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Himalaya Tour 2019 (Cuarta y última parte)

(Delhi). Hoy es la primera noche que Koos duerme de un tirón. Por fin el cuerpo ha entendido que mañana no habrá que subir a 5.000 metros, que no habrá…

(Delhi). Hoy es la primera noche que Koos duerme de un tirón. Por fin el cuerpo ha entendido que mañana no habrá que subir a 5.000 metros, que no habrá que escuchar más bocinazos. Hemos llegado de Leh a Delhi en avión y la cama del hotel nos ha dado un abrazo de 9 horas.

Al sobrevolar las cumbres y observar desde la diminuta ventanilla del avión los ríos abriéndose paso entre los valles, las escasas parcelas verdes llenas de vida (como auténticos oasis en el desierto) y lo inhabitado del territorio, comprendo que la ruta que hemos trazado en bicicleta desde Manali hasta Leh ha sido posible gracias al trabajo de miles de personas que con sus manos han removido piedras y tierra para construir esa pista.

Viajar en bicicleta o viajar en moto, en coche en avión, no es muy importante. Todos son viajes. Parten de un punto y llegan a otro. Lo transcendente es lo que el viaje te enseña. Y en este sentido, desde mi forma de ver la vida, es obvio que la bicicleta enseña más por una razón. Al ir más despacio tienes más tiempo de observar lo que ocurre. No hay necesidad de detenerse en una subida a 4.500 metros yendo en moto o en coche. Salvo que el vehículo se detenga. En bicicleta eres tú el que coloca el pie en tierra cada doscientos metros porque no puedes más. Primero tratas de recuperar el ritmo de respiración normal. Luego bebes agua. Y entonces, aprovechando la parada, observas. Descubres una pequeña flor, una marmota entrando a toda prisa en su cuevita, una nube con forma de continente…

Has detenido tu marcha y has detenido el mundo.

Cada paso de montaña de los 5 que hemos ascendido de más de 5.000 metros es como una tarta que hay que trocear. Primero un pedazo ( tal vez 10 kilómetros), luego otro ( con 5 ya va bien), y después kilómetro a kilómetro. Cada parada requiere una recompensa, un poco de agua, algún fruto seco si nos quedan, o al menos bajarse de la bici. Es así como se logran cubrir grandes distancia, ascender grandes montañas o surcar océanos. En trocitos. Es similar a cuando estudiaba oposiciones a notarías. Cada hora un objetivo. Cada día una meta. Sin pensar en el día de la prueba, centrándose en el momento. Como juntar las piezas de un puzzle.

Koos subiendo

El del Himalaya lo hemos concluido en siete días. Desde Manali hasta Leh. Y como nos sobraba tiempo hemos optado por hacer una vuelta extra.

En Leh obtuvimos el permiso para acceder a otro valle y salimos muy de madrugada hacia el Kardung La. Dicen que es la carretera para vehículos más alta del mundo. 5.359 metros.

Nakee La 4739

Desde Leh se puede observar una brecha en una montaña con nieve en su cima. Esa brecha es parte de la carretera que hay que recorrer para llegar al paso. Unas siete horas tardamos en coronarlo. Arriba el espectáculo era de pista de circo. Decenas de moteros haciendo cola para sacarse una foto con el cartel que marca el paso mientras algunos locales agotaban la tarjeta de memoria de sus teléfonos con sus autoretratos. No faltaba el que se quitaba la camisa para hacer poses de culturismo.

Nosotros, los ciclistas, nos bajamos de la bici, nos abrazamos, bebemos agua y comemos algo. La foto puede esperar. Primer tenemos que agradecer a la montaña por habernos dejado llegar, a los rayos y truenos por haber enseñado solo los dientes pero sin descargar por completo, a las bicis por haber funcionado a la perfección, y a los cientos de trabajadores que han construido esta ruta.

Subiendo foto Koos Kroon

Descendimos por la cara norte (el 99% de la gente regresa a Leh ese día), y nos adentramos en otro fértil valle, con formaciones naturales que nos obligaban a parar a cada curva. En Kardung acampamos con otros tres alemanes que realizaban la ruta inversa y a la mañana siguiente proseguimos hacia otro paso brutal. El Warila pass de 5.300. Dos días tardamos en llegar a la cima. Un paso mucho más duro de este lado que del otro, en el que los últimos kilómetros la nieve, las piedras y algunos arroyos nos obligaban a poner el pie en el suelo y caminar. Arrastrándonos y con emoción hicimos la cumbre. Era la última. De ahí solo nos quedaban unos 60 kms hasta Leh.

Por segunda vez entrábamos en Leh, ascendiendo los cinco kilómetros finales, pesados por el calor y el tráfico.

Teníamos un día para empaquetar las bicis. La historia del aeropuerto con Air India me la reservo para un libro. De momento señalar que llegamos a Delhi tras pagar cada exceso de peso a precio de oro.

Bajando valle foto Koos Kroon

Gracias de nuevo a Incredible Voyages, la Agencia de India que me ha ayudado con la logística, por esperarnos a la salida del aeropuerto con un enorme coche en el que meter las dos cajas de la bici y evitar así que el monzón las destruyera.

Hoy es nuestro último día juntos. Esta noche Koos vuela de regreso a Barcelona. Más delgado, con la piel curtida (y mordida por un perro) y feliz de haber sido capaz de superar cada piedra del camino, cada obstáculo que el Himalaya te pone delante, solo para que descubras que tus límites son mentales, no físicos.

Por mi parte llegaré el 16 agosto a Tajikistán para iniciar otra aventura en ese país que no pude recorrer durante la Vuelta al Mundo (2004-2017).

El 11 de septiembre regreso a España pero apenas por unas horas. De inmediato volaré a Paraguay para cerrar el evento Exponegocios en la capital. Comenzará así mi regreso al mundo de las conferencias tras esta aventura intensa y llena de olores que ya extrañaba. El olor de la incertidumbre y la aventura.

Cerrando Exponegocios

Paz y Bien, el biciclown. 

Bajando a Pang foto Koos Kroon

2 Comentarios
  • aigd18
    Publicado a las 11:02h, 14 agosto Responder

    Leído,saboreado y digerido(mientras desayunaba).
    "LO TRASCENDENTE ES LO QUE EL VIAJE TE ENSEÑA"…a ti y a los que te seguimos en tus viajes. GRACIAS

  • Carolina Castro
    Publicado a las 04:24h, 15 agosto Responder

    Leerte también detiene el mundo..un placer..gracias! Namaste

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