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The Wave

Coincidí una vez más con Pablo, el argentino, en Bryce. Allí juntos visitamos otro de esos parques naturales que te dejan con la boca abierta. Y que te obligan a madrugar. Pues para obtener las mejores fotos hay que aguardar sentado al sol que, como un artista, va pintando de naranjas y rojos las piedras y castillos de arena que parecen no querer salir de las sombras. Él había acudido a la lotería y le había tocado la suerte. Un fenómeno este Pablo. Me dijo que no había mucho control en el camino y que lo intentara sin tener el boleto de entrada. Preguntó en la oficina de conservación de The Wave cuánto era la multa si accedías sin billete y no le supieron responder.
Así que lo intenté. Tras dejar Kanab atrás, el camino tiene rectas de kilómetros y kilómetros interminables cuando el sol te da de cara, llegué al desvió. Unos 14 kilómetros de tierra y piedras, con dos fuertes subidas, hasta llegar al parking. Poco antes de llegar un coche, el único que me pasó en toda esa travesía, se detuvo.
«Are you hiking tomorrow?
No quería darle demasiada información, pues no sabía si era un ranger, así que le dije que no sabía lo que iba a hacer mañana. Tony me sonrió y me aclaró.

«I have an extra permit if you want to see The Wave»
Me detuve y charlamos. Hacía meses había pedido dos permisos y su colega no había podido venir. Mañana a las 7am nos encontraríamos en el parking y podríamos caminar juntos. Él es un fotográfo que ha escrito varios tutoriales sobre photoshop. Su web no deja a dudas que sabe lo que hace y lo que fotografía.
The Wave es un lugar mágico que, como esas mujeres que apenas hablan, deja traslucir sus encantos en silencio. La luz va modificando el color de las piedras, permitiendo ver formas que, hacía solo unos minutos, estaban ocultas. No saqué demasiadas fotos pues prefería disfrutar la magia del lugar. Ninguna foto le haría justicia.
Al día siguiente desanduve el camino de piedras y polvo y volví a Kanab. En los baños de la oficina de turismo me afeité y en su jardín lavé un par de prendas. Necesito descansar, limpiar a Karma del polvo, y vacíar la memoria de tantos colores hermosos. Voy rumbo a Las Vegas (si alguien tiene algún contacto allí se agradecería) pero no a jugar al casino. Mi fortuna está en el terreno del amor no en el de la ruleta.
Paz y Bien, el biciclown.
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Un lugar hipnótico
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Parece una tarta
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Haciendo amigos para toda la vida

4 comentarios en “The Wave”

  1. Perico García de Leániz

    mmmmmmm, qué belleza de vetas… ¿seguro que no es un jamón curadito? (chiste malo)
    Buena Suerte en el espejismo de Las Vegas.
    Perico 😉

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