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SPACEme nace en Guatemala

La última vez que había visto vender gasolina al lado de la carretera fue en Indonesia. Y la última vez que había visto a las mujeres acarrear los bultos en la cabeza fue en Nepal. Allí también había niños trabajando (jugando ellos creen), pero nunca antes había visto un niño de 3 años cargando con su cabeza un montón de flores. Las mejillas de Sela son rojizas, señal de su buena salud y de que se pasa el día entero en la calle. Sujeta a la frente lleva una tira de la que con habilidad se sostienen el zacate. Es el alimento de los animales aquí en Guatemala. Aunque son tan coloridas que uno desearía ponerlas en el escritorio.

La mama, que le sigue con un fajo diez veces mayor, me pide dinero por sacarles las fotos. Si esa foto existe es porque llevaba plátanos. No les hubiera dado 1 qtz por la foto, pero compartir mi comida es un placer. Además lo agradecieron.

El turista piensa que si ha pagado por su caro aparato fotográfico puede ir disparando a diestro y siniestro, olvidando que está retratando seres humanos en sus quehaceres diarios y que, maldita gracia le haría a él que entrara alguien en su oficina a sacarle una foto.
He entrado en Guatemala cuando aún las lluvias no han cesado, e incluso como si quisieran que no nos olvidáramos de ellas, aún arrecian con más fuerza. En unas semanas parece que terminarán. Mi intención de recorrer la zona de los cuchumatanes es inviable pues los caminos sólo se pueden recorrer ahora en kayak.
De ahí que llegara antes de lo previsto a Huehuetenango. Mi primera gran ciudad en este país lleno de grietas, no sólo en las montañas, sino también en la sociedad. Guatemala conserva muchos dialectos antiguos que hacen que uno vuelva a tener que ir a la escuela, como me ocurría en África, anotando en la libreta algunas expresiones que más que servir para comunicarse servirán para provocar sonrisas.
Sonrisas. Tengo al clown que se sube por las paredes. Mi clown me pregunta porqué no actúa y no le puedo responder. Le digo que escribí a la Embajada de España en Guatemala, a la AECID, a la sección cultural, a un proyecto de payasos, a Acción contra el Hambre, que he ido a ver a Aldeas Infantiles en Xela…, y que por una u otra razón desconocida, no hay interés. La Embajada respondió hace unos días diciendo que estudiarán la propuesta (la propuesta es que me faciliten contactos de orfanatos o lugares similares para ofrecerles mi show gratuito).
Las flores no pueden crecer más rápido por más agua que les pongas y los espectáculos surgirán cuando encuentre unas personas en mi camino que tenga pasión por su trabajo. Así que sigo pedaleando y decido preparar un proyecto para la Seguridad de los ciclistas en las carreteras. Este proyecto me llevaba rondando la cabeza muchos años. No me gusta llevar chaleco porque creo que los ciclistas somos bien visibles con nuestros bultos y cosas colgando. Pero aún y todo he optado por ponerle el chaleco a la bici. A pesar de todo los coches siguen dándome grandes sustos. En parte porque ignoran el daño que pueden causar conduciendo tan rápido y mal. Debido a que algunos países protegen a los ciclistas con una ley que les da 1.5m de margen, he querido plasmar eso en una prenda visible pero a la vez discreta.
Y así surgió SPACEme. Suerte que conocí a Gerard en Nanjing. Dueño de una empresa textil en China hace años y él me está ayudando a desarrollar el producto. Y suerte que está Sergi, con sus botones mágicos, el complemente ideal para este invento. Y suerte que está Martina en Suiza haciendo el diseño gráfico del producto…; y suerte que estaís vosotros para apoyarme.
Sólo si conseguimos 7000 euros en verkami antes del 4 de diciembre podremos lanzar el producto. Creo que la idea vale la pena. Es momento de protegerse en las carreteras y de decir que nos den el espacio de 1.5m que nos da la ley.
Ahora me dirijo rumbo al lago Atitlán, protegido por tremendas cuestas. Ha sido muy dura la campaña para lanzar SPACEme y ahora necesito un poco de descanso. Aunque quedan sólo 30 días para lograr el objetivo financiero, el personal de lanzar un proyecto potente en verkami está conseguido. Hoy me merezco una cerveza.
Mañana vuelvo a la ruta tras pasar cinco noches en casa de un generoso warmshowers que se casó hace muchos años con una linda guatemalteca. Con él he disfrutado de una caminata a un lago y de grandes comidas (es un excelente cocinero). Uno de sus hijos vive en Alaska y el otro día comí salmón de Alaska. Me sabe muy rico especialmente por haber compartido con esos salmones algunos atardeceres.
Paz y bien, el biciclown.
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3 Comentarios
  • Cristina Burgues
    Publicado a las 20:04h, 05 noviembre

    Felicitaciones por el proyecto Alvaro… me parece genial, sobre todo por los paises donde pareciera que la vida del ciclista es descartable….

  • juancevi@hotmail.com
    Publicado a las 18:24h, 06 noviembre

    Hola alvaro espero que todo te salga bien este domingo pasado hice 115 kms de donde vivo hasta santa barbara de barinas en otro estado todo bien . y aui en venezuela como te puede uno ayudar con tu proyecto ? chao que Dios te siga cuidando de todo mal y peligro.

  • RAFA OLIVA
    Publicado a las 19:06h, 06 noviembre

    FORMACION INFORMACION Y VIGILANCIA…. ES LO UNICO QUE HACE VARIAR LOS HABITOS, LOS BUENOS Y LOS MALOS.
    EL SPACEME ES PURA Y DURA FORMACION PARA MUCHOS E INFORMACION PARA TODOS LOS QUE LO QUIERAN VER.
    ESPERO QUE LAS LETRAS DEL CARTEL SEAN GRANDES PARA QUE NO TENGAN LA DISCULPA DE QUE DE LEJOS NO SE VEIA BIEN PARA ARRIMARSE MAS….
    UN SALUDO Y SUERTE (Y UNOS EUROS DESPUES).