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Huir del invierno

(Negotin) Estoy escuchando a la gran orquesta del Lincoln Center con el gran Wynton Marsalis a la trompeta. Qué armonías y qué manera de llevar cada pieza hasta sus últimas…

(Negotin) Estoy escuchando a la gran orquesta del Lincoln Center con el gran Wynton Marsalis a la trompeta. Qué armonías y qué manera de llevar cada pieza hasta sus últimas consecuencias. En el suelo de la habitación de este hotel de Serbia, segunda noche en este país, se están cocinando unas lentejas con chorizo. Mucho tiempo hacía que soñaba con hacer esas lentejas. El problema es que no quiero comprar medio kilo de lentejas, estaría comiéndolas una semana, y hasta que no di con un supermercado que vendía al por mayor no pude satisfacer el capricho.

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Llegar hasta allá arriba fue un sueño cumplido. Pronto vídeo

Ayer, primera noche en Serbia, dormí en el campo. El frío es brutal, pero mi saco de dormir de pluma de Robens (marca que me patrocina desde el 2.007) es tan bueno para el invierno como lo serían los brazos de una mulata. Pero el invierno es rácano en luz. A las cinco ya oscurece y las horas de pedaleo se acortan de forma esplendorosa. Y hasta las ocho de la mañana no hay luz asi que, como pronto, a las nueve pedaleando. Hacer 70 kms es toda una proeza.

Vengo de Rumania, país en el que me entretuve unas tres semanas. Más de lo pensado pero ese invierno anticipado no me dejaba avanzar. Los días que llovía, y eran muchos, encontraba refugio en la hospitalidad de los alcaldes a los que les caía en la Alcaldía antes de las cuatro de la tarde solicitándoles un despachito, un cuartucho, cualquier cosa en la que refugiarme del agua. Varias veces me invitaban a un hotel. Pero no podía más con los conductores de Rumania. De verdad que no es normal cómo conducen. Basta un día en Serbia para recordar lo que es normal y no normal. Invadir el carril contrario, por sistema, en cada curva. No es normal. Adelantarte a veinte centímetros cuando no hay nadie en el carril contrario. No es normal. No detenerse para adelantarte si viene un auto delante y acelerar para pasar, justito, entre el coche de delante que debe meterse al costado y tu que debes tirarte a la derecha. No es normal. Y todo esto era lo normal en Rumania. En Serbia hay algunos bestias, pero no son todos. Los conductores y los perros de Rumania acaban desgastándote tras tres semanas.

 

Trato de huir del invierno cuando hace rato que me ha alcanzado. Mi bici, Karma, ya ha saboreado las nieves, ha patinado sobre hielo, y ha metido media llanta en el barro. Pero yo hago como si no fuera conmigo la cosa y sigo apretando los dientes y enfilando hacia el sur. Un sur que es una promesa de sol, de queso blanco, de aceitunas y hasta de descanso. Debo terminar un libro ( o dos) y el once de Diciembre vuelo a Dubai para participar en el Festival Internacional de Viajeros al que he sido invitado. Es curioso, en Grecia mi Embajada y el Cervantes a quienes ofrecí mi conferencia no contestan, y me llaman desde Dubai para escucharme. Nadie es profeta en sus zapatos.

atrio-iglesia

Hoteles Atrium, siempre hay plaza

El próximo sábado llegaré, espero, a Sofía la capital de Bulgaria. Será el país número 100 y será el día que cumpla doce años de viaje. Por si el destino no fuera suficientemente irónico, dormiré en una tienda de bicicletas en pleno centro de Sofía. Si, rodeado de lo que ha sido mi vida desde el 2.001. Bicicletas.

Si caigo unos días antes del once de diciembre en Atenas, podré ofrecer mi espectáculo para una ong que trabaja con refugiados con quienes ya he estado hablando de los preparativos y si no, a mi vuelta de Dubai.

Os dejo que ya huelo a lentejas quemadas.

Paz y Bien, el biciclown.

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Durmiendo en un Monasterio

1Comentario
  • Cristina
    Publicado a las 13:25h, 21 noviembre

    Como siempre …espectacular!! gracias por ser nuestro amigo!!!!!