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Zoom out

Una amiga que la vida me ha colocado estos días en el camino me compartía un vídeo  tomado por la Sonda Voyager 1, lanzada en 1977 por la Nasa para…

Una amiga que la vida me ha colocado estos días en el camino me compartía un vídeo  tomado por la Sonda Voyager 1, lanzada en 1977 por la Nasa para estudiar los límites del sistema solar. Cuando la sonda se hallaba a 6000 millones de kilómetros de la Tierra, más allá de la órbita de Plutón, envío unas imágenes de la Tierra. Solo los científicos la pueden reconocer; apenas una mota de polvo difícil de distinguir en un universo negro, ingrávido y que produce vértigo de solo pensar que alguien podría estar transitándolo. Y sin embargo lo estamos haciendo, esto es, embarcados en un Planeta llamado Tierra, vamos navegando por el firmamento ignorantes de nuestro destino final, acarreando un sinfín de propiedades, de traumas y de responsabilidades, en una maleta con la etiqueta EGO (en mayúsculas) y nuestro nombre en minúsculas.

A medida que la sonda se va alejando, la Tierra se ve más y más pequeña y con ella, en un compás de dos por cuatro, nuestra alma también se va achicando, menguando hasta ser una insignificante mota de polvo que, si el Universo estornuda, desaparecería en la noche de los tiempos sin dejar huella.

Ese ejercicio de hacer zoom out, o de tomar distancia con la realidad física, es de absoluta necesidad en esta época en que no dejamos de mirarnos el ombligo, pasándonos unos a otros la mano por la espalda desde el vecino balcón.

Quizás por haberle dado la vuelta a la Tierra en bicicleta durante trece años, tengo un poco desarrollada esa capacidad de alejamiento de la realidad local. Cuantos más años pasaba lejos de mi país, más comenzaba a amar a los otros países, más me identificaba con mis vecinos del Planeta, asumiendo que ser de aquí o de allá, es una casualidad por la que no vale la pena tomar partido o beneficio. ¿De dónde eres? me preguntaban en Angola, y les respondía que de aquí. Había dormido bajo un baobab, comprado en el mercado, arreglado mi ropa en el sastre de la esquina, rodado por sus caminos y carreteras, nos habíamos levantado con el mismo sol y hasta decía gracias en su lengua.

Sastrería local

Sastrería local

Vista desde lejos, no se alcanza a ver ninguna frontera, bandera ni partido político, No se aprecia muy bien eso de la Unión Europea, y lo único evidente es una mancha azul , no más grande que otros puntitos que también recorren (acaso llenos de vida) ese paño negro.

La Tierra flotando en el espacio

La Tierra flotando en el espacio

A nadie le importa, más que a nosotros, quién vive ahora mismo en esa esfera que va girando en una noche que nunca amanece. Ya es de por si un milagro que no vaya chocando contra otros Planetas pues nadie parece estar a los mandos.

Recuerdo una noche en el altiplano boliviano. Una noche sin luna pero con millones de estrellas, alejado de cualquier pueblo y dispuesto a navegar por el firmamento, salí de mi tienda de campaña. Tumbado sobre la superficie del Planeta centré mi visión en ese cielo que me cubría 360 grados. Cerré los ojos y me imaginé vagando por las estrellas, abandonando mi cuerpo y mi nombre, trasformándome en una sonda lanzada al espacio. No se cuánto tiempo pasó, pero recuerdo que al abrir los ojos, mis manos se clavaron en la tierra con inusitada fuerza y desesperación, pues pensé que estaba cayendo a un agujero negro de millones de estrellas. Por un momento sentí la ingravidez.

En esos días en que te crees que tu vida es una mierda, que has perdido clientes por llevar cerrado un mes, que te duele la cabeza, que ella no te llama, que no sabrás si podrás tener vacaciones, que los niños no dejan de joder con la pelota…; haz Zoom out y agradece que aún no eres mota de polvo.

Paz y Bien, el biciclown.

Marruecos desierto

Marruecos desierto

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