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La Reenkarmación

(Amsterdam).  Tanta magia es difícil de describir. Ahora mismo tengo el corazón dividido en dos pedazos. Uno roto y descompuesto y otro alegre y saltarín. El que está en pedazos…

(Amsterdam).  Tanta magia es difícil de describir. Ahora mismo tengo el corazón dividido en dos pedazos. Uno roto y descompuesto y otro alegre y saltarín. El que está en pedazos se llama Karma. Ahora es un cuadro y hace unos días era una bicicleta. Una bicicleta que el amigo Jordi me trajo en avión desde Barcelona hasta la India. Un regalo de otro amigo, Koos Kroon. Y con Karma he recorrido casi toda Asia, Oceanía, América de punta a punta y Europa de extremo a extremo. Una rotura en el cuadro tras unos 100.000 kilómetros levantó la voz de alarma. La reparé lo mejor que pude en Sofía (Bulgaria) y más tarde en Shkoder (Albania) y por última vez en un pueblecito de Suiza. Alan hizo un trabajo espectacular. Y estoy seguro que Karma, remendada con tanto amor, hubiera llegado hasta España y hubiera culminado la vuelta al mundo. Si es así, ¿Por qué demonios cambié de bicicleta? Me cuesta justificarlo aunque mi intuición (quien si no) me dice que he hecho lo acertado. Tras hablar con varias compañías de bicicleta muy pocas deseaban patrocinarme. Algunas de reputada fama, reconocieron que no podían asegurar que aguantaría mi peso. Ochenta kilos es el peso de Karma con todas las maletas. Una compañía con 35 años de experiencia, utopía-velo, aceptó el reto. En bicicleta llegué hasta su fábrica y tras tres días acampado en el jardín de la fábrica comprendí que su apoyo no podía ser una nueva bicicleta. Pero me ayudarían con un cuadro, una horquilla y algunos buenos componentes. Pero lo más importante, la mano de obra para armarla, no podían ofrecérmela porque era su última semana de trabajo antes de las vacaciones y estaban hasta las orejas. La amable Inga y su esposo, me ofrecieron todo lo que pudieron, e incluso más, pero debía buscar un mecánico de confianza que desarmara Karma, aprovechara algunas partes, y las montara en el nuevo cuadro.

En todos estos años, más de 13, he conocido muchos mecánicos pero uno en particular ha construido mis bicis. Es Jeroen, que en un inicio trabajó en Bike-tech y luego abrió su propia tienda en Amsterdam. Él ha ido construyendo también mis ruedas. El año pasado vine a verle y me montó una nueva rueda trasera que no se ha movido un pelo. Su forma de trabajar, concienzuda y profesional, es asombrosa.

Ryde

Nuevas ruedas traídas por Ryde directamente a la tienda en el 2016

Desde la fábrica de Utopía hasta Amsterdam había unos 600 kms. El cuadro nuevo llegó a la tienda de Jeroen un poco antes que yo, que lo hice un lunes por la tarde. Toda esta semana, sacando tiempo de las piedras, Jeroen iba montando poco a poco la bici. Primero desmontar a Karma, doloroso, y luego montar la nueva bici. Algunas piezas no quería encajar, como si guardaran una extraña fidelidad a la antigua bicicleta. Pero con tiempo y paciencia Jeroen les hizo ver que ahora tenían que seguir viaje en otro cuadro.

Cada día, mejor dicho cada noche, nos íbamos a casa habiendo terminado un poco más de la faena, pero nunca completándola. Parecía un parto largo.

Nueva bici ajustes

A veces incluso no se me caía la herramienta al suelo

Al mismo tiempo que mi futuro se definía en la mesa de operaciones de Jeroen, mi próximo destino no estaba seguro. Quería ir a Inglaterra pero no sabía bien qué barco tomar, pues los precios varían mucho según a dónde vaya y desde dónde viaje. Tras esperar también una semana la respuesta de una compañía que parecía ilusionada en patrocinarme el viaje, acabaron negándose ayer, así que compré el billete más económico que me dejará en Harwich el próximo lunes.

La bicicleta nueva es un cuadro de Utopía-velo, hecho a mano, del modelo London. Como si fuera premonitorio ese nombre para mi próximo destino, pues Londres es una de las pocas capitales que me faltan por visitar en mi viaje.

El cuadro es blanco, como mi pelo, la horquilla es negra como mis manos tras montar la bici con Jeroen, la parrilla trasera es la que traía Karma, y la delantera superior también. La de abajo es nueva, los guardabarros son nuevos y negros, sobre los que ya he escrito en pintura blanca los países, 113, recorridos. Una biela es usada y la otra también, pero de Karma, la cadena es nueva, he quitado el tensor de cadena, porque el nuevo cuadro está diseñado para Rohloff, y la potencia y el manillar son nuevos también. He comprado un freno nuevo trasero, porque el anterior más que frenar acariciaba la llanta. Conservo mi sillín y también mis portabotellas. Los neumáticos son esta vez 2.0 pero como siempre de Schwalbe, Marathon Mondial.

Nueva bici celebrando

Hay mucho por lo que brindar

La nueva bici no ha venido a este mundo aún con nombre, pero si con fuerza y mantiene el espíritu guerrero de Karma, su fidelidad, su impactante determinación. Es un cuadro de tamaño 59, con una estructura reforzada que puede aguantar 200 kilos. Es a mi modo de ver, tras hojear muchas bicicletas de otros viajeros, uno de los cuadros más resistentes que hay en el mercado. Una de las bicis más cómodas para viajar.

Un sueño de bicicleta, que ha tardado 6 días en nacer, que me llevará de regreso a España, que pide ya otra vuelta al mundo, que ha sido construida por quien ha hecho la mayoría de mis bicicletas. Karma descansa en la tienda de Jeroen, contando historias en silencio.

Su espíritu siempre viajará conmigo porque uno no puede traicionar a un viejo amor que le ha dado tanto que hasta rota me ha llevado muy lejos.

Gracias Karma, gracias Utopía, gracias Jeroen, gracias Schwalbe y todos los que me han ayudado a poder seguir pedaleando. Una vuelta al mundo en solitario acompañado de infinidad de personas.

Paz y Bien, el biciclown.

Olov y Kogadonga

A mi derecha Karma a la izquierda Kogadonga en India 2009

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