de la gravedad es para que aquéllo no se llene los fines de semana.

Desde el autobús

Estoy sentado en un desvencijado sofa que a buen seguro tiene tantas historias que contar como yo. A mi derecha, vacío, se encuentra el asiento del conductor y el enorme volante está gritando para que lo manoseen. Pero hace muchos años que nadie le da vuelta a ese aro de plástico. Delante de mi hay una vieja estufa de leña que, si yo fuera un poco más habilidoso, hubiera puesto en funcionamiento aun teniendo sólo leña húmeda. Lo he intentado en dos ocasiones y he desistido al ver la humareda causada. Afuera llueve. Nadie recuerda cuando fue la última vez que el sol brilló un día entero en la carretera austral. Hay días, los de verano mayormente, que el sol se asoma pero no por mucho tiempo. Ahora en otoño se ha ido de vacaciones. Como los propietarios de muchos negocios de por aquí. Todo, o casi todo, aparece cerrado. Este autobús al menos estaba abierto. Negocié a la baja el precio con el encargado y por tres dólares me prometió leña seca y una ducha de agua caliente. Del trato tan sólo los tres dólares cambiaron de dueño. Estoy ahumado y con frío. Pero al menos la lluvia no me moja, se detiene en el techo de metal de este antiguo autobús del ejército y no me toca. La oigo, si, pero no me resbala por la nariz.

Segunda entrada a Chile

La ruta entre San Juan y Mendoza es una de las más peligrosas que he recorrido en mi vuelta al mundo. A la salida de San Juan hay dos carriles en cada lado para los autos, pero no hay espacio para los ciclistas. Termina el carril de la derecha y concluye de forma abrupta el asfalto. La berma o banquina es de tierra y piedras. Es imposible circular por allí, pero saltar es posible y necesario. Lo tuve que hacer varias veces al ver cómo los camiones y vehículos particulares iban a embestirme. El espejo retrovisor es una herramienta mucho más importante que el casco. No lo duden.

Dame un asado y trasformaré el mundo

En ocasiones me da miedo mi mente. Deseo cosas y éstas suceden. Los domingos son día de asado en Argentina. Un país cuyo costo de vida es uno de los más altos de Sudamérica. Todo está muy caro y me resulta difícil mantenerme dentro de los 8 dólares de gasto diario. Me he cruzado con algún ciclista y me manifiesta su misma impresión.

La cabra siempre va a tirar hacia el monte

¿Cuándo decides que debes irte de un lugar? No hay fórmulas matemáticas; es cuestión de olfato. Los días en Iquique se estaban pasando muy rápido, gracias a la complicidad de Mariano y Carola.

¿Hace cuanto que no comes ostras?,
me preguntó una mañana Mariano.
Uff, ni se, le dije rascándome la cabeza.
Esa noche las volví a probar. Así de mal me trataban en Iquique. Mi vida va pasando del arroz con atún a las ostras en un abrir y cerrar de ojos. Y eso es lo que adoro de ser nómada.
451 s

3.000 días

Si el espejo no me devuelve las canas (me miro muy poco), ahí está el calendario para recordármelo con exactitud Newtoniana: han pasado ya 3.000 días desde que comencé a pedalear por el mundo. En estos más de ocho años me he vuelto apátrida, ateo y apolítico. Escrito así puede sonar muy radical, mejor me explico. No es que no tenga patria, sino que cada uno de los países que he recorrido es mi patria. No es que no tenga religión, sino que cada una de las culturas religiosas que he conocido me ha enseñado algo.

Tira tu tostadora

Un escalador no puede contemplar la cima de una montaña sin idear, en el mismo instante, una ruta que le permita ascender a la cumbre. «A veces me gustaría ser libre de mis propios deseos, como un budista cualquiera, y ser feliz sólo contemplando la belleza que me rodea…», afirmaba en su último artículo en el Diario de Navarro el malogrado Iñaki Ochoa de Olza.
Un nómada sufre esa misma irrefrenable energía cuando observa un mapa del mundo. Cada país es una montaña que debe hollar con sus ojos.
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