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Y no sigo porque se acabó

(Honnisvag) Algo ha ocurrido este mes de Julio para haber acumulado más de 2.000 kilómetros en las piernas cuando lo habitual es hacer unos 1.500. Y en Agosto con medio…

(Honnisvag) Algo ha ocurrido este mes de Julio para haber acumulado más de 2.000 kilómetros en las piernas cuando lo habitual es hacer unos 1.500. Y en Agosto con medio mes transcurrido ya llevamos 1.000. Entré a Noruega por Kristiansand el seis de Julio y hoy, quince de Agosto, he llegado a Cabo Norte. No he elegido el camino más recto, ni el más corto, ni el más llano. He seguido el camino que me marcaba, a diario, mi intuición: mi verdadero gps. He visitado las Lofoten, archipiélago de inmerecido renombre que hoy es un ir y venir de caravanas que deben apretujarse en las estrechas carreteras para cederse el paso. Recuerdo que en Nueva Zelanda abundaban las furgonetas de alquiler que eran odiadas por los locales, puesto que sus ocupantes no acudían a campings sino que aparcaban en cualquier lugar haciendo sus necesidades allí mismo, pues esas pequeñas furgonetas no tenían baño químico. Proliferaban los carteles de no acampar.

Aquí en Noruega las caravanas son grandes, tienen baño químico, cocina y hasta unas bicicletas pegadas en la parte trasera que me parecen de mentira, pues pocas veces he visto que las utilizaran. Deben venir de serie con la caravana, igual que los intermitentes o el triángulo de emergencia.

En algunas ocasiones aparcan al lado de la ruta, pero a los noruegos no les importa, pues no contaminan con su baño autónomo. No dejan nada. De hecho no dejan nada. Muchas de esas caravanas vienen de Alemania y allí han hecho todas las compras de comestibles para las vacaciones y el único gasto que hacen en Noruega es llenar el tanque de combustible. Apenas se relacionan con los noruegos.

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Si, es difícil en todo caso, pues en esta parte del mundo no se habla con los extraños, ni se les saluda en la calle, ni se les mira, lo se porque lo he experimentado, pero si además viajas dentro de una caja de plástico o de metal, salvo que mires las fotos al final del viaje no sabrás decir en qué país has estado de vacaciones.

Me encontré unos españoles con su caravana y le pregunté qué les parecían los noruegos.

¿Los noruegos? me dijo el hombre sorprendido por la cuestión. Pues la verdad no se qué decirte porque apenas hemos hablado con ellos.

Diculpadme pero salir de casa para no relacionarte con la gente del país que visitas es como ir a nadar y volver con el bañador seco. Es posible que la gente de por aquí, del norte, sea seca y distante, que lo son, pero al menos hay que intentar una conversación para llegar a esa conclusión. Aquí muchos hablan inglés, con lo que no existe una barrera idiomática que impida mantener una conversación, o iniciarla. Si ellos no comienzan pues lo haces tú.

Quizás esa sea una de las claves de la cantidad de kilómetros que he hecho este mes. No había mucho que hacer más que pedalear. Los días eran largos y la parte más excitante era conseguir un lugar para dormir. Estoy preparando un documental sobre mis meses por Europa y allí podeís ver el momento en el que la Policía de Noruega, inexistente en las carreteras para velar porque se cumplan los límites de velocidad, irrumpe en mi campamento para expulsarme en aras de la defensa de la propiedad privada. Eran apenas escombros, pero escombros privados. Dónde iríamos a parar si permitiéramos que alguien, un nómada, durmiera una noche en una zona abandonada…; significaría el inicio del derrumbe de la propiedad privada.

Hoy ha sido el segundo día soleado, de esos que se pueden llamar de verano, en todo el tiempo que he estado en Noruega. He tenido suerte pues ha coincidido justo con el momento en que debía llegar más al norte. Por encima de los 71 grados norte. El sol apareció, si, aunque pedirle que calentara y mitigara los efectos del gélido viento era como esperar que un noruego se arrancase por bulerías.

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Había mencionado en mis redes sociales que tenía algunas sorpresas que anunciar. Bueno pues entre ellas está la ruta hacia el sur.Mañana, día 17 de agosto, tomaré un barco que me dejará en Kjøllefjord, un poco más al este de donde estoy ahora, perfecto para iniciar mi descenso y entrar en Finlandia, llega a Suecia y de ahí saltar en barco a Finlandia de nuevo para pasar por Turku, tal vez Helsinki y, ahora si, Rusia. Iré a San Petesburgo, invitado por el Consulado de España en esa ciudad. En Octubre o un poco antes estaré recorriendo Estonia, Letonia y Lituania, y llegaré a Polonia. Ucrania, Moldavia, Rumania serán recorridos en Noviembre y parte de Diciembre y para fin de año espero entrar en Grecia.

Mi objetivo en este descenso al sur es tratar de realizar algún espectáculo para refugiados que son, a mi modo de ver, la población más vulnerable en este continente. Con algunos de ellos he hablado en Noruega. Reciben ayuda del gobierno para vivir, alojarse, pero están tremendamente aburridos y con miedo, pues en cualquier momento pueden ser enviados a su país. Aunque he hablado con algunas organizaciones para un espectáculo y he comunicado a las autoridades españolas en Escandinavia mi proyecto, nadie ha querido de momento organizar nada. Tal vez si cobrara por ello sería más fácil. Ja.

Como más al norte no puedo ir, se terminó la carretera, me voy hacia el sur, buscando un sol que caliente más, unas gentes que sonrían más, unos tomates más baratos…

Mis visitas al supermercado comienzan siempre por la parte exterior, la de los contenedores, y si no hay nada ahí, entro a ver las ofertas.

Desde Honninsvag, a punto de dar una charla para estudiantes de turismo en prácitas en el Ártico Ice bar, Paz y Bien, el biciclown.

1Comentario
  • David Nar
    Publicado a las 23:13h, 26 diciembre

    La irreconocible Europa…