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La cabra siempre va a tirar hacia el monte

¿Cuándo decides que debes irte de un lugar? No hay fórmulas matemáticas; es cuestión de olfato. Los días en Iquique se estaban pasando muy rápido, gracias a la complicidad de Mariano y Carola.

¿Hace cuanto que no comes ostras?,
me preguntó una mañana Mariano.
Uff, ni se, le dije rascándome la cabeza.
Esa noche las volví a probar. Así de mal me trataban en Iquique. Mi vida va pasando del arroz con atún a las ostras en un abrir y cerrar de ojos. Y eso es lo que adoro de ser nómada.

Y sin embargo hay que irse, hay que dejar el bonito apartamento del piso 17 y la agradable compañía de mis amigos, para abrazar el calor del desierto de Atacama y dejarse tostar por el sol abrasador. El último día, sin embargo, tuve la oportunidad de ir al Centro de Reclutamiento de Menores (un penal de adolescentes) y darles una de mis charlas para abrirles un poco la mirada y ampliarles el horizonte. Que conozcan a uno que no desea joyas, coches lujosos, ni drogas de diseño. Que sepan que hay alguien que es feliz subiendo las cuestas y no haciendo dedo. Que descubran que no hay atajos para el placer y que el sufrimiento y el esfuerzo pueden acabar en una cena con ostras y vino blanco.

Charla centro menores

La costa de Iquique, rumbo al sur, es un ejemplo de la ceguera del ser humano. Mientras los políticos se calientan la boca hablando del calentamiento global, tienen delante de sus narices un caso de desastre ecológico y miran hacia otro lado. Es verano en Chile y muchas familias ocupan la costa del Pacífico con sus carpas. No se trata de un fin de semana en familia. Muchas están allí más de tres semanas. Otros amigos se unen a la ocupación y van juntando sus carpas con telas como si de un campamento saharaui se tratara. No hay baños ni servicios de recogida de basura. Y cuando se van dejan tras de sí un rastro de vergüenza y basura en las pequeñas caletas del Pacífico. Los moradores permanentes de esas caletas sufren esa invasión de urbanitas y no sólo no pueden sacar provecho de ellos sino que además se quedan de regalo con toda la mierda.

El Desierto de Atacama es un gran basural. Desde el coche, circulando por la ruta 1 ó por la ruta 5, apenas se aprecia. A esa velocidad no se siente tampoco el calor del exterior. Pero en bici se ve cada trozo de neumático que ha explotado, cada lata de cerveza consumida y cada pañal arrojado por la ventanilla a la cuneta.

Basura para regalar a la naturaleza

Tres días soporté ese lamentable espectáculo en el que el ser humano trata con desprecio a la madre naturaleza, que le da todo sin pedirle a cambio nada. En Tocopilla abandoné la costa y volví a las alturas. Ya se sabe que la cabra tira al monte y mi objetivo era regresar a San Pedro de Atacama. Donde el cinco de mayo de 2.002 había ofrecido un espectáculo con el apoyo de los bomberos. Crucé algunos pueblitos pequeños como Maria Elena, que ha sido construido por la compañía minera y en cuyo museo, con la compañía de una momia, pasé la noche, y llegué a Calama. En este pueblo hay cinco cuarteles de bomberos. Acudí a la central, la primera compañía, y esperé cuatro horas a que el comandante se reuniera con el capitán y deliberará, en reunión extraordinaria, si se podía dejar pernoctar esa noche a un ciclista español. De la primera compañía, donde la reunión se prolongaba, fui a la quinta (con igual resultado), y ya harto, a las nueve de la noche, volví a la primera compañía para interrumpir la reunión y pedir asilo. Tampoco es que yo fuera un terrorista y sólo pedía un lugar para tirar mi colchón al suelo.

Los 1.001 usos del turbante

Al día siguiente llegué, tras casi ocho horas en bici, a San Pedro de Atacama. De aquél pueblito rodeado de maravillas naturales queda apenas el nombre. Ni siquiera el cuartel de bomberos donde yo me hospedé está de pie. Acudí al nuevo pero nadie de los que yo conocí en el 2.002 estaba por allí. Voy aprendiendo en este segundo recorrido por América del sur (el primero fue del 2.001 al 2.003) que no se puede revivir el pasado. Salvo excepciones contadas no puedo encontrar a los personajes del libro Kilómetros de sonrisas. No importa, otros alimentarán las páginas de mi próximo libro. Como tal vez Carlos, un chileno, miembro de warmshowers que aloja en su pequeña casa a cuanto ciclista pase por allí. Él está construyendo su propia casa con madera y me ha dado algunas ideas por si acaso un día puedo llegar a tener una propia.

Conducir es hoy por hoy un peligro reconocido

Salí de San Pedro para compartir una cena con Mariano, un argentino que afirma seguirme hace muchos años por mi web. Unos chorizos a la parrilla, una cerveza, ensalada y muchos sueños en común. Espero los suyos alcancen pronto vuelo.

Se termina el asfalto y van desapareciendo los turistas. Paso una noche a resguardo del viento contemplando el Salar de Aguas Calientes y continúo hacia la frontera con Argentina. Varios pasos de más de 4.000 metros me aguardan pero ya estoy bien aclimatado. Además el tiempo es bueno y hasta el viento se decide a empujarme.

Abandono Chile, por ahora, y entro en Argentina por el Paso de Sico. La primera noche la paso en la frontera. En este lugar cuentan con un pequeño apartamento, cono cocina y baño, a disposición de los viajeros. Y en el edificio central cuentan hasta con wifi gratuito. La segunda jornada llego hasta Olacapato. No tengo un peso argentino y nadie cambia dólares aquí, debo esperar hasta Salta, tres días más tarde, pero termino comiendo. Resulta que es carnaval y que en una casa colindante con el cuartel de policia hay asado. Segundo día en Argentina y ya me invitan a un asado. Descanso en el cuartel de policía, donde escribo esta crónica desde la mesa principal, mientras el Cabo Omar y el Agente Fabián se han ido a mover el cuerpo con la pequeña orquesta que ameniza la fiesta. Fuera ruge el viento y las montañas nevadas se recortan sobre un cielo azul y limpio.

Desde las alturas de Argentina, paz y bien, el biciclown.

Lago Tuyaito, en Chlle

Saliendo Salar de Rincón

Desayuno en el Salar Aguas Calientes

5 Comentarios
  • Granado
    Publicado a las 18:59h, 23 febrero

    Bienvenido a Argentina Alvaro, sientete en tu casa…

  • juan celis
    Publicado a las 00:46h, 24 febrero

    Hola mi querido alvaro, aunque tengas malos momentos no pierdes el buen sentido del humor, que Dios te siga protejiendo de todo mal y peligro, saludos.
    p.d. minimo uno de esos jovenes va a seguir tus pasos

  • Jorge King.
    Publicado a las 17:48h, 27 febrero

    No dejo de maravillarme con tu capacidad de pedalear y seguir hacia adelante!! Cinco meses atrás nos hubiéramos cruzado acampando en ese precioso lugar llamado “salar de Aguas Calientes” (paso Sico)… yo tiraba hacia el otro lado. Hace unos cuantos años también estuvimos apunto de cruzarnos en Mongolia!! Algún día confío nos cruzaremos por algun remoto lugar de este precioso pero maltrecho planeta. Animo y suerte con tus pedaladas. Un admirador tuyo 😉

  • karlos langreo
    Publicado a las 20:38h, 08 marzo

    saludos alvaro, ya te sigo también por el twiter y demás redes sociales, siempre tendras un me gusta de mi parte. sobre lo que comentas de la basura es triste pero esperemos que cambie, hace años en España pasaba algo parecido y ahora esta algo mejor. es inevitable que recuerdes tu anterior viaje por esas tierras pero todo cambia hasta nosotros . nos vemos biciclown

  • Gallofa
    Publicado a las 12:50h, 09 marzo

    Gracias por contar tus últimas experiencias por Chile. Espero y deseo, que te vaya todo bien por Argentina. Saludos.