Login

Register

Login

Register

Por dos

He pasado unas navidades que podrían ser la envidia de todos aquéllos que detestan las lucecitas de colores, los arbolitos sin raíces, los papa noeles clónicos y las compras de último minuto. Unas navidades sin falsas sonrisas, sin comidas de empresa, sin amigo invisible y sin uvas. Retirado en una finca al norte de Matagalpa, donde no crecen uvas sino café, despedí el 2013 a eso de las diez de la noche. A veces huir de las tradiciones es muy sencillo cuando careces de los figurantes del Belén. Ni Melchor, ni bueyes, ni peces en el río. No hay diferencia entre el 2014 y el 2013, y bastará que llegue Febrero para que muchos se den cuenta. La ilusión de fin de año es la quimera del oro, el billete de lotería en casa del pobre o la estrella fugaz del desierto en la que el nómada confía su postrero deseo.
Tras finalizar una primera redacción de un libro sobre Cuba y un breve, pero iluminador, documental sobre la Isla, dejé Matagalpa rumbo a Managua. Cómo duelen las piernas tras casi tres semanas sin moverlas. La primera noche pedí asilo en una escuela cerrada y custodiada por el bueno de David. Allá monté la mosquitera y me volví a sentir de nuevo vivo, como si no hubiera habido un cambio de año sino de luna. A Managua llegué ya de anochecida, y gracias a la hospitalidad de la familia Farahani me alojé en su casa. Ellos no están, pues viven en Texas, pero su casa está abierta para nómadas de nido efímero. Allí aguardé la llegada de Martina con quien viajaré en adelante. Nos conocimos en Alaska hace más de un año y tras algunos encuentros nada casuales en la ruta, hemos decidido viajar juntos. Para alguien como yo, que nunca ha vivido bajo el mismo techo con una mujer antes, compartir ahora un pedazo de tela y los palos de la tienda es, por sí mismo, más aventura que la cara norte del Everest en invierno. (Media vuelta mirando al tendido y montera lanzada por encima del hombro sin observar su caída en el foso).

Dos días después de la llegada de Martina volví al aeropuerto a buscar la caja con la rueda que me enviaba Bike-tech por medio de la mensajería Toursa que desde el inicio ha colaborado conmigo. La caja la traía Félix a quién conocí semanas antes en Nicaragua. Su vuelo llegó quince minutos antes y mi taxista motorista llegó media hora tarde. Eso, sumado a unos trámites aduaneros más veloces que la zambullida de un Martín pescador, motivaron que al acceder a la terminal sólo quedarán algunos pasajeros, pero ni rastro de Félix. No disponía de su teléfono y no tenía ni idea de dónde encontrarle. Llamé al único amigo de Félix a quien yo conocía en Managua pero no contestaba. Con las orejas gachas y la moral más aún, regresé a la casa. Al día siguiente comenzaba la odisea de dar con Félix o la caja, o ambas cosas. Averigüé que la caja la había dejado en casa de ese amigo y tomé otro taxi para ir a buscarla. A media mañana por fin tenía en mis manos la rueda nueva para Karma. Entre el pago del exceso de equipaje de Félix y los sucesivos taxis, esa rueda me salíó más cara que si la hubiera enviado por UPS. Hice los cambios precisos y por fin de nuevo en ruta. Esta vez acompañado de Martina. Rumbo a Masaya. De ahí hacia la Laguna de Apoyo y por fin a la isla de Ometepe. Una isla dentro de un gigantesco lago cuyas olas, ahora en época seca y ventosa, hacen zozobrar al ferry más marinero. La isla de Ometepe cuenta con dos volcanes cuyas cimas parecen siempre tocadas por una nube con forma de sombrero chino. El segundo día llegamos hasta el final oriental de la isla. Allí no encontramos donde dormir y le pedimos permiso a el dueño de una finca. Bueno no era el dueño, Benito estaba solamente trabajando desde hacía un año en un proyecto agrónomo donde investigaban nuevas especies frutales. La finca era en realidad más de media montaña. Benito es de Seattle, barba rala y un pendiente en la oreja. Dice que su padre ha hecho varias viajes en bici y él mismo desearía hacer uno. Argumentos que apuntaban a que nos dejara dormir en la finca en nuestra casa de tela y palos metálicos pero, aunque dijo que no había ningún problema, nos sugirió una pequeña donación al proyecto agrónomo en el que estaba trabajando. Mis dotes de negociador disminuyen a la par que la luz del día y, quedando apenas media hora más de luz, decidí aportar cuatro dólares a una causa que desconocía. Pensé hablarle de mi propio proyecto y mostrarle uno de mis dvds por si quería contribuir a mi causa pero me parecía que no iba a tener éxito.
Martina Granada
Con Martina en Granada
Donde si tuve éxito, días antes, fue en Granada. Allí ofrecí un nuevo taller de clown para 18 alumnos venidos de Nicaragua y Costa Rica. No fue organizado por ninguna institución cultural española, sino por una persona de apenas veinte años. Lester es un amante del clown y vive en un pueblo al norte de Nicaragua: Estelí. Conociendo mi paso por su país decidió juntar a sus amigos y organizar el taller en Granada, coincidiendo con un encuentro de artistas callejeros llamado el Berrinche ambiental.
Ninguno de los centros culturales españoles a los que me he dirigido en mi paso por esta parte del mundo (Guatemala, El Salvador, Nicaragua o Costa Rica) han sido capaces de hacer lo que Lester, con apenas repito veinte años, ha organizado un taller de clown. Sirva como ejemplo la respuesta del centro cultural de Costa Rica a quienes ofrecí uno de esos talleres de clown y una de mis conferencias: «en las instalaciones del Centro Cultural no puede haber actividades que generen lucro para particulares». Dicho en castellano moderno, que si eres un pintor debes exponer gratis, si un director de cine, regalarles la película para que la muestren, si un cantante de flamenco actuar gratis, si un conferenciante, dar tu conferencia gratis, y así el resto. Bien está que yo soy un payaso que regala su espectáculo por el mundo en favor de la gente más humilde, pero para comer, dormir y hasta pagar visados, debo tener algunos ingresos. Más allá de la venta (escasa estos últimos años por la crisis) de mis libros y documentales, me financio con las conferencias y los talleres de clown. En muchas ocasiones organizados por centros culturales de España en el extranjero pero ahora, parece ser que no es posible. Porque «para evitar el desarrollo incorrecto de actividades» el artista que actúe en el centro cultural español no debe lucrarse.
Ahora si el que cobra por su trabajo es un artista se está lucrando, pero si es un funcionario está percibiendo un salario. Es algo así como que yo tengo sobrepeso pero mi vecino está gordo; yo estoy alegre y mi vecino borracho.
La nueva ley de presupuestos para este 2014 contiene una modificación de la Ley de la Seguridad social que me dejó tan perplejo como el correo de ese funcionario español. Según la modificación, cualquier español que resida más de 90 días al año en el extranjero pierde la condición de residente a efectos de ser beneficiario de prestaciones de la seguridad social. Es decir, que cuando regrese a mi país en unos cuantos años más, no podré ir al médico de la seguridad social. Tendré que contratar un seguro privado. Los recortes sociales, culturales y sanitarios a los que asistimos en esta época de crisis son una prueba de que el Estado solamente protege al individuo cuando no le salen números rojos. El Estado del bienestar se rige en realidad por principios mercantilistas y mientras haya pan para todos no van a faltar músicos y bufones en el palacio. Pero cuando como ahora el pan no llega para todos, sólo nos interesan aquéllos músicos que toquen gratis, para que no se lucren, para que no coman, para evitar un desarrollo incorrecto de actividades. El Estado por medio de sus funcionarios es incapaz de controlar si la actividad es buena, y si el artista merece cobrar lo que pide y si el resultado es bueno; y al igual que en la escuela cuando alguien le tiraba la tiza al profesor pero no confesaba, todos estamos castigados el sábado por la mañana hasta que aparezca el culpable.
Paz y Bien, el biciclown (por dos)
Clown workshop GrandaOmetepe
Taller de clown en GranadaEl volcán Concepción en la isla de Ometepe
14 Comentarios

Lo sentimos, los comentarios están cerrados en este momento.