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La cara y la cruz del clown

Situación número 1

«No tenemos tiempo de organizarlo«, dice Neslon.

«Bueno Nelson -le comento poniéndome de pie- ahora imagina que yo te doy 1.000 dólares. ¿Necesitas una semana para aceptarlos? Si yo te digo que el espectáculo vale eso a lo mejor encuentras la forma de hacerlo».

Nelson es un salvadoreño de risueña mirada aunque en ese momento en que le lanzo la pregunta aparece preocupado. La reunión con él y otros campesinos de Comasagua fue promovida por Patricia. Una francesa que ha colaborado en varios documentales que he realizado por medio de crowdfunding y a quién acabo de conocer en persona. Ella ahora es profesora del Liceo Francés en la capital y un día antes de esa reunión me escribió un correo para advertirme de que ella vive ahora aquí. Me presentó (por correo) a Michel, un francés que lleva muchos años en El Salvador y que trabaja para la única Ong francesa en este país: Socorro popular, que ayuda a los campesinos de Comasagua: un pueblo que practicamente desapareció en el terremoto del 2.001.

Nelson toma de nuevo la palabra y se dirige a Michel:

Si alguien puede ayudarnos para hacer el espectáculo el lunes es el alcalde; llámale.

Michel localiza al alcalde que ofrece camiones para traer a la gente de las comunidades, nos facilitará el equipo de sonido y lo que haga falta. Patricia también colabora economicamente para facilitar el trasporte de gente que vive lejos del pueblo, porque no quiere que nadie se pierda el espectáculo.

El objetivo es reunir al menos a 200 personas humildes. Podrían ser 180, no es un número fijo, simplemente en más de 10 años que llevo haciendo esto he aprendido que si pides 200 habrá 100. Los que han visto La sonrisa del nómada saben de lo que hablo.
Irónicamente esa conversación tiene lugar en un jardín en frente a la Embajada de España, a quién contacté hace varios días solicitándoles contactos para ofrecer gratuitamente el espectáculo y no me pudieron dar ninguno. Michel no lo entendía cuando se lo dije:

-Pero si en cultura de España colaboran con nosotros muchas veces y me conocen perfectamente…

Situación número 2

De regreso a casa (Patricia me lleva en su coche) le comento que doy charlas y a lo mejor al Liceo le interesa organizar alguna. Son pagadas y siendo sábado no creo sea posible organizarla. Cuando llega a su casa Patricia escribe un correo a la directora del Liceo y le comenta lo de la charla. Ella accede. Ya verán cómo consiguen el dinero pero una oportunidad así no se puede perder.

La charla tiene lugar el martes, para 51 alumnos, pero sus comentarios al acabar la charla son de esta índole:

hola, soy una de las alumnas que estaba presente en su charla de ahora por la tarde, en el Liceo Francés. Sólo quería decirle que en verdad me encantó su charla, fue bien emotiva y me hizo reír mucho (le digo ésto porque la mayoría de personas que llegan así a darnos alguna presentación no me dan risa, pero usted sí). Me marcó bastante lo que nos dijo de intentar hacer las cosas al máximo para después no tener que quedarse con la duda.
Me encanta su visión sobre el mundo y el respeto que le debemos a las otras culturas, religiones y diferentes formas de pensar. Me gustaría mucho poder viajar así como usted lo hace (sólo que no en bici porque no puedo), porque estoy convencida que el viajar nos abre la mente a cosas que ni siquiera imaginamos y de esa manera nos permite no sólo basarnos en lo que escuchamos como lo decía usted ahora, pero vivirlo y experimentarlo personalmente.

Por la noche la directora, que no pudo asistir a la charla, me invita a cenar junto a otros profesores del Liceo. Curioso le pregunto porqué decidió organizar esa charla, cuando apenas sabía nada de mi.

-No todos los días pasa por nuestro colegio una persona que lleva 9 años recorriendo el mundo en bici. Eso no se puede perder.

Charla

En el Liceo Francés

Situación número 3

Salgo de San Salvador tras grabar un reportaje para la CNN en español (gracias Héctor por cederme las imágenes del show) y me detengo a comer algo en la carretera. Una cocina de gas instalada en la orilla de la ruta y dos mesas de madera es lo que en El Salvador llaman un comedor. Tras negociar un buen precio para una torta (pan con cebolla y algo parecido a carne), el marido de la cocinera, Carlos se sienta en la mesa y me pregunta:

-Tu país, España ¿te paga por hacer lo que haces, por recorrer el mundo en bici? ¿te da algun reconocimiento?

En África era normal que la gente pensara así pero ya ha pasado mucho desde que salí de ese hospitalario continente y no había vuelto a oir semejante planteamiento.

– Carlos – le digo- a mi país le da igual que yo recorra el mundo en bici, a pie o a lomos de una jirafa. Esa es mi decisión y ellos no lo ven como algo que favorezçca la imagen de España.

-Pero deberían sentirse orgullosos de lo que haces, ¿no?, insistía Carlos.

– Les informo de que llego a un país, pero en muchos casos, como ahora en El Salvador, el cónsul ni siquiera me responde. No tienen ese sentimiento de orgullo de su país, son funcionarios, que trabajan en esto por un puñado de dólares y a ellos un tipo como yo que le da la vuelta al mundo en bici, no les provoca simpatía alguna. Aunque hablen de Marca España, que yo esté dando una imagen positiva de mi país por el mundo les trae sin cuidado.

El lunes a las 7.30 de la mañana Michel pasaba a buscarme con el coche para llevarme a Comasagua. Un hermosa carretera serpentea por la columna vertebral de la montaña hasta llegar a las empedradas calles de Comasagua. Darilo el alcalde nos recibe y confirma su apoyo.

-Sólo quería ver a ese clown -le dice a Michel- pues no estaba seguro de lo que habías comentado por teléfono.

Toda la mañana se monta el lugar para el espectáculo, en el centro del pueblo. Y dos horas antes de que comience ya están ocupadas las sillas. Se traen más y a las 4:15pm el clown sale a escena. A la gente le pasó el tiempo tan rápido como a mi y a las 5 pm ya estaba de nuevo vistiéndome con la ropa de calle. Se divirtieron y yo con ellos. Fue un bonito espectáculo para una de las comunidades más pobres de El Salvador. Patricia sacó algunas fotos muy buenas que así lo acreditan.

Debo agradecer a esas personas que he ido mencionando en esta crónica, sin cuya pasión, esto no hubiera ocurrido. Ójala su ejemplo cunda entre aquéllos que trabajan al servicio de la cultura de cualquier país. Es una lástima que no pueda actuar más a menudo, dar más conferencias o incluso talleres de clown. Ahora mismo, por ejemplo, estoy persiguiendo a los responsables de cultura de mi país en Nicaragua para obtener una respuesta a mis correos. Es imposible. Y frustrante a la vez.

Desde un pueblecito de El Salvador, Paz y Bien, el biciclown.

Bus camino

Bonito salvo si tienes que pasar al lado

CNN

Entrevista con Héctor para la CNN

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