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Perdido en un lago

El humo que sale de la estilizada chimenea se pierde entre las gigantescas montañas que se levantan, como con urgencia, en el lago Wakatipu. La sirena que antiguamente servía para alertar a los ganaderos de las estancias colindantes con el lago, moviliza ahora a los turistas que apuran su último café en el embarcadero de Queenstown. Una ciudad situada en un enclave de cine pero que ha caído en manos del turismo, las tiendas de artesanía barata y olores de comida asiática. Queenstown es un claro ejemplo de un pueblo que ha enajenado su encanto a favor de turismo de paso. La globalización es ahora comer en un tailandés siendo atendido por una joven de Vietnam que pasa la comanda al cocinero chino. El verdadero embrujo de Queenstown se encierra en sus jardines y en un paseo por la orilla del lago poco antes de la puesta de sol. Incluso en un baño en el lago, a sólo unos kilómetros del pueblo, durmiendo en la tienda en alguna de las pequeñas playas que reciben el oleaje del vapor Earnslaw.
Ese barco es hoy en día el único medio viable para cruzar el lago Wakatipu y llegar al camino que conduce a Te Anau por una pista de grava. Un recorrido que se acerca al Lago Mavora, mi destino para despedir el año 2011. El lago Mavora son en realidad dos lagos: el norte y el sur. La carretera hasta el lago del sur atraviesa estancias ganaderas grandes como cientos de campos de fútbol. El lago del norte es de más difícil acceso, apenas un camino recomendado para todoterrenos, o para ciclistas ávidos de aventura y soledad. Quiero despedir el año sin que aparezcan borrachos, sin fuegos artificiales y sin doce uvas (o kiwis en este caso). Deseo una celebración íntima: Karma y yo, con las montes de Livingstone y Thomson como únicos compañeros. Brindando con agua del río Mararoa en el que lavo mi ropa y en el que dejo fluir mis últimos pensamientos.
Ha sido un gran año que había comenzado de manera terrible. Siendo testigo directo del tsunami en Japón. Con perseverancia y buenos amigos pude sin embargo aprovecharme de la circunstancia de estar en ese país en ese momento trágico y llevar unas sonrisas con mi clown. Uno de los espectáculos más importantes de los últimos años, sin duda alguna.
Gracias también al apoyo de mucha gente he podido sacar adelante un nuevo documental. Una obra audiovisual en la que además de guionista y director me tuve que convertir en productor directo. Participando en todas las fases de creación y hasta de comercialización: vendiéndolo directamente en los mercados de Australia y Nueva Zelanda para cubrir los costes.
Y para redondear el año ha salido a la luz un nuevo libro, en el que llevaba trabajando desde finales del 2010 y que cierra el capítulo de mis andanzas, tres años, por Asia. Un libro para el que no he escatimado lujos y que sale a la calle con 48 fotos a todo color y con una calidad impecable. La palabra que hasta ahora más veces he oído de los primeros lectores para definir el libro es que engancha.
Este 2012 os puedo asegurar no vendrá con un nuevo documental ni con un nuevo libro. Y el 2013 creo tampoco. Ni el 2014. Escribir un libro «en marcha» es una labor agotadora. Cuando se está lidiando a diarios con vientos, desgaste de material, organización de espectáculos y visados, no se le puede dedicar a un libro el tiempo y la atención que demanda. Cada uno de mis libros me ha obligado a detenerme y ahora quiero avanzar. Aún me queda hasta Abril para recorrer Nueva Zelanda y le voy tomando gustillo a este país de fuerte raíz anglosajona.
Por ejemplo ya he aprendido que cuando alguien te dice Maybe, no quiere decir tal vez, sino NO. Los ingleses juegan con la sutileza del lenguaje dando rodeos que los latinos consideramos inútiles pérdidas de tiempo. Tras semanas aguardando una respuesta del Centro de refugiados me contestan por fin interesados en mi oferta de actuar para los cientos de inmigrantes que de países como Camboya, Indonesia o Iraq llegan a Nueva Zelanda. Cuando trato de concretar algunos detalles como un equipo de sonido en el que reproducir la música me dicen que no cuentan con ese tipo de tecnología y que mejor lo dejamos. No se me ocurría pedir un equipo de sonido para los espectáculos que he ofrecido en África porque allí la energía eléctrica es algo aún del futuro. Pero mi experiencia en estas lides me dice que si en un país de los del primer mundo no son capaces de dar con un equipo de sonido es que no están muy por la labor. Habiendo voluntad hay recursos. Así que de momento ese espectáculo tendrá que esperar a que haya más voluntad.
No se puede pedir a todo el mundo que sean como la gente de Riverton a donde llegué sin conocer a nadie y me fui dos días después con un montón de amigos en las alforjas. Tras preguntar en una tienda sobre algún lugar para dormir acabaron dirigiéndome a Sandra, una holandesa que tiene una tienda de productos de artesanía local y que hablaba español. Justo ese día era el primer aniversario de la tienda, lo que motivó que por allá andara también su amiga Doetie. Otra holandesa que hace sus pinitos de cómica actuando con su autocaravana por el país y con su marido como ingeniero de sonido (mal que le pese a éste). Fue cosa de cinco minutos de charla decidir que yo iría a dormir a casa de Doetie y que mañana presentaría mi proyecto en un club de antiguos militares en el que medio pueblo acudiría pues se celebraba una rifa. Alguién nos prestó un proyector, otro la pantalla, y con el marido de Doetie yo recorrí el pueblo poniendo carteles en cada tienda e invitando a la gente. Hasta algunos turistas que pasaron por el pueblo decidieron quedarse un día más para escuchar la charla y ver La Sonrisa del Nómada. Doetie amenizó la charla con una genial interpretación con su acordeón que hacía saltar sus piececitos envueltos en unos hermosos zapatos rojos. La noche la terminamos alrededor de una botella de vino brindando por nuestros sueños más profundos. Los que nos levantan cada mañana con la esperanza de alcanzarlos. Los que a fuerza de contarlos a nuestros amigos se van haciendo más grandes hasta que, un día, ocupan nuestra vida real y dejan de ser imaginaciones. Los sueños que solo son imposibles cuando dejamos de perseguirlos.
Paz y Bien el biciclown rumbo a los Catlines.
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Perdido en la belleza del Lago Mavora del norte
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El fuego siempre calienta el alma
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Mi último hijo!!!
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