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Wabi sabi es la revolución

Amo el sonido melancólico y aterciopelado del bandoneón, que el intérprete acomoda en sus piernas para modelarlo, como si de barro se tratara, con sus manos. El sonido parece no provenir del instrumento sino del corazón de quien lo sostiene. Al menos eso sentí cuando Miho San tocaba La Comparsita en Ueno. Miho es la esposa de Kurosawa, un amigo japonés con el que pedalee en el año 2.007 por el norte de Kenya y por Etiopía. Kuro regresó a su pueblecito a unos doscientos kilómetros al norte de Tokyo para ayudar a su familia con la pequeña tienda de comestibles. Le hubiera gustado haber podido continuar su viaje por el mundo, que ya se prolongaba por cuatro años, pero les había prometido a sus padres que en cuatro años volvería y…, si un japonés promete algo lo cumple. A su regreso conoció a Miho y se casaron. Ella proviene de una familia de músicos. Su hermana Aki toca el violín y también forma parte de un Gamelan tocando el metalófono.

Pasé unos días con Kuro y Miho en su pueblo de Ueno y disfruté escuchando el bandoneón. Además me reuní de nuevo con Salva, otro español que vive en la bici y lleva el Wabi Sabi en el corazón.
Wabi sabi es la revolución. Estos días de acampadas en España me gustaría recordar que la verdadera, y más duradera revolución, se gesta dentro de uno mismo. No necesita megáfonos, ni carteles, gritos, ni convocatorias. La naturaleza lleva siglos manifestándose en silencio. Wabi-Sabi es la belleza de las cosas imperfectas, mudables e incompletas. Es la belleza de las cosas sencillas, livianas y humildes. Pero tratar de atrapar el wabi sabi en palabras es como pretender ponerle puertas al campo. El aislamiento de un ermitaño o la belleza de enrejado de hierro oxidado por la acción combinada del agua y el sol pueden conducir a entender ese término, esencial para la cultura japonesa pero difícilmente traducible a palabras.
Mientras recorría Tokyo, ya de noche, para llegar a la casa de dos españoles que me alojaban (sin conocerme) me topé con un grupo de españoles en un céntrico parque de la ciudad que se hacían fotos y bebían cervezas sosteniendo unos carteles sobre democracia, revolution… Algunos de ellos se acercaron a saludarme. Como Óscar, que dice que me sigue hace tiempo por la web. Se juntaron para manifestarse en apoyo a la acampada de Sol (Madrid) y para tomar unas cervezas una calurosa tarde de sábado primaveral. O tal vez al revés.
Wabi sabi es un camino interior más ligado con la estética que con la palabra, un modo de vida que trasciende acampadas primaverales. Para ver por completo la montaña no hay que subirla, sino alejarse para tener perspectiva. De cerca todo aparece distorsionado.
Había asistido por la tarde a un concierto de Gamelan, la música casi hipnótica de Bali. Durante casi tres horas los metálicos sonidos de la orquesta se mezclaron con los dulces tonos de las flautas y con el ritmo de los tambores. Los intérpretes vestían las elegantes ropas que los balineses utilizan cuando visitan los templos. Hombres y mujeres adornaban con una delicada flor su pelo. Aquélla demostración musical y de danza era pacífica, organizada, colorida, y efectiva: llenaron de belleza el parque de Hanegi en Setagaya-Tokyo. Al final del espectáculo, en el que intervinieron 60 personas, una cajita iba recibiendo donativos para los afectados por el tsunami.
Gracias a Toshiba España y a Guillermo en Tokyo he reparado la pantalla del ordenador. Ahora puedo ponerme al día con el trabajo acumulado. Las revisiones de mi próximo libro, el guión de La Sonrisa del Nómada, los certificados con los clownfunders y la preparación del posible espectáculo en la zona del Tsunami. Llevo meses hablando de esto último pero sigue siendo difícil; ese espectáculo está oculto en algún lugar de Japón y debo hacerlo, aunque será algo provisional y efímero: algo tan sutil que resultará invisible para la mirada ordinaria. Y si no puede hacerse seguiré intentándolo en otro lugar. Cuando tu sueño acampa en tu corazón sólo muere contigo.

Desde las afueras de Tokyo, Paz y Bien, el biciclown.
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Lorenzo y Matsuko, me invitaron a un rico cafe.
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Hideaki y Jiro, padre e hijo, granjero y actor.

 

7 comentarios en “Wabi sabi es la revolución”

  1. alvaro el biciclown

    Le dedico muchas horas. Y estoy corrigiendo mi próximo libro, lo que me hace estar más alertas de cómo y qué palabras colocar en un texto.
    Gracias amigo.a

  2. Wabi Sabi NO trasciende las acampadas primaverales. Al contrario, es parte del esqueleto que las conforma…Como tu mismo dirías en uno de tus raptos inspirados: ten cuidado, puedes recorrer un millón de mundos pero siempre estarás haciéndolo tú y será por tanto, tu recorrido. !Ay¡ Alvaro que llevas mucho tiempo en los márgenes, no te deslices al abismo y amárrate bien a tu montura: la bici.

  3. «Cuando tu sueño acampa en tu corazón sólo muere contigo»
    es una frase preciosa.
    Hola Alvaro, es un placer poder leer tu experiencia de vida de vez en cuando. Me hace sentir libre.
    Gracias desde mi corazón.
    Un abrazo de lleno de energía y que disfrutes tanto como hasta ahora. Nosotros disfrutaremos contigo…TÚ ERES YO, YO SOY TÚ…TODOS ESTAMOS CONECTADOS…

  4. Fuser!!….me pongo al dia tio….sigo entre arepas y calores. Pronto viajo a Colombia y luego de regreso al Sur para una nueva temporada en Patagonia. Abrazos.

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