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Doña Pepita y su merced

Las malas rachas, como las tormentas, a veces se ven venir. Estoy en racha (mala) con la autoridad. Porras es el agente número 193834, número demasiado largo para protagonizar una película de James Bond, pero de longitud adecuada para esta arrancar esta historia. Los controles de policía en Colombia no vienen acompañados estos días de toda la parafernalia militar que yo vi cuando recorrí este país en el 2.002. Son apenas un par de pivotes de color naranja desgastado por el sol, mal alineados, y una furgoneta varada a orillas de la carretera. La tarde agonizaba a la par que las fuerzas y aún quedaba la subida hasta Pamplona. En total ese día ascendimos 1.850 metros. Las paradas en boxes estaban contadas para poder llegar a Pamplona con luz de día, y detenerse en un control de tráfico no estaba contemplado en la hoja de ruta. El agente Porras me mandó pararme y, aunque no me gustó pues me iba a hacer perder un tiempo precioso, lo hice. Le mostré el pasaporte y entonces me vino con la copla:

“No llevas casco”.


Me mordí los labios para no reírme, pues recordaba la historia de un policía que una vez me detuvo porque yo iba en la bici sin cinturón. No podía creer que Colombia ocupara la triste lista de esos países en el mundo que adoptan una política de casco obligatorio en la bicicleta. No me imaginaba a muchos campesinos que he visto rumbo a la finca, teniendo que quitarse el sombrero de toda la vida para sustituirlo por un casco homologado. Hay países como Australia, Finlandia (creo) y España, en donde las autoridades han optado por exigir casco en vez de dotar a los ciclistas de vías en las que circular seguros. Está estadísticamente demostrado que los países que obligan a usar casco hay una disminución del uso de la bicicleta. Tiene más sentido exigir a los conductores de vehículos que lleven casco, y no a los ciclistas. Y puestos a exigir, el espejo retrovisor es más importante que el casco pues éste interviene cuando hay un accidente y el espejo lo puede evitar.

Porras me llevó hasta el furgón policial y sacó el manual de tránsito. Efectivamente había un artículo que exigía el casco. Traté de rebatirle usando el sentido común (algo que el legislador a veces olvida) y Porras me llamó de ignorante por no conocer la ley. En un momento de la charla, que ya era una disputa jurídica, me calificó de huevón.

“¿Cómo dice? ¿Huevón?”, le pregunté.

Porras se dio cuenta de que había ido un poco lejos con sus calificativos y me aclaró que huevón es una expresión coloquial en Colombia. Contento de que no me inmovilizara la bici como prescribe la ley de tránsito ante esa falta y de que no me hiciera pagar cinco salarios mínimos, proseguí viaje. Al día siguiente en Pamplona acudí a un taller de bicicletas en donde compré un casco de segunda mano por un dólar y medio que va ahora colgando de la bici cual boya de barco velero.

Prefiero otras expresiones coloquiales antes que huevón; verbigracia “su merced”. Empecé a escucharlo recientemente y dicen quienes la usan que es la forma habitual de dirigirse a alguien con educación. Para los colombianos de Boyacá el usted es demasiado chabacano, y no mencionemos el tuteo. Así que han desempolvado el quijotesco “su merced”. Los hijos se dirigen a sus papas de tal modo y también, al entrar en una tienda, la vendedora te pregunta:

“¿Qué desea su merced?”

“Tres arrobas de papas si es tan amable su persona pero apenas tengo para pagarle este lingote de oro” me dan ganas a veces de contestar.

Por cierto que la arroba también es todavía aquí una unidad de medida.

Bomberos de Cerrito nos invitaron a un hotelCarteles de Colombia

La educación excesiva nunca es un estorbo para las relaciones en sociedad al igual que las personas como Doña Pepita son necesarias para los nómadas. Mi vida en la bicicleta este último decenio no existiría sin mujeres como ella. En ocasiones tienen forma de bomberos voluntarios, como los de Cerrito, a donde llegamos cubiertos de polvo y con los dedos doblados de tanto accionar el freno en la bajada. Ellos no tenían un lugar para alojarnos pero no dudaron un segundo en pagarnos un hotel. Así se las gastan cuando se trata de hospitalidad en Colombia.

Pero el caso de Doña Pepita es singular. Esta mujer de 78 años, que casaron cuando aún tenía 14 y que ha dado a luz a 7 hijos, vive en Soatá. Allá llegamos tras otra paliza de 1.500 metros de ascenso, a las cuatro y media de la tarde. No había bomberos pero si defensa civil y acudimos a la sede. Al ser domingo no había casi nadie allí, salvo una mujer que nos puso en contacto telefónico con la presidenta. Una vez le expliqué nuestra historia y la necesidad de un lugar para dormir, la mujer reflexionó al otro lado del hilo hasta concluir que no era posible. Soatá es un pueblito de pocos habitantes pero que cuenta con dos grandes iglesias. Acudimos a la primera pero justo iba a comenzar la misa que en estos pagos dura una hora. Acababa a las seis, justo cuando comenzaba a oscurecer. Recorrimos siete hoteles del pueblo y en todos se produjo el fenómeno Miguelito de Mafalda. Al vernos llegar subían el precio al doble. Las habitaciones eran más triste que un edificio sin pintar y decidimos probar en la otra iglesia. Enorme por cierto, y en cuya cúpula un ángel parece echar a volar en cualquier momento como si fuera superman. El diácono escuchó nuestra historia pero despejó el balón a la banda en una patada defensiva que fue abucheada por Doña Pepita desde un banco de la plaza. Ella contemplaba toda la escena aguardando el momento para intervenir. El cura principal (había en la iglesia también un seminarista y otro cura que se metieron en el túnel de vestuarios en cuanto nos vieron aparecer), Don Félix, llegó para celebrar misa a las 6 con el tiempo justo de ponerse las botas, perdón, digo la casulla y la estola y salir a la cancha que tenía medio aforo. Estos estadios no se llenarán hasta la Semana Santa, cuando ocurra la resurrección (algo que ocurre cada año aunque la gente se asombre como si fuera la primera vez).

Don Félix me recibió de medio lado y sin pararse, me hizo un regate por debajo de las piernas, y me mandó a un Hogar de Paso que había en el pueblo. Salí de la Iglesia cabizbajo y desmoralizado por la maniobra y vi que Martina hablaba con una viejita; era Doña Pepita.

Nos estaba invitando a dormir a su casa. Se imaginaba que éramos viajeros, que estábamos cansados, que teníamos hambre, que queríamos ducharnos, que no deseábamos que se hiciera de noche sobre nuestras cabezas…; en fin, todo lo que uno se imagina en estos casos cuando en la plaza de un pueblo a más de 2.000 metros de altura dos ciclistas cargados de maletas están sentados en la escalera de la iglesia.

Esa noche Doña Pepita metió en su casa a dos completos desconocidos. Y no les dio un suelo para dormir sino un gran cuarto. Por la mañana ella fue la primera en hacerle la reverencia al sol y nos levantó con un agua aromática, mientras iba preparando un buen caldo de patatas. Doña Pepita raramente leerá esta crónica, pero es mi pequeño homenaje a su merced, una mujer que evitó que la noche nos sorprendiera en las frías calles de Soatá un domingo colombiano.

Paz y Bien el biciclown.

Nico y CherryLlegando a Pamplona
11 Comentarios
  • juan celis
    Publicado a las 04:00h, 07 abril

    Hola mis amigos Álvaro y Martina, como siempre emocionado con tus historias, que Dios los siga protegiendo de todo mal y peligro.

  • Dr Steiner
    Publicado a las 19:13h, 07 abril

    la policia en todo el mundo es igual, no sirven pa’ na, exceptuando escasicimas excepciones.-

    Animos ¡¡

  • karlos langreo
    Publicado a las 19:16h, 09 abril

    como van las cosas por venezuela. parece que la poli como siempre tocando los cojones si no es el casco sera otra pijada ,en fin si os agobian mucho siempre podeis cambiar de pais a ver que tal aunque en todos encontrareis polis y gente maja como doña pepita o los motoristas que quieren ser ciclistas, bueno hasta luego

  • Cristina y Horacio
    Publicado a las 13:32h, 18 abril

    Felices Pascuas amigos!!!!

  • NICO Y CHERRIE
    Publicado a las 16:33h, 21 abril

    Hola loko como estas? somos nico y cherrie! seguimos tu viaje… no pensé aparecer en tu pagina web, nosotros nos encontramos en cali Colombia, ya decicidos a volver a valparaiso chile vender la moto e irnos en bicicleta, la meta sigue siendo Alaska, pero tomaremos otra ruta y daremos la vuelta al mundo! te esperamos en valparaiso, tal vez ya estemos para esa fecha en mi ciudad, abrazos gigantes compadre GRACIAS!

  • Neudy Monsalve Vielma
    Publicado a las 18:22h, 21 abril

    Hola amigos Alvaro y Martina como na ustedes? desde Mérida un abrazo de amistad y mucha energía de rueda

  • Jairo Beltran
    Publicado a las 20:33h, 22 abril

    Buenas tardes

    Veo que esta en Bogota….saludos siempre observo su página y admiro lo que hace

    Bienvenido…si se le ofrece algo….a la orden

    jaibega@gmail.com
    jaibel@eltiempo.com

  • A Escovar
    Publicado a las 13:56h, 28 abril

    Hola Álvaro y Martina. Vivo en Bogotá. En mis viajes he recibido ayuda de varias personas y quiero devolver el favor. Contacteme para ver en que puedo colaborar.
    Alesco78@yahoo.com

  • MAURICIO VARGAS
    Publicado a las 15:28h, 28 abril

    Alvaro, espero que tengas una gran acogida en tu presentacion de hoy en Bogota;soy un cicloaficionado y debo recomendarte el uso del casco, existen estadisticas claras sobre la incidencia de accidentes graves cuando no se usa el casco y te garantizo que es de gran ayuda. miralo por el lado de la prevencion , usa tu inteligencia vial. Mucha suerte en el camino que te falta para cumplir tu sueño!!!.

  • Eduard guali
    Publicado a las 06:28h, 29 abril

    que gran privilegio poder saber de personas que marcan la diferencia les deseo gran bendicion de parte de Dios que los guarde y los guie en su camino, gracias a el, somos lo que somos, les saludo desde jamundi valle del cauca colombia, y si llegaran a estos lados les invito a un super cholado originario de este pueblo Dios los bendiga.. este es mi correo ederturo20@hotmail.com

  • Karajan
    Publicado a las 19:45h, 10 mayo

    ¡El patio de mi casa es particular y cuando llueve se moja como los demás!,bueno,pués el parque público es demasiado.¡Buena gente!