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Bachaqueros, Guarimbas y desfiles de Disney

Desde que visité por primera vez Venezuela, hace doce años, dos cosas permanecen invariables: una es el precio de la gasolina. Sigue siendo más barata que el agua. Es uno de tantos productos subsidiados por el Gobierno, hasta el extremo de que producir gasolina cuesta 28 veces el propio precio de venta (fuente PDVSA, Petróleos de Venezuela). Aunque el Gobierno trate de evitar el contrabando de gasolina por carretera hacia Colombia, cada día unos cien mil barriles traspasan la frontera: la picaresca, hija directa de la necesidad, es más audaz. Los venezolanos conducen viejos coches que han modificado para incluirles dos tanques de gasolina. Cruzan hasta Colombia, venden la gasolina a los locales y regresan vacíos. En el camino de vuelta paran a repostar en alguno de los puestecitos que, otros venezolanos, han instalado debajo de un árbol. Como Elizabeth. Con ese pequeño negocio mantiene a cuatro hijos y cinco sobrinos. Desde hace muchos años mencionar un aumento de la gasolina era como mentar la soga en casa del ahorcado. Pero desde que salen cien mil barriles a diario con destino a Cuba, regalo al hermano Fidel, la gente empieza a protestar. Un gasolinero gana más con las propinas de los conductores que repostan que lo que le corresponde por su propio salario. (Haz click en el título para leer más)

Venezuela es un caos económico como demuestra la disparidad entre el tipo de cambio del dólar oficial y el del mercado negro. El oficial es 6,3 bolívares. En el mercado negro puedes llegar a obtener 85 bolívares. La inflación oficial es del 56%. Las colas en los supermercados son gigantescas. Tras pasar seis horas en la fila para comprar alguno de los productos rebajados (uno de cada cuatro productos básicos está rebajado) es muy fácil que al llegarte el turno se haya acabado lo que buscabas. Papel higiénico, harina, jabón para lavar las manos, servilletas y arroz son los productos más solicitados y los que más escasean. Esta carestía ha provocado un nuevo oficio: el de bachaquero. Personas que aguardan muchas horas en la cola para comprar productos a precio reducido que luego venderán en la calle a un precio muy superior. El Gobierno limita a dos o tres los productos de una misma especie que una persona puede comprar pero para muchas personas de bajos recursos, estar seis horas bajo el sol sigue siendo un buen trabajo. Los supermercados se abastecen de productos importados, la mayoría de Panamá. Pero el día cinco de marzo Maduro se levantó con dolor de cabeza y ordenó romper relaciones comerciales, diplomáticas y políticas con Panamá. El futuro es incierto pero del color del petróleo.
Si hace doce años mi llegada coincidió con un paro general del sector petrolero contra Chavez, ahora la situación no es mejor. Chávez ha muerto (aunque dicen que ocultaron su muerte por varios días para asegurar una transición eficaz hacia Nicolás Maduro), y su delfín carece del carisma de su mentor. Los estudiantes, muchos de los cuales no han conocido otro régimen político que el chavista, se han rebelado contra la violencia policial que ha causado en un mes 22 muertos. El carnaval del 2014 está marcado en Venezuela por barricadas o guarimbas. En concreto el estado de Táchira es un campo militar. Maduro utiliza un discurso bipolar y un día habla de paz y a la tarde insta a los civiles a luchar en las calles para limpiarlas de barricadas. La televisión pública venezolana es un cuento de hadas, como lo es la cubana. Música, conferenciantes soporíferos hablando sin guión ni pasión y hasta el último documental de Oliver Stone sobre su amigo Hugo. Coincidiendo con el año de la muerte oficial de Chávez se organizó en Caracas una parada militar más en la línea de Disney o del Circo del Sol. Caballos montados por indígenas, por militares ataviados con uniformes de la época de Bolívar, alternando con tanques y oficiales con micrófonos inalámbricos. El público sujetaba banderitas venezolanas que agitaban al sentirse enfocados por las cámaras de la televisión.

GuarimbaPintada
GuarimbasSabiduría popular
La segunda cosa que permanece invariable en estos doce años que han pasado desde que entré a Venezuela en bicicleta, es más gratificante: la gran amistad de mis amigos de Maracaibo. He caído en manos de las mismas personas que me ayudaron hace doce años. Antonio y Montse (Puxa Asturies) y sus grandes amigos. Gente que a pesar de estar afectados directamente por esta crisis económica y de sentido común que azota Venezuela han desplegado todos sus recursos culinarios, económicos y logísticos para ayudarme. Cada vez que digo que me voy de nuevo a la ruta cocinan un nuevo plato u organizar una nueva cena que retrasa mis intenciones. Si dar la vuelta al mundo está llena de sorpresas y de gente alucinante, volver a dar la vuelta al mundo tiene reencuentros tan sabrosos o más que los primeros.
Paz y Bien el biciclown.
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Para cuando la Biblia chirríaMenudo encuentro

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