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Hace falta más desiertos

Un par de noches de descanso en Moab fueron suficientes para renovar mis deseos de aventura y generar la energía que requería el camino de cabras del Shafer Trail. Denominado así en honor a un par de hermanos que en 1917 conducían el ganado por un desfiladero, abierto a golpe de pezuña de cabra, en la quebradiza roca del Canyonland; rojiza como la piel de una alemana tras una tarde tostándose en la playa de Benidorm. Treinta años y pico después el hallazgo de uranio en estas tierras provocó que el imposible sendero se ensanchara para dar paso a vehículos. Y terminado el uranio quedó la pista que ahora es usada por todo terrenos y algunos tipos que están como una cabra. Cual es mi caso y solo para hacer honor al origen del camino. El acceso al Canyonland por el Shafer trail tiene además premio económico: 10 dólares. Pues la garita de acceso al parque está unos metros antes del sendero y si tu alma de funambulista es capaz de superara esas cuestas de arena y piedras del 8% entras gratis al parque.
Aunque el verdadero premio es la propia satisfacción de no haber sucumbido al vacío que se extiende a tus pies. Mas a fuerza de ser honestos esa subida es nada comparadas con las del Sani Pass en la frontera de Sudáfrica con Lesotho. Aquéllo si que fue sufrir.
Si el Arches Nat Park era un museo de roca que emergía ante los ojos del visitante a cada curva, y diferente según el ángulo de observación, el Canyonland es la visión que tendría un piloto desde el aire del destrozo creado por un niño al que le han dado una cucharilla para que, a su capricho, abriera surcos en un tiramisú de roca. Abajo el Green River ha erosionado la roca con una sola premisa cierta: que no haya más de cien metros en línea recta. Desde los 1.800 metros de altitud el río parece una fina cinta de asfalto de un circuito de Fórmula 1, pero de dimensiones gigantescas. Ni siquiera el ojo humano es capaz de abarcar de una sola mirada todo el paisaje que se le presenta. Por eso es necesario estar al menos media hora de observación. El ojo humano ha perdido ya la capacidad de absorver de un golpe esos vastos paisajes. Simplemente porque no abundan. Tal vez en la patagonia haya visto yo tan grandiosa extensión de tierra. Como un mar en calma donde no existe el punto infinito. Hay que inventarlo para no enloquecer. De la misma manera que necesitamos un plan para levantarnos cada dia, aunque luego (y esto es lo hermoso) sigamos el plan que la vida nos depara.
Y si la mirada se siente derrotada por este mar de tierra, con profundos y aleatorios cortes aquí y allá, el oído también es sometido a examen. Cuando el viento cesa queda un silencio ensordecedor. Nos hemos desacostumbrado al silencio pues en la vida moderna el ruido (aunque sea una bella melodía de Keith Jarret) es incesante. Recuerdo las noches de verano en El Cairo cuando el calor hacia inevitable el insomnio y las conversaciones entre los taxis, a golpe de bocinazo, se prolongaban hasta el amanecer o hasta que el sueño me vencía.
Quedan pocos desiertos en la Tierra en los que escuchar el silencio. O mejor dicho quedan pocos lugares en la Tierra en los que escuchar el silencio. Los desiertos son algunos de ellos. Como el desierto Nubio en el norte de Sudán.
Los escasos lugares para acampar en el Canyonland se llenan pronto. No hay trato alguno de favor para quien recorre estos lugares en bici o a pie. Los coches llegan mucho antes al lugar de acampada, pagan los 10 dólares, y dejan un par de sillas de plástico ocupando la plaza. Le comenté a un ranger el problema y me dijo que hay muy poca gente que recorra este lugar en bici. Es decir, que no van a cambiar la política para cuatro gatos que somos.
“¿Y si llego al camping a las 6 de la tarde y está lleno?”, le preguntó imaginando ya la respuesta.
“Pues tendrás que salir del Parque y acampar fuera”.
No he subido por un camino de cabras para irme después a acampar 25 kilómetros fuera del parque, así que me refugio detrás de unos matorrales a la espera de la puesta de sol sobre ese cañón, para contemplar desde el aire lo que el niño con la cucharilla ha cortado del pastel.
Paz y Bien desde la ruta, el biciclown.
Cruzando un río de sal
Poniendo las cosas en su sitio
El tiramisú que creo el niño
El camino de cabras del Shafer Trail
Amanece en el Mesa Arch
4 Comentarios
  • Fer
    Publicado a las 00:27h, 09 octubre

    Impresionantes imágenes, un lugar de ensueño. Ánimo Álvaro, un camino de cabras como ese acojona pero la recompensa arriba…tela. Precioso.

  • Doug W.
    Publicado a las 16:25h, 11 octubre

    Hope you’re able to enjoy the desert without focusing too much negative energy on the prices and the motor homes. If quiet is what you’re after, make sure to head to Natural Bridges National Monument, not far from Canyonlands. It’s one of the only certified “dark parks” in the USA. It has similar geology to Arches, but with more greenery and at night, the skies light up brighter than just about anywhere else in the continental US.

  • Carlos
    Publicado a las 17:52h, 11 octubre

    Eres un privilegiado, dormir en un sitio así, aunque tus sudores te habrá costado. Por cierto la foto, que más me gusta, es la que te quieres llevar la china, aunque la hayas podido meter en la alforja, seguro que tienes sitio con sonrisas para tu próximo espectáculo. Eres muy grande, tanto como la piedra, o la piedra se queda demasiado pequeña…

  • rioja
    Publicado a las 19:17h, 23 diciembre

    Son imagenes realmente espectaculares.Parecen de otro mundo.Seguro que esa subida te abra descolocado la sonrisa, pero una vez arriba te la imagino otra vez en su sitio y multiplicada por diez. No la pierdas nunca. suerte.