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Egipto

conversaciones

Primeras conversaciones

A las 3:40 a.m. el despertador emitía un débil bip (debo cambiarle la pila). Sin pensarlo dos veces salí del enjambre de saco y mosquitera y me calcé las botas. En quince minutos estaba en la calle buscando el sendero hacia la montaña sagrada para Judíos, Católicos y musulmanes.

localizando

Localizando exteriores

A las afueras del Cairo, sobre un promontorio, se extiende un gran basurero. Uno de los más limpios que he visitado. Familias enteras se dedican a la organización de la basura: papeles, plásticos, latas, chapas de automóviles… Desde la abuela hasta el niño más pequeño (ellos creen que es un juego) van juntando lo que otros desechan, otorgándoles por la selección un valor que los resucita de ser basura y los incorpora de nuevo al mercado. La basura que se salva de la quema se aglutina en enormes bolsas de arpillera de más de dos metros de alto que son transportadas en coches hasta el lugar de la compra

63 s

Otro soñador

Viejas sensaciones, pero no olvidadas. Dolor de piernas, tensión en los hombros, el culo que no encuentra posición en un sillín nuevo y, al atardecer, jugar a ser gato. A esconderme de los coches y de las miradas, a descubrir una roca o una montaña de arena lo suficientemente grandes para ocultarme. Montar mi tienda, cocinar, ducharme, y con las últimas energías tratar de escribir el diario. A la noche, siempre alerta a cualquier ruido. A cualquier contratiempo. Por la mañana recoger, y saludar al nuevo día que me espera.

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Hacia Asia

El dos de agosto entraba en las caóticas avenidas de El Cairo. Durante más de tres horas deambulé por sus calles buscando un lugar donde descansar. Lo encontré en un hotel de 2 euros la noche. Un cuarto compartido con un pakistaní y un español de los de «ya te escribiré». ¿Para qué la gente dirá cosas que no siente?

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Frenesí a orillas del Nilo más islámico

Tras haberse roto en el norte de Sudán, he conseguido repararlo. Por lo que me pedían por la nueva pantalla podía bien comprarme otro modelo nuevo de ordenador. Pero la lucha ya es parte innata de mi personalidad. Así que tras recorrer más de 40 kilómetros en bici por una ciudad plagada de coches que no conocen la luz roja del semáforo (simplemente no existen), arrivé al departamento de marketing de Toshiba. Con la respuesta de aiwa (sí, en árabe), a la repetida pregunta de si-tenía-cita, me situé cual torero en el tercio de banderillas ante la puerta del mismísimo Director General.

alma

Alma de bandoneon

Uno de los instrumentos más hermosos que conozco. Cuyo sonido rezuma melancolía, asienta el espíritu agitado y conduce a terrenos de nebulosa emotividad. Estos días mi alma está presa en los fuelles del bandoneón.

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