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Soñar lo imposible es posible

(Debrecen). No se consiguen cosas extraordinarias siguiendo los cauces habituales. Hay que ponerle pimienta extra a la vida para obtener un sabor más intenso. En España tenemos un refrán para…

(Debrecen). No se consiguen cosas extraordinarias siguiendo los cauces habituales. Hay que ponerle pimienta extra a la vida para obtener un sabor más intenso. En España tenemos un refrán para ello, un poco soez pero directo: el que quiera peces que se moje el culo.
Hay otro dicho semejante pero no tan musical: el que no se arriesga no gana.
Sofi arriesgó. Cuando le comentaron mi historia entró en mi web y comenzó a devorar artículos. Dice que se emocionó tanto que lloró. Supongo que la vida se toma su tiempo para presentarnos las personas afines y que nosotros no somos tan estúpidos como para dejar pasar esas conexiones delante de nuestras narices.
Sofi es la encargada del departamento de español de un colegio en Debrecen (Hungría). Al igual que muchos otros profesores de español de Hungría recibió la información de mi llegada al país que envió la Embajada de España pero Sofí, a diferencia de sus colegas, no dejó pasar la oportunidad.
Es época de exámenes en el colegio más Sofí comprendió que era ahora o nunca. Las cosas extraordinarias en esta vida ocurren a destiempo, te pillan con el pie cambiado, con la marcha errónea en la bici, y no te solicitan la venia para ocurrir. Somos nosotros los que debemos someternos a los planes de la vida no al revés.
El arco iris no te pide permiso para pintar el cielo. Lo verás si levantas la vista de la pantalla, en otro caso te lo pierdes. No es grave. Al igual que podemos vivir sin ver el arco iris, los alumnos de ese colegio y de otros muchos, no necesitan escuchar mi conferencia para ser estupendas personas y transitar por la vida. Podemos vivir sin ver el arco iris.
Tras dos horas de viaje en tren llegué a Debrecen y me encontré con Sofi y dos profesores españoles que trabajan en el colegio, Juan Carlos y Sara. Fuimos a cenar una rica comida húngara y a charlar de lo humano y lo divino. Juan Carlos incluso me invitó a su casa a dormir y al día siguiente acudí al Colegio para dar mi charla sobre El Sentido de la Vida.
Normalmente estas charlas duran 60 minutos. Después llegan las preguntas. En esta ocasión hablé durante 90 minutos. Asistieron más de 100 alumnos que siguen los estudios en español, con edades entre 15 y17 años, la mayoría chicas (muy bonitas por cierto) y con bastante cultura. Me sorprendió especialmente que conociesen el nombre de la capital de Bután. ¿No lo sabes? Ja,ja,ja, yo tampoco lo sabía hasta que la visité.
Tengo por costumbre, antes de la conferencia, repartir unos papeles y pedirles que escriban cuáles son sus sueños. De esta forma, y suponiendo que pueda dar muchas conferencias por el mundo, podré conocer los sueños de la humanidad. Considerando su edad sus sueños eran acordes a su franja horaria: amar, tener familia, viajar y ser felices.

Tranvía en Budapest

Tranvía en Budapest

Es seguro que todo el mundo se identifica con ello. Puede que hasta el terrorista que se suicidó en Manchester asesinando a más de veinte personas tenga sueños parecidos. Ocurre que su forma de entender la felicidad es incompatible con la de las otras personas. Lo aprenden en el colegio: tu libertad termina donde empieza la del otro.
En mis conferencias hago referencia a tres puntos importantes que se sustentan sobre mis propias experiencias de más de 13 años recorriendo el mundo en bici. Uno de esos puntos es el Respeto. Lo escribo con mayúsculas porque así lo siento.
Durante más de dos mil años la humanidad, una parte al menos, ha seguido un libro llamado Biblia en el que se dice algo así: Ama a los demás como a ti mismo.
Estamos lejos de conseguirlo.
En mi vida nómada he aprendido a revisar constantemente mis objetivos. Me levanto y pienso que puedo llegar a tal pueblo. Pero llueve, o tengo un encuentro interesante, o la bici se pincha o…, y tengo que reconsiderar mi plan y cambiarlo.
¿Por qué la humanidad no modifica ese objetivo de amarse unos a otros? Es evidente que no lo estamos consiguiendo. Propongo que se haga la siguiente rectificación:
Respetarse los unos a los otros como tu te respetas a ti mismo.
Y una vez hayamos alcanzado esa meta nos fijamos una más ambiciosa.
Desde mi punto de vista y siendo consciente de que muchos pueden pensar de otra manera, lo que ha ocurrido en Manchester y antes en otros lugares del mundo, no se va a resolver con más controles en los aeropuertos, con la denegación de visados y con muros de dos metros y medio.

Estas son algunas de las medidas que yo tomaría:

1- No hablar de estos hechos en exceso y con tanto detalle en los medios de comunicación. Crean un estado de terror, de miedo, de odio. Salvo que quien gestiona los miedos de comunicación desee, precisamente, crear ese miedo en las personas. No digo no informar pero tratar de crear un equilibro entre noticias tan desoladoras y otras más positivas. Cuando escribes en un blog o haces vídeos, tienes que tener cuidado en no generar contenido negativo, mal rollo que se dice, porque el mal rollo llama al mal rollo. En algunos de mis vídeos -recuerdo uno ahora de un franciscano que me negaba un lugar para dormir en un convento gigantesco- menciono ese desencuentro y carencia de hospitalidad, pero no me centro en eso, y trato de quitarle importancia. Es un hecho chocante, si, pero no te puedes quedar ahí.
2- Dado que parece que la mayoría de esos atentados provienen de personas que se dicen musulmanes (aunque ni el Corán ni muchos libros sagrados defienden el asesinato ni lo promueven en forma alguna), deberían ser los propios musulmanes los que repudien esos actos de forma pública, notoria y masiva. Y aunque esto puede ocurrir en privado, siento que falta un pronunciamiento público, una marcha en la que los musulmanes de todo el mundo repudien esos actos.
3- Nuestro mundo no tiene fronteras, pero el ser humano le ha puesto puertas al campo. He conocido cientos de culturas y ninguna me parece más interesante que otra, pero todas me resultan atractivas. Puedo hablar con alguien de Siria, de Angola, de Japón…, y lo puedo hacer porque he viajado por esos países y tenemos ciertas cosas de qué hablar. Su gastronomía, paisajes, tradiciones. Conocer algo es una primera forma de respeto. Básica y necesaria. No puedes respetar lo que no conoces y no puedes amar lo que no respetas. Hoy tenemos refugiados de varios países en conflicto en nuestros países. Deberíamos beneficiarnos de esa cultura que ha llegado hasta nosotros, que está a un paso, y sin la necesidad de tener que ir hasta su país. Cuando recorrí Noruega hablaba con los refugiados y se les veía aburridos. Parecía que nadie les hacía caso como seres humanos, nadie se interesaba por ellos. No me refiero a que no les dieran atención humanitaria, que lo hacían, sino a que no había un intercambio bilateral. Se estaban perdiendo la oportunidad de conocer esa cultura que tenían en la plaza de su pueblo y en su lugar, encendían en casa la televisión para asistir a un capítulo del National Geographic sobre Siria.

Estoy convencido que soñar lo imposible es posible, que marcarse altas metas y buscar la perfección en tu trabajo no tiene como objetivo sino intentar hacer las cosas más o menos bien. Si apuntas al sol llegarás a las nubes. Si buscas un 10 conseguirás un 8. Pero si buscas un 8 te quedarás en el 6.
No se vuela porque se tengan alas sino que se tienen alas porque se ha volado, decía alguien.
Y yo lo adapto y añado: se vuela sin necesidad de tener alas.
Paz y Bien, el biciclown.

 

Tras la charla en el Colegio de Debrecen, la profesara Sofi, me envío el siguiente correo:

El 5 de mayo recibí un email de la Embajada de España en Budapest sobre un proyecto cultural, deportivo y solidario que llegaría a Hungría a mediados de mayo. Al leer detalladamente la presentación del ”ciudadano español que desde el año 2.004 está recorriendo en solitario el mundo en bicicleta” decidí hacer cualquier cosa para conseguir que esta persona extraordinaria diera una charla a mis alumnos.

Sabía que a los chicos les encantaría. Sabía que se detendrían un momento para pensar sobre los valores que les habías transmitido. Y así fue. Al día siguiente de la charla me contaron de lo mucho que les impresionó tu tenacidad, la valentía con la que afrontas el día a día; la fuerza interior que te lleva a arriesgar; la paciencia que tienes para solucionar ejercicios de inteligencia (como tú llamaste a los problemas). Me dijeron que te brillaban los ojos de felicidad, que no se notaba para nada tu edad, sino al revés, que los kilómetros te habían borrado las arrugas y las preocupaciones. No entendían cómo que no echas de menos tener hijos, mujer, familia, amigos alrededor con los que hablar y compartir lo experimentado. Cómo se puede vivir sin tener nada seguro, sin saber dónde te pilla la noche, sin tener un hogar.

Gracias, Álvaro, por dar muestras de que los sueños se pueden hacer realidad, que ser feliz no es igual a ser rico y tener bienes materiales, que uno vale lo que es por dentro, que repartiendo sonrisas nos enriquecemos y que la mejor droga es la pasión. Estoy convencida de que tu charla, de alguna forma, marcó a varios chicos para siempre.

Zsófia Kiss

Coordinadora de la Sección bilingüe 

Si alguien es profesor de un colegio en España o en algún otro lugar y cree que esta experiencia podría se aplicada en su centro de estudios y que ayudaría a crear mejores personas, que me escriba. Veremos cómo tratar de realizarlo en un futuro a medio término.

 

Foto de la revista del Colegio de Debrecen

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