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414 s

Desnubar

 

Cuatro años más tarde llego a Nueva Zelanda y me desvío hasta un pequeño pueblo en la costa este de la isla el sur: Timaru. Una población de menos de 30.000 habitantes por cuya calle principal no pasea un alma a las seis de la tarde de un día cualquiera de verano. Los comercios están cerrados…, no todos. Hay uno abierto. Un local en el que se vende el típico bocadillo turco: el kebab. Cuchillo en mano y con cara de haber dormido poco, Murat me sonríe detrás de la cristalera. Nos abrazamos como lo que somos: sencillamente dos viejos amigos a los que el camino ha juntado de nuevo. Tras un te (turco por supuesto) y un suculento kebab, Murat echa la persiana al negocio y con mi cargada bici le sigo hasta su casa. Allí nos estaban esperando su mujer y sus dos hijos. No me sorprende que Yamaç hable inglés. Tiene 13 años y no le queda otra si quiere ir a la escuela. Pero lo del pequeño Duruck es impresionante. Es más fluente en inglés que en turco. El pequeño Taliban (como yo le llamaba en Ankara pues es más peligroso que el odiado personaje de largas barbas) habla con acento kiwi. Sus padres hablan con él en turco y él responde en inglés: «What the hell!!»
La vida para esta familia ha comenzado de nuevo. Para conseguir tener sus papeles en regla Murat ha invertido tanto dinero en exámenes médicos, traducciones y abogados, que podía haber comprado ya dos coches. Siendo manager del local de Kebabs más concurrido las madrugadas del domingo trabaja más horas que la máquina de ATM en un centro comercial. Los sábados el local está más horas abierto que cerrado. Pero ama este país porque aquí puede cumplir algunos sueños que en Turquía eran pesadillas: por ejemplo que sus hijos estén seguros jugando en la calle.
Uno de mis sueños en Nueva Zelanda era pedalear observando el Mt. Cook. Para ello no basta con acercarse a la montaña más alta de las antípodas, sino que hay que tener suerte. El siempre cambiante tiempo en Nueva Zelanda dio una tregua por dos días. Y qué dos días. Tras llegar con María a las faldas del Mt. Cook con lluvia y frío, la mañana siguiente el cielo se desnubó y un espectáculo de nieve, montañas y flores quedó a la intemperie. Madrugué para ver la puesta de sol desde las alturas y respirar al ritmo con el que el sol iba bañando de mágica luz todo el valle. El cielo despejado se mantuvo, increíblemente, todo el día. Desde el lago Pukaki me fui a dormir observando a través de la mosquitera de la tienda como el Mt. Cook enrojecía con los últimos rayos de sol. Había sido uno de esos días de sol y cielo azul que en Nueva Zelanda son tan escasos como inolvidables.
En Timaru descanso ahora unos días organizando alguna presentación del proyecto en Christchurch. Tras retomar contactos con la organización que se encarga de los refugiados en Nueva Zelanda no he podido obtener una respuesta a mi ofrecimiento de espectáculo gratuito. Llevo tres meses en este país y voy comprendiendo ciertas cosas:

 

  • – Los kiwis son educados; a veces prefieren callar que decir no.
  • – Como colonia británica que fueron no ofrecen respuestas directas sino con rodeos.
  • – El asombro y la espontaneidad no forma parte de su cultura (salvo cuando llevan 15 cervezas en el cuerpo)

Tengo miedo de que al vivir tanto tiempo en un país me acabe contagiando de sus formas. La espontaneidad y la sonrisa son rasgos de personalidad de un clown. No quiero perderlos. Compartiendo juegos y conversaciones con Duruck espero sobrevivir hasta cambiar de isla.

Desde Timaru, Paz y bien, el biciclown.

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Uno de esos días que sabes que te ha tocado la lotería

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Siete años después…; reencuentro

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Amanece en el Mt. Cook

8 comentarios en “Desnubar”

  1. Gracias por existir… Llevo cinco años estudiando filosofía (ya sabes, leyendo un montón de libros), pero no había leído nada que desprendiera ese aroma de verdad como tus historias. Mucha fuerza y ánimo. Y no pierdas la sonrisa, pues entonces, ¿qué nos queda?

  2. Alvaro, talked to a lady cyclist here in Te Hikoi this morning. Asked her where she came from, and she said \»Spain\». I said a lot of Spanish stop off here at our I site/Museum. She asked if a male cyclist that was a clown had come this way. Of course I said. Her name was Mary! Your sister. So I sent her to meet Sandra and Doeti. Small World. WE still talk and think of you here in Riverton………..

  3. ¡Cuánta variedad de culturas debes tener en amigos Álvaro!, preciosas las fotos, sobre todo la del manillar, tan lleno de recuerdos y experiencias… ojalá pudiera tener unas pequeñas vacaciones de cicloturismo.

    Atte. Clownfunder 0436 🙂

  4. ¡Qué fantásticas tus experiencias en Nueva Zelanda!! Es un país que no he visitado a pesar de ser el más cercano, pero este año está en mi agenda…Es el único que puedo visitar de acuerdo a mi cuenta de banco, ja, ja, ja!

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